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Vicente Forte Sillié

Vicente Forte Sillié

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Shigurui: la katana que cortó mi himen

Yo llegué virgen al mundo de la manga. Y cuando hablo de manga, no me refiero a esa versión voluptuosa de mango que se da en el trópico bajo la envoltura de una piel que oscila entre los amarillos y los rojos, sino a la versión japonesa de lo que conocemos como historieta (en español) o cómic (en inglés). Bien sea por falta de acceso a la información (mi generación no creció con Internet y lo más cerca que tuvo de Google fue "El Libro Gordo de Petete"), bien por un prejuicio estúpido que categorizaba (y aún categoriza en algunos círculos) a este tipo de literatura seriada como mero pasatiempo o escritura menor, yo descubrí el mundo de la manga recientemente. 

Hollywood es el lobo: ¿lobo estás?

Busco sobre "The Grey" y me entero que costó 25 millones de dólares e involuntariamente me pongo a pensar que en esta película, el peor de los lobos, es Hollywood. Las bestias grises y enormes que persiguen a este grupo de hombres que han quedado a la buena de Dios en Alaska, luego de un accidente aéreo, son animalitos peludos e inquietos comparados a esta inmensa fábrica de "entretenimiento". Bien por su manera de crear películas insulsas en serie cuyo objetivo no es otro que distraer a un espectador que no quiere pensar, mantenerlo dormido, pendejo y sumiso; bien por su facilidad de meter en un carril de hierro a creadores, guionistas y directores para que se amolden a la creación de proyectos inocuos, repetidos y cursis, Hollywood se ha hecho un enemigo de la idea del cine como expresión artística, como herramienta de pensamiento. Hollywood es un lobo hambriento de dinero y tiene los colmillos bien afilados.

A Batman le bajaron el sueldo

Traté de convencerme que ya se había escrito todo sobre "Batman: El Caballero de la Noche Asciende", la última de Nolan. Y es muy posible que así sea (aquí ya se ha publicado una reseña de la película). El cierre de la trilogía, aunado a la infeliz masacre de Aurora, fue cubierto a fondo por medios de comunicación, críticos, blogueros, foros, tuiteros y toda esa fauna que vive y respira la superrealidad de las redes sociales. Con eso en mente, renuncié a ser una redundancia, me resigné a leer todo lo que me pareció interesante, escribí un cuento en el que intenté coquetear con la dicotomía del superhéroe (rechazado, por cierto, por el quisquilloso editor de esta publicación pero publicado aquí) y retomé mis ciclos de nuevo cine europeo en DVD. Pero entonces vinieron las llamadas.

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