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Más católico que el Papa

Preguntarle a un niño qué quiere ser cuando sea grande, es recibir la selección más variada de oficios que —por alguna razón— le llaman la atención. Vaquero solía ser una popular cuando yo era niño. También astronauta y presidente. Y nunca faltaba el que quería ser soldado. Las niñas siempre se iban por Miss o doctora. La preferencias eran de alguna manera heróicas o prestigiosas. Y no tengo duda de por qué. Durante el cumpleaños de un compañerito de escuela a un amigo se le ocurrió decir que él quería ser chofer de autobus y el cachetón de la mamá lo convirtió en el ingeniero que es hoy en día.

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Leni: La madre de los dioses

Uno de los grandes éxitos del gobierno nazi bajo el mando de Adolfo Hitler, fue el saber cómo hacerle llegar su mensaje pueblo. El logro de los nazis fue unir a todo el país bajo una misma bandera en una misión que, aunque horrorosa, no por eso deja de fascinar históricamente debido a la perfección mecánica con la que fue llevada a cabo. Para esto, Hitler utilizó una campaña publicitaria como la que jamás se ha visto de nuevo, y su colaboradora fue una ex-actriz convertida en directora de cine llamada Leni Riefenstahl.

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La América Española

Si Simón Bolívar no hubiese sido el protagonista de una serie de hechos infortunados, la historia latinoamericana hubiese sido otra. A su nacimiento nadie hubiese imaginado otro destino para el cuarto hijo de los Bolívar, que el perderse en el tiempo tras una vida cómoda y sin preocupaciones. Pero como si el destino le llamara con perseverancia, las correcciones a su camino vinieron una y otra vez. La última de ellas, con la muerte de su esposa apenas meses después del matrimonio.

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Morgan Robertson: el profeta olvidado

En 1898 un palacio flotante zarpó desde Southhampton para cruzar el Atlántico. Era el crucero más grande y lujoso jamás construido, y sus pasajeros eran los más distinguidos miembros de la burguesía mundial. Era descrito como inundible, pero estaba destinado a nunca alcanzar su destino: el casco sería abierto por un iceberg y se hundiría dejando apenas unos cuantos sobrevivientes. El crucero existía sólo en papel, en la imaginación del novelista Morgan Robertson. El nombre que le había dado a su barco ficticio: Titán. El título del libro era: Futilidad.

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