Jueves, 14 Noviembre 2019
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La Vergüenza

La Vergüenza © Mark Shaver/Images.com/Corbis

La vergüenza está en estrecha relación con la conciencia, un hombre sin conciencia estaría desconectado de cualquier turbación que pueda producir una acción o indicación a él atribuible, simplemente no lo afecta, no existe esa voz interna que le reclame, que constantemente le llame a la meditación y le indique el camino de la corrección, a la vez que le coloque el espejo del alma, desde donde se pueda ver de otro ángulo y sea capaz de constatar las consecuencias de sus acciones sobre las demás personas.

Podemos atribuirle la vergüenza a una consecuencia de la razón y de la conciencia, la conciencia nos examina a cada instante y nos recrimina las acciones equivocadas, indicándonos las correcciones que a nuestros actos debemos hacer. La vergüenza es el primer freno que pone la conciencia a las acciones equivocadas del hombre. Cuando no hay vergüenza es porque la conciencia no funciona y si la conciencia no funciona caemos en el campo de la irracionalidad, campo de los animales que sólo actúan por instinto.

Cuando veo a través de los medios de comunicación algunas personas, que en otrora se consideraban hombres de vanguardia de nuestra sociedad, tomar posiciones que contradicen con la realidad palpable, por defender una determinada causa, decimos que sentimos pena ajena y nos encontramos de repente con la realidad de que simplemente esa persona nos había engañado durante mucho tiempo, como ahora engaña a otros ciudadanos que creen en sus palabras como antes lo hacíamos nosotros. Entonces comprendemos que son unos desvergonzados y unos inconscientes, que no tienen convicciones, que se venden al mejor postor como simples mercenarios.

Aquel que comete un error y siente vergüenza, es porque está oyendo los dictámenes de la conciencia y estará dispuesto a rectificar en la primera oportunidad que pueda, es digno de ser perdonado. Aquel que actúa con conocimiento de causa sin importarle las consecuencias de sus actos no merece el perdón de la ciudadanía, ni aún de su familia.

Quiero hacer un llamado a todos hombres públicos y en especial a los hombres de uniforme, para que no se separen de su conciencia y de su racionalidad, por defender lo indefendible o justificar lo injustificable. La democracia es un constante debate, ya habrán nuevas tribunas para exponerle a los ciudadanos las razones que nos impulsan y el camino que consideramos debe seguirse, pero concientes de que es la voluntad popular la que al final decida. Las minorías de hoy pueden ser las mayorías de mañana, por esto la verdad es la mejor consejera, el engaño es transitorio, ave de paso, nube pasajera.

La vergüenza es la primera defensa de la racionalidad, al aparecer en una persona es porque su conciencia está defendiendo la verdad, nos está señalando y sometiéndonos a la befa de nuestro yo interno. Si no aparece la vergüenza es porque o somos inconscientes o no tenemos suficiente conocimientos para reflexionar y simplemente creemos en lo que hacemos como lo correcto y lo justo, y muchas veces podríamos estar equivocados y no seríamos capaces de corregir.

Cuando una persona asume el papel de líder, debe tener una profunda preparación humanística, que le proporcione una extraordinaria capacidad de discernimiento, para poder seleccionar las mejores decisiones, las de mayor beneficio para la mayoría, las más justas, aquellas que cubran las expectativas de la sociedad como conglomerado, sin beneficiar algún sector en particular.

Modificado por última vez enJueves, 22 Marzo 2012 10:59