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El caso Galíndez

Rafael Trujillo saluda al vicepresidente de los EE.UU. Richard Nixon durante una visita a República Dominicana el 1 de marzo de 1955. Rafael Trujillo saluda al vicepresidente de los EE.UU. Richard Nixon durante una visita a República Dominicana el 1 de marzo de 1955.

El 12 de marzo de 1956, Jesús de Galíndez, un profesor de Español y Gobierno en la Universidad Columbia en Nueva York, dio un seminario en Hamilton Hall acerca de los gobiernos de Latinoamérica. A las 10 p.m., entró en la estación del tren de la calle 57 con 8va Avenida. Jamás nadie volvió a verlo u oírlo otra vez.

Como Galíndez