Martes, 12 Noviembre 2019
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El problema colombiano

El presidente de los EE.UU. George W. Bush con el presidente de Colombia Álvaro Uribe el 22 de noviembre del 2004 en Cartagena, Colombia. El presidente de los EE.UU. George W. Bush con el presidente de Colombia Álvaro Uribe el 22 de noviembre del 2004 en Cartagena, Colombia. © Brooks Kraft/Corbis

Antes que todo quiero aclarar algo, no soy comunista, ni socialista, ni nada por el estilo. Pero no por esto justificaría el derramamiento de una sola gota de sangre en nombre del status quo, especialmente si el mismo está escrito entre comillas. Aclaro esto ya que en los últimos meses, la posición de la prensa venezolana con respecto al gobierno de Colombia ha hecho que la misma haya perdido el poco respeto que haya podido inspirar alguna vez.

Esta situación, en realidad, no me importaría en lo absoluto de no ser porque afecta a Venezuela de manera más directa que la que todos deberíamos desear. Y ahí sí me dan donde me duele.

Colombia ha estado en guerra civil prácticamente desde que Bolívar murió tratando de escapar de ella. Desde entonces millones de colombianos han desaparecido sin dejar rastro, gracias a una violencia que ha obligado a una gran parte de los ciudadanos de este país a convertirse en el grupo de exiliados más grande la historia de la humanidad. Algunos huyendo hacia el exterior, y otros hacia las profundidades de la selva Amazónica.

Sólo con estas generalidades podemos concluir que hay algo que no funciona en ese país. Y sus problemas, gústele a quien le guste están bien lejos de acabarse, porque lo que está mal es el soporte de su plataforma democrática.

En Colombia no existe la democracia, o para ser más exactos, esta es sálo aparente. No hay verdaderas opciones a la hora de castigar con un voto a alguien y la consecuencia de esto es el eterno ciclo de gobiernos cómplices. La impotencia de la población para romper este círculo vicioso, es la causa del resentimiento social, político y económico que ha generado la Guerrilla por un lado y los grupos paramilitares por otro.

Pero ¿qué país no tiene problemas?

Ahora, en Venezuela, el país con la democracia con más fuerte de toda América Latina, también tenemos problemas y estos son, a diferencia de como ha sido presentado últimamente en la prensa venezolana, diferentes que los de nuestro querido país hermano.

La prensa ha hecho todo lo posible y más para sacar del poder a Hugo Chávez. Lo cual es perfectamente entendible, ya que si un periódico es de la oposición, por qué va a publicar algo a favor de aquel contra el cual lucha?

Pero no por esto deberían perder el horizonte y llevar sus opiniones políticas hasta el punto en que, para hacerle dañó a quien se opone, deciden apoyar a un país extranjero en causas que no nos interesan y a las que mucho menos deberíamos aplicarles políticas que ese mismo país ha aplicado sin ningún éxito. Si Colombia tiene un problemas, debería resolverlo por sí misma.

Es inconcebible que El Nacional o El Universal dediquen editoriales criticando al gobierno venezolano basados en las críticas que este recibe en la prensa de nuestro vecino país, cuando estas críticas, son un signo de que las cosas se están haciendo bien. De que los intereses colombianos están siendo ignorados en favor de los nuestros.

Para ponerlo más claro aún, ni la guerrilla ni el narcotráfico son problemas nuestros. Nos afectan, cómo no, pero la forma en que nos entendamos con estas vicisitudes no pueden ni deben resueltas desde Bogotá.

A nosotros debería importarnos muy poco lo que la prensa en Colombia tenga que decir. Se quejan de la inestabilidad con el gobierno de Venezuela y su negativa a ceder a sus peticiones con un sí señor, que no sé de dánde sacaron la idea, nosotros debemos darles sin pensar. Cuando en los planes políticos a corto y largo plazo de la Nación, están, entre otras cosas, privarnos de parte de nuestro territorio.

Pero vayamos por partes.

