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Hasta que el Barça no marca el gol de la victoria Destacado

A la hora de escribir, uno de los errores más habituales (y molestos, aunque el autor no se percate de ello) es comunicar lo contrario de lo que se pretende. El asunto se agrava cuando toda la sociedad al completo—salvo honrosas excepciones—se expresa erróneamente, dando así involuntaria legitimidad al gazapo lingüístico.

Cómo sobrevivir con 36.000 dolares al año Destacado

Sobrevivir nunca ha sido fácil. Menos si se trabaja en el mundo literario. Por eso libros como el que hoy presentamos tienen un interés muy concreto. Más si cabe cuando se trata de uno de los autores más reconocidos de toda una generación de lectores que crecimos con Hemingway, Dos Passos, etc. Y, a pesar de que su mujer nunca nos cayó bien, [quizá por influencia de otros escritores malignos], siempre admiramos El Gran Gatsby.

Escribir ficción: tener talento no es suficiente Destacado

Todo el mundo sabe que los escritores no necesitan ningún manual de escritura. Es más, no necesitan saber escribir para publicar. Y eso les hace sentir muy seguros de sí mismos, como si esta profesión tan compleja sólo requisiera de una inspiración [a poder ser divina] que le fuera soplando a la oreja.

Me voy a comer a un chino Destacado

Una de mis batallas más habituales, tanto en los talleres literarios como en la corrección de manuscritos, es hacer entender al alumno o al autor que el lenguaje oral y el lenguaje escrito no son la misma cosa, y que hay que estar vigilantes para que el primero no contamine al segundo. No conviene abusar del lenguaje coloquial, a no ser que haya una buena justificación; por ejemplo: que sea un personaje de determinado estrato social quien haga uso de esos coloquialismos. Es un recurso muy usado dibujar al personaje mediante su manera de expresarse, y si el personaje tiende a hacerlo en esos términos, ¿por qué no reproducir la literalidad de sus palabras, aunque sean malsonantes?

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