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Vicente Ulive

Vicente Ulive

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Latinos en París

Primero que todo, quisiera hacer una aclaratoria. Porque sinceramente, esto de latinos en París siempre suena a jolgorio por el exilio. Trae a la mente la imagen de los cubanos mayameros, orgullosos de haber salido de la isla, celebrando su partida del subdesarrollo con pollo frito en el patio, escuchando a Celia Cruz mientras el aceitico corre por sus labios y se dicen "¡libres al fin!". Ese no es mi caso, al menos. Lamentablemente, uno siente esa electricidad de balsero con los venezolanos que encuentra en todos lados.

El mito del salvaje sabrosón

—"¿Qué pasó, pana? ¿Y las francesas y tal? Seguro son todas unas diablas, segurito"., me pregunta y se auto-responde un amigo cuando vuelvo a Venezuela a contar mis experiencias. Personalmente, me siento como el explorador europeo que regresa de viaje, baja del barco y se encuentra a la muchedumbre ansiosa, muda, de ojos abiertos y casi llorosos, un mar de orejas que espera escuchar las grandes maravillas que hay allá, en las tierras descubiertas.

Réquiem para Hubert Selby Jr.

El 26 de abril de este año dejó de respirar Hubert Selby Jr., uno de los genios más menospreciados de la literatura americana. Probablemente sea Selby también el último de los verdaderos Beats, aquella generación pintada por Jack Kerouac a través de Dean Moriarty en "On the Road": un grupo de jóvenes implorando su libertad, en búsqueda de lo beatífico, paradójicamente condenados a una vida casi siempre horrorosa y nada envidiable. Jack Kerouac, muerto a los cuarenta y siete años de cirrosis, William Burroughs, adicto veinte años a la heroína y Hubert Selby Jr., condenado a morir desde los diez y ocho años.

Beastie Boys:To the 5 Boroughs

3 estrellasCuando vi a los Beastie Boys en vivo hace un mes en París (luego de luchar como un demente para comprar una de las solo mil entradas "exclusivas" para su concierto) terminé de convencerme de que los tiempos habían cambiado y que el sonido de los Beasties evolucionó. Esperaba escuchar esa fusión musical que tan famosos los había hecho, un sonido particular que sólo se puede relacionar con Nueva York, esa producción pesada y sucia de "Ill Communication" o los excelentes temas instrumentales de "Hello Nasty" ("Song for Junior", "I Don't Know").

No hay marcha en Madrid

Finalmente tocamos fondo. Ahí estaba yo, psicólogo graduado cuarto de la promoción de la U.C.V., estudiante del doctorando en Filosofía y escritor aficionado, y el Maiqui, A.K.A. Miguel Liendra, estudiante crónico de ingeniería desde hace diez años y aficionado a pequeños trabajos de supervivencia (mesonero, contrabandista de ropa desde Miami, ése tipo de cosas). En la acera de la calle madrileña, sin embargo, no estábamos solos en nuestra experiencia a la intemperie. A mi lado dormía una familia de la Europa del Este —Polonia o Lituania o qué sé yo— y el Maiqui estaba flanqueado por un borracho y otro perdedor homeless igual que nosotros, con la diferencia de que el pordiosero estaba solo y nosotros éramos dos.

París huele a queso

A veces, leyendo la Biblia, me he preguntado cuál es la maña de Dios de ser siempre tan hiperbólico. Las metáforas eclesiásticas tienen muchas implicaciones, algunas de ellas netamente literarias, puesto que se trata de un libro que pretende plasmar la voz del creador y no la compilación de recetas del maestro Scannone. En ciertas ocasiones tiendo a implicar más bien a los transcriptores, y veo a Dios diciendo algo como "vaya, escriban allí que va a venir la reventazón general", y los escribanos, que seguramente eran admiradores de la poética de Safo, decorando la cuestión con carrozas que bajan del cielo que arde y bla, bla, bla.

Historias de un arrabal parisino (parte I)

¡El apartamento queda a diez minutos caminando de Montmarte! —Me dijeron por teléfono.

-¿Montmartre? —Pregunté—. ¿Dónde vivían los poetas, los pintores, los escritores?

—Exactamente, te va a encantar...

Y fue así como desembarqué en París, para aprender el idioma y buscar cupo en algún postgrado de la Universidad. Resulta que la familia me había dicho: "o estudias, o trabajas" y ante la horrible idea de pararme temprano y tener que usar flux y hasta comer cereal, agarré mis macundales, unos cuantos libros y pensé, que carrizo, mejor me voy a París y vivo la vida Bohemia por allá a ver qué tal. Le mandé algo de plata a una amiga y conseguí tremendo apartaco tipo estudio, en pleno barrio Barbès.

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