El pueblo y el gobierno de Venezuela siempre han denigrado a sus Fuerzas Armadas. No hay un solo soldado en el país por el que se sienta el mínimo respeto y no hay ni una sola prerrogativa que se le de a esos hombres y mujeres que, por una razón u otra, han terminado siendo los defensores de nuestra soberanía. Soberanía que por cierto, debe ser defendida a toda costa.

Digo esto por que en la frontera con Colombia han muerto cualquier cantidad de soldados y oficiales venezolanos luchando contra un enemigo no sólo implacable, sino también invencible, y no ha sido sino hasta este gobierno, en el que se ha hecho algo para detener esta masacre. Colombia no es nuestro problema, y si el supuesto pacto de no agresión entre Hugo Chávez Frías y la guerrilla colombiana es cierto, y se ha salvado la vida de al menos un soldado venezolano, entonces bienvenido sea este pacto. Apoyemos a nuestros soldados y su derecho a que se tomen las medidas necesarias para protegerlos de cualquier enfrentamiento inútil.

Pero esto no es todo. Entrenar un soldado u oficial del Ejército, Armada, Aviación o Guardia Nacional no es ninguna ganga. Y mucho menos lo es mantenerlo haciendo guardia en la frontera 365 días al año, sólo porque nuestro vecino es incapaz de hacer lo mismo al otro lado de la frontera.

La oposición venezolana no se ha dado cuenta de esto pero ellos son, a la Guerrilla colombiana, lo que el ron en Venezuela es al tequila en México. Es decir, la misma miasma.

Que la guerrilla es de izquierda y la oposición en Venezuela es de derecha, es un detalle sin importancia. Porque si no lo es, entonces sería perfectamente válido que si algún día, como bien puede suceder, la guerrilla colombiana toma el poder en Colombia, eliminar cualquier trazo de competencia hasta que la misma no pueda vivir en otra parte sino en la selva bajo pena de fusilamiento sumario. En ese caso no habría lugar a quejas, ellos sufrieron la misma cosa, ¿o no?

El gobierno venezolano debería tomar todas las medidas necesarias para defender sus intereses, sin importarle mucho lo que a ningún otro país del planeta le parezca bien o mal. De hecho, debería hacer todo lo necesario, inclusive si esto afecta a alguno de estos países y este se queja. Guyana, tras apropiarse del Esequibo, poco a poco, y a pesar de todos los pactos firmados o las supuestas buenas intenciones, lo ha ido habitando y explotando. Ustedes creen que al gobierno de Georgetown le preocupa lo que piense u opine el gobierno de Venezuela. Le importa muy poco, y está en lo correcto. ¿Por qué debería importarle?

Y pueden apostar que no hay un solo periódico en todo Guyana que tan siquiera haya considerado publicar alguna pieza acusando al gobierno de usurpador del territorio extranjero o promotor de la guerra con Venezuela. El bien público de ese estado estaría bien definido si no lo hicieran, porque les guste o no el gobierno o quieran tumbar al Presidente, en ese aspecto, el Estado necesita todo el apoyo de sus ciudadanos. La acción es en beneficio de todos y en un mundo depredador como el nuestro, es demasiado peligroso ser el conejo de la historia. A la hora de manejar las relaciones internacionales de un país, la política debería ser, primero yo, segundo yo y por último...yo. Todos los países del planeta lo hacen y Venezuela no debería ser la excepción.

Los periódicos en Venezuela deberían ser más cautelosos a la hora de opinar en cuanto a las relaciones con Colombia. Colombia es un país donde los derechos humanos son violentados a diario no sólo por la Guerrilla, como se nos quiere hacer creer, sino por grupos paramilitares que apoyan al gobierno y por el gobierno mismo que anacrónicamente se ha enfrascado en una limpieza social que consiste en eliminar a los partidos políticos de oposición (recordemos a la Unión Patriótica). Lo cual debería hacer temblar a la oposición venezolana, ya que de colombianizarse el estado en Venezuela, todos deberían irse comprando carpas de campaña para cuando sean obligados a vivir en la Sierra de Coro.

