Miércoles, 18 Septiembre 2019
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Vicente Ulive

Vicente Ulive

[English] About Vicente: http://www.ghettoparisien.com/blog/about-the-author/ [Français] Sur l'auteur : http://www.ghettoparisien.com/blog/about/ URL del sitio web: http://www.facebook.com/ulive

El mito del salvaje sabrosón

—"¿Qué pasó, pana? ¿Y las francesas y tal? Seguro son todas unas diablas, segurito"., me pregunta y se auto-responde un amigo cuando vuelvo a Venezuela a contar mis experiencias. Personalmente, me siento como el explorador europeo que regresa de viaje, baja del barco y se encuentra a la muchedumbre ansiosa, muda, de ojos abiertos y casi llorosos, un mar de orejas que espera escuchar las grandes maravillas que hay allá, en las tierras descubiertas.

Réquiem para Hubert Selby Jr.

El 26 de abril de este año dejó de respirar Hubert Selby Jr., uno de los genios más menospreciados de la literatura americana. Probablemente sea Selby también el último de los verdaderos Beats, aquella generación pintada por Jack Kerouac a través de Dean Moriarty en "On the Road": un grupo de jóvenes implorando su libertad, en búsqueda de lo beatífico, paradójicamente condenados a una vida casi siempre horrorosa y nada envidiable. Jack Kerouac, muerto a los cuarenta y siete años de cirrosis, William Burroughs, adicto veinte años a la heroína y Hubert Selby Jr., condenado a morir desde los diez y ocho años.

  • Publicado en Música

Beastie Boys:To the 5 Boroughs

3 estrellasCuando vi a los Beastie Boys en vivo hace un mes en París (luego de luchar como un demente para comprar una de las solo mil entradas "exclusivas" para su concierto) terminé de convencerme de que los tiempos habían cambiado y que el sonido de los Beasties evolucionó. Esperaba escuchar esa fusión musical que tan famosos los había hecho, un sonido particular que sólo se puede relacionar con Nueva York, esa producción pesada y sucia de "Ill Communication" o los excelentes temas instrumentales de "Hello Nasty" ("Song for Junior", "I Don't Know").

No hay marcha en Madrid

Finalmente tocamos fondo. Ahí estaba yo, psicólogo graduado cuarto de la promoción de la U.C.V., estudiante del doctorando en Filosofía y escritor aficionado, y el Maiqui, A.K.A. Miguel Liendra, estudiante crónico de ingeniería desde hace diez años y aficionado a pequeños trabajos de supervivencia (mesonero, contrabandista de ropa desde Miami, ése tipo de cosas). En la acera de la calle madrileña, sin embargo, no estábamos solos en nuestra experiencia a la intemperie. A mi lado dormía una familia de la Europa del Este —Polonia o Lituania o qué sé yo— y el Maiqui estaba flanqueado por un borracho y otro perdedor homeless igual que nosotros, con la diferencia de que el pordiosero estaba solo y nosotros éramos dos.

París huele a queso

A veces, leyendo la Biblia, me he preguntado cuál es la maña de Dios de ser siempre tan hiperbólico. Las metáforas eclesiásticas tienen muchas implicaciones, algunas de ellas netamente literarias, puesto que se trata de un libro que pretende plasmar la voz del creador y no la compilación de recetas del maestro Scannone. En ciertas ocasiones tiendo a implicar más bien a los transcriptores, y veo a Dios diciendo algo como "vaya, escriban allí que va a venir la reventazón general", y los escribanos, que seguramente eran admiradores de la poética de Safo, decorando la cuestión con carrozas que bajan del cielo que arde y bla, bla, bla.

¿Cuál es la bulla de "El código de Da Vinci"?

"El Código de Da Vinci", no está mal escrito. Al contrario, está muy bien escrito, en el mismo sentido en el que un manual de cocina puede estar bien escrito. Pero nadie diría que el maestro Scannone merece un Pulitzer o un premio Pen/Faulkner.

Historias de un arrabal parisino (parte I)

¡El apartamento queda a diez minutos caminando de Montmarte! —Me dijeron por teléfono.

-¿Montmartre? —Pregunté—. ¿Dónde vivían los poetas, los pintores, los escritores?

—Exactamente, te va a encantar...

Y fue así como desembarqué en París, para aprender el idioma y buscar cupo en algún postgrado de la Universidad. Resulta que la familia me había dicho: "o estudias, o trabajas" y ante la horrible idea de pararme temprano y tener que usar flux y hasta comer cereal, agarré mis macundales, unos cuantos libros y pensé, que carrizo, mejor me voy a París y vivo la vida Bohemia por allá a ver qué tal. Le mandé algo de plata a una amiga y conseguí tremendo apartaco tipo estudio, en pleno barrio Barbès.

  • Publicado en Cine

¿A dónde va el cine francés?

Pasada más de la mitad del año, el cine francés del 2004 presenta unos resultados por lo mínimo embarazosos: desde un punto de vista taquillero, se amontonan los fracasos colosales ("Atomic Circus", "Nos amis les flics", "RRRrrr!" —Todas superproducciones que se las llevó el viento), y desde un punto de vista crítico, la mitigada respuesta de un país conocido por aupar las peores mamarrachadas Made in France reposa sobre la sequía francesa en Cannes y en prácticamente cualquier festival al que se vaya. Cabe hacerse la pregunta: ¿A dónde va el cine francés?, o más bien, dónde diablos está, ya que algo inexistente no puede ir a ningún lado.

¿La playa de París?

"...y no deje de disfrutar de la playa de París!" —decía el afiche en uno de los muros del Metro, seguido de una foto que explicaba lo que los europeos entienden por playa: un gran toldo en primer plano, seguido de un arenero espantoso y luego un mar tan colorado que parece azul de metileno. Sin embargo, algunos días después acepté la invitación de unos amigos venezolanos a hacer un picnic en "la playa", decidido de una vez por todas a conocer la cuestión, ya que en mi cabeza una playa en el medio de París, al lado de la iglesia de Notre Dame, es más o menos lo mismo que poner una pista de patinaje sobre hielo en la fuente de la Plaza Venezuela.

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