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Los Roques mon amour

Son las 6:14 AM y ya me estoy bajando de un taxi. Hoy me van a sacar las amígdalas y siento esa morbosa emoción predesvirgante del que jamás ha estado en un quirofano. A las 11 AM me van a operar. Cuando despierte de la anestesia, seguro que me sentiré extraña. Además, hoy cumplo 30 años. Mi familia se enferma tanto, que en la Clínica Santiago de León -nuestro sanatorio preferido- las enfermeras nos preguntan si somos accionistas. Pero mi Seguro Médico no fue aceptado en tan digno centro hospitalario, y me mandaron para una clínica que desde afuera parece más bien un Parasistema.

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La cucaracha

Como toda mujercita que se precie de serlo, yo me cuaimatizo, necesito mis piropos en la calle y no soporto ni ver a una cucaracha. Y aunque Bayer diga lo contrario, la histeria por los "bichos" es totalmente es aprendida. Yo ya estaba encaminada a ser una mujer sobresaliente, como esas abuelas gallegas que las matan con la mano, pero un pequeño desliz conductista de mi padre, acabó con cualquier esperanza de ser una mujer evolucionada.

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Dos gardenias para mí

A pesar de todo lo provocativa que resulta la idea de pasar los despechos cual madre de "Pato Aparato" —sin bañarse, envuelta en una bata azul y comiendo chocolates—, eso de extender las tristezas circunstanciales resulta bastante absurdo luego de un par de buenas pensadas. Escritas; porque el tiempo está cerca. Además, ¿quién puede estar despechado por mucho tiempo en el Trópico? Hace demasiado calor y el sol está brillando los 365 días del año sobre un cielo escandalosamente azul.

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¿Mujer o mujercita?

A mis tiernos 9 años, era yo una cosita de 1.20 m y unos 30 kilos. No había tía que se resistiera a mis cachetes y jugar a las muñecas con mis primas me dejó de parecer divertido, cuando la ropa del Bebé Querido me continuó sirviendo un año tras otro. En medio de este derrame de cuchura, el germen de la ironía empezó a formarse, tal vez como anticuerpo ante tanta miseria humana. Mi pobre madre, experta en la costura desde niña, pasaba sus momentos de ocio, ante su máquina, vistiéndome con cuanto modelito había, para hacer de su hijita la más bella de la piñata y del salón.

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