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Noche quijotesca

Hace unas noches me encontraba deambulando melancólico, solitario y con una pequeña carga etílica en una zona poco iluminada de Washington, DC. En una esquina se encontraba estratégicamente una bella mujer con mini de cuero, botas hasta la rodilla y larga melena negra, bajo un faro de tenue luz. Cuando me tocó pasar junto a ella se me ocurrió la loca idea de gritarle "¡esa mamita, yo te conocí en Caracas!"

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Decepciones

Siendo un niño de diez años, mi padre me hizo un regalo muy especial: un flamante juego de química. Era una inmensa caja con decenas de frasquitos llenos de coloridos compuestos y etiquetados con llamativas fórmulas, exóticas botellitas, paletas, tubitos, etc. Yo temblaba de emoción, mi corazón latía violentamente mientras me regocijaba viendo y tocando cada frasquito de mi adorado regalo.

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El insidioso

Una de las mayores entretenciones que teníamos mis amigos de infancia y yo, en época de vacaciones, era ir al famoso cine "Ayacucho", ubicado en la ardiente tierra cumanesa. La programación oscilaba entre las películas "chinas" y las "pornos". Estas últimas eran nuestras favoritas, dada nuestra corta edad y sobre todo por que no era muy difícil "engañar" al portero simulando mayoría de edad a los trece años.

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