Venezuela, no importa cuánto se nos quiera meter en la cabeza lo contrario, es una democracia, y desde mi punto de vista, esta más fuerte que nunca. Lo cual debería ser aprovechado para participar en el proceso democrático como se debe, con dignidad y respeto. Siendo sabia y paciente de la oportunidad que sin duda tendrá en el futuro.

Pero hacer uso de estrategias tan bajas como las de servir de voceros a otros estados es la razón por la que lo único que han logrado es no ser digna de ningún crédito.

Todos los países del mundo son aliados entre sí, y se deben mutuo respeto cómo no, pero estas condiciones sólo deben llegar hasta donde las mismas no nos afecten, y es preferiblemente tener guerrilleros durmiendo en este lado del Arauca que venezolanos enterrados en sus tierras.

Claro está, aclaro, que no quisiera jamás que Venezuela estuviera en un conflicto con Colombia. La paliza sólo sería comparable a las que por años nos ha dado en el fútbol. Especialmente desde que recibió el paquete de casi billón y medio de dólares de los Estados Unidos para adiestrar tropas y comprar armamento. Pero el gobierno de Bogota debe estar bien claro que no somos, ni vamos, a participar en su guerra. Que somos vecinos, pero hasta allí. Que nos importa muy poco si el gobierno de Colombia es Tirofijo o álvaro Uribe. Que si quieren algo de nosotros deberían empezar a ofrecer algo a cambio, como por ejemplo, olvidarse su ridícula reclamación sobre el Golfo de Venezuela.

Ya nosotros tenemos bastantes problemas como para además echarnos el de otro encima.

Y Colombia no está actuando equivocadamente. Colombia está luchando por sus intereses. A Colombia le conviene agarrarse el Golfo de Venezuela. A Colombia le conviene que sus masas pobres escapen hacia nuestro territorio. A Colombia le conviene que nosotros les matemos guerrilleros en su nombre. El gobierno de Colombia sólo esta haciendo lo que debe hacer. Está haciendo un excelente trabajo. El problema está de este lado del río. Venezuela debe hacer su trabajo también y velar por sus intereses, que no por casualidad, son simplemente opuestos los de nuestro vecino.

Así que si queremos a Venezuela, como nos llenamos la boca cada vez que tenemos una hoja de papel o una cámara de televisión en frente, empecemos por ignorar a la prensa colombiana ya que su opinión no representa para nada lo que es bueno para Venezuela.

Para los que tengan alguna duda ¿sabían ustedes que el primer diario de Colombia, El Tiempo de Bogota, es propiedad del poderoso clan de los Santos, del cual es miembro Francisco Santos Calderón, el Vicepresidente actual de Colombia?. ¿Creen que hay alguna opinión que pueda salir de este periódico que no refleje los intereses del estado colombiano?

Imaginemos lo siguiente: Venezuela y Colombia van a un diferendo internacional sobre el Golfo de Venezuela, lo cual Colombia ha buscado desde hace décadas. A favor de quién creen ustedes que el panel decidirá, a favor del país aliado de los Estados Unidos en la guerra contra el narcotráfico y la guerrilla comunista o a favor de Venezuela y su gobierno pintado de fascista por sus mismos medios de prensa?

Por favor, le estamos haciendo el trabajo a los colombianos y es hora de parar. Los intereses de Venezuela están muy por encima de cualquier rivalidad política, porque cuando Chávez se vaya, si es que se va, el mal ya estará hecho. Nuestro país no tendrá ninguna credibilidad y no será precisamente gracias a su presidencia, sino por culpa de nosotros mismos.

Y por último y antes de que se me olvide. ¿Alguien se ha detenido a pensar en nuestros soldados? ¿Sabían que ellos entrenan con monigotes vestidos de amarillo grueso azul y rojo para defendernos de nuestros hermanos vecinos en caso de conflicto? La confusión debe ser terrible. Sólo esperemos que sepan reconocer el bando correcto el día que los necesitemos.

Modificado por última vez enJueves, 22 Marzo 2012 13:40