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Sobre la novela negra cubana

La novela negra refleja auténticamente la situación actual de Cuba. Tiene varios exponentes, con la característica de que residen en Cuba, o Cuba reside en ellos como nos lo hacen entender. El mismo estado cubano se encargó en algún momento de publicarlos, situación interesante, pues estas obras no son exactamente oficialistas.

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Crónicas desde mi inxilio

Comienzo estas líneas invitando al futuro lector de estas crónicas para que me acompañe a meditar sobre la palabra que le da título a mi columna. En la que intento acercarme a la etimología imposible de un vocablo completamente inventado, en esa sonora soledad donde todo creador es como una suerte de Penélope, condenado a hilvanar y deshilvanar infinitamente su propio lenguaje, del mismo modo que la reina de Ítaca, según nos cuenta La Odisea, lo hacía cada noche con su tela mientras escrutaba con incertidumbre el oscuro horizonte mediterráneo.

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El nuevo evangelio de San Umberto

"Vaya, tenemos que leer otro de los evangelios de San Umberto" solía decir mi amigo y condiscípulo Iván al descubrir el inevitable libro de Umberto Eco en la bibliografía obligatoria de alguna de las asignaturas de Ciencias de la Información, la carrera que ambos cursábamos en la Universidad Autónoma de Barcelona.

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"Este triste tiempo de putas" que nos ha tocado vivir. La última de García Márquez

Existe en nuestra civilización de Occidente algo que se llama tradición literaria. Que involucra en nuestras sociedades al autor de libros y al lector en un recíproco juego formal previamente convenido, el cual es quien habilita para los dos la posibilidad misma de la existencia de la literatura. La literatura entendida como el inevitable marco formal para una doble posibilidad del todo indisoluble: los consabidos actos de escritura y de lectura. Ambos momentos deben ajustarse a un previo acuerdo. Al respeto mutuo a un código originalmente arbitrario, más legitimado por el peso de la tradición. Sin ese pacto, que es sin duda social, la literatura, ni ninguna de las otras formas del arte, sería concebible.

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  • Publicado en Inxilios

La ciudad del hombre: en el centenario del nacimiento de Neruda

AMÉRICA, no invoco tu nombre en vano.

Cuando sujeto al corazón la espada,

cuando aguanto en el alma la gotera,

cuando por las ventanas

un nuevo día tuyo me penetra,

soy y estoy en la luz que me produce,

vivo en la sombra que me determina,

duermo y despierto en tu esencial aurora:

dulce como las uvas, y terrible,

conductor del azúcar y el castigo,

empapado en esperma de tu especie,

amamantado en sangre de tu herencia.

Pablo Neruda

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Contrastes y relieves de Rosario o de cómo se piensa "Sólo Español"

El Congreso de la Lengua Española que tuvo lugar hace unos días en Rosario, Argentina, dejó mucho de qué hablar. En él se reunieron especialistas de todo el mundo; hubo figuras notables, panelistas expertos, importantes filólogos y talentosos escritores. Siguiendo la crónica de lo sucedido tenemos que además del congreso "puente" -al que nos referimos antes y que llamaron Congreso de LaS lenguaS-, el consagrado a la española, el que tuvo como tema "identidad lingüística y globalización", culminó con dos actos por demás encomiables: el refrescante relevo que hizo Roberto Fontanarrosa al reemplazar a alguien que se enfermó y el honroso homenaje que le dieron a Ernesto Sábato.

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Morgan Robertson: el profeta olvidado

En 1898 un palacio flotante zarpó desde Southhampton para cruzar el Atlántico. Era el crucero más grande y lujoso jamás construido, y sus pasajeros eran los más distinguidos miembros de la burguesía mundial. Era descrito como inundible, pero estaba destinado a nunca alcanzar su destino: el casco sería abierto por un iceberg y se hundiría dejando apenas unos cuantos sobrevivientes. El crucero existía sólo en papel, en la imaginación del novelista Morgan Robertson. El nombre que le había dado a su barco ficticio: Titán. El título del libro era: Futilidad.

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Réquiem para Hubert Selby Jr.

El 26 de abril de este año dejó de respirar Hubert Selby Jr., uno de los genios más menospreciados de la literatura americana. Probablemente sea Selby también el último de los verdaderos Beats, aquella generación pintada por Jack Kerouac a través de Dean Moriarty en "On the Road": un grupo de jóvenes implorando su libertad, en búsqueda de lo beatífico, paradójicamente condenados a una vida casi siempre horrorosa y nada envidiable. Jack Kerouac, muerto a los cuarenta y siete años de cirrosis, William Burroughs, adicto veinte años a la heroína y Hubert Selby Jr., condenado a morir desde los diez y ocho años.

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