Jueves, 17 Octubre 2019
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Jorge Ovalle

Jorge Ovalle

Jorge Ovalle nació en Chile y "viajó" a Venezuela a los trece años con un one way ticket cortesía de Mr. Pinochet. Como en Cumana no hay mucho que hacer, se graduó en Física en la Universidad de Oriente, y más tarde obtuvo un M.Sc. en la Universidad Central de Venezuela y un doctorado en la Universidad Simón Bolívar. Para que vean que a veces el ocio, sí paga.

Desde mayo del 2001 trabaja como investigador con el Grupo Teórico de Partículas Elementales de la Universidad de Maryland, en el área de investigación en Supercuerdas, Súper gravedad y Astrofísica Teórica Las Supercuerdas que acaban de leer, por cierto, no son las que todos nos estamos imaginando.

Escribió artículos de opinión y política en periódicos universitarios, panfletos de la JC (ya vemos de dónde viene el one way ticket) y la FCU (UDO). Alguna vez publicó en El Nacional en la sección de Nuevas Firmas y actualmente termina dos libros: un monólogo y un poemario. Como vemos en Maryland tampoco hay mucho que hacer...

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El viejo Giovanni

¿Alguna vez te han contado una gran historia? Y no me refiero a una buena historia de esas que seguro hemos disfrutado cientos de veces a través de libros, cine, teatro o televisión. Me refiero al sencillo acto de estar sentado frente a un individuo que, conociendo la fuerza de su discurso, logra entregarse completamente y transmitir de manera casi hipnótica todo el esplendor de algún acontecimiento, el cual por muy sencillo que haya sido, se transforma en extraordinario dada la pasión y entrega de su oratoria.

Estación de todos

La cálida brisa de una hermosa noche de verano me acariciaba suavemente el rostro, haciendo que el cansancio por los excesos cometidos se multiplicara hasta conducirme casi al desmayo. Antes que esto ocurriera preparé una improvisada cama en un incómodo rincón de la estación de trenes. Cargaba unas pocas liras, un morral lleno de ropa mal oliente y los vestigios de lo que fuera un valioso cuaderno de apuntes, celosamente cuidado hasta aquella noche, en la cual la mezcla de tinta con licor derramado finalmente hicieron de sus hojas un extraño y encantador mosaico, tan fascinante a mis ojos que me era imposible desecharlo.

Miserable exorcismo

Goyo era un gran tipo. Y cómo pensar lo contrario si era él quien me rescataba casi a diario de cuanto problema me ganaba en mi nuevo hogar. Yo era un chiquillo recién llegado del extremo sur, de ese rincón del planeta en donde el blanco y crudo invierno no duraba menos de cinco meses, y en donde el Sol cuando salía parecía hacerlo sólo para burlarse de la gente. Lo conocí en un peligroso barrio a orillas de una contaminada playa del oriente venezolano.

De Varsovia con dolor

Nunca fui muy aficionado a los chat de Internet, hasta que un día encontré a mis compañeros asiáticos de la universidad, verdaderos expertos en piratería cibernética, disfrutar de las más apasionadas escenas de amor protagonizadas por una hermosa pareja de lesbianas ¡Hasta podíamos hablar con ellas! ¡Y todo gratis!

Noche quijotesca

Hace unas noches me encontraba deambulando melancólico, solitario y con una pequeña carga etílica en una zona poco iluminada de Washington, DC. En una esquina se encontraba estratégicamente una bella mujer con mini de cuero, botas hasta la rodilla y larga melena negra, bajo un faro de tenue luz. Cuando me tocó pasar junto a ella se me ocurrió la loca idea de gritarle "¡esa mamita, yo te conocí en Caracas!"

El insidioso

Una de las mayores entretenciones que teníamos mis amigos de infancia y yo, en época de vacaciones, era ir al famoso cine "Ayacucho", ubicado en la ardiente tierra cumanesa. La programación oscilaba entre las películas "chinas" y las "pornos". Estas últimas eran nuestras favoritas, dada nuestra corta edad y sobre todo por que no era muy difícil "engañar" al portero simulando mayoría de edad a los trece años.

Decepciones

Siendo un niño de diez años, mi padre me hizo un regalo muy especial: un flamante juego de química. Era una inmensa caja con decenas de frasquitos llenos de coloridos compuestos y etiquetados con llamativas fórmulas, exóticas botellitas, paletas, tubitos, etc. Yo temblaba de emoción, mi corazón latía violentamente mientras me regocijaba viendo y tocando cada frasquito de mi adorado regalo.

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