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Esos minutos que son tan breves Destacado

Considero que sin precisión no se puede escribir bien, y es esa falta de precisión la que domina muchas veces el lenguaje escrito (y también el televisivo), tantas veces contaminados por los vicios de la oralidad cotidiana. ¿Pero hasta adónde hay que llevar esa precisión? Lo diré: hasta sus últimas consecuencias.

"Joseph Anton" de Salman Rushdie Destacado

Siempre he tenido debilidad por los diarios y por las memorias. También por las biografías. Y desde hace mucho he pensado que este tipo de literatura está muy bien para acercarse a los autores, a sus vidas, a la forma de encarar su profesión literaria. Eso sí, siempre con prudencia, conocedor de la necesidad de cada persona de ofrecer la mejor cara de sí mismo, de redimirse e, incluso, de vengarse.

Entrevista a Gonzalo Garrido, autor de “Las Flores de Baudelaire”: “La industria editorial está en franco retroceso” Destacado

Bilbao, 1917: la hija de un rico industrial aparece brutalmente asesinada. Un detective aficionado, un fotógrafo de prensa que por su trabajo trata a veces con la policía, será el que tire del hilo de una trama donde se entrecruzan, entre otras urdimbres, las de la codicia y las que se tejen en los rincones más oscuros de la alta y la baja sociedad bilbaína de la época; un hilo que, cual Ariadna, le llevará a un desenlace inesperado, por decir poco. Como telón de fondo, la I Guerra Mundial vista desde la España neutral de la época, y en especial desde un Bilbao donde la alta burguesía industrial se enriquecía a toda velocidad vendiendo a ambos bandos contendientes metales para fabricar armas. Este es, grosso modo, el argumento de la primera novela de Gonzalo Garrido (Bilbao, 1963), un activo bloguero que inicia así su carrera literaria, pues hasta ahora ejercía de consultor de comunicación. Y sigue ejerciendo, pues lo de vivir de escribir novelas no es tarea fácil; aunque la primera haya sido un inesperado éxito de ventas, como es el caso.

Shigurui: la katana que cortó mi himen Destacado

Yo llegué virgen al mundo de la manga. Y cuando hablo de manga, no me refiero a esa versión voluptuosa de mango que se da en el trópico bajo la envoltura de una piel que oscila entre los amarillos y los rojos, sino a la versión japonesa de lo que conocemos como historieta (en español) o cómic (en inglés). Bien sea por falta de acceso a la información (mi generación no creció con Internet y lo más cerca que tuvo de Google fue "El Libro Gordo de Petete"), bien por un prejuicio estúpido que categorizaba (y aún categoriza en algunos círculos) a este tipo de literatura seriada como mero pasatiempo o escritura menor, yo descubrí el mundo de la manga recientemente. 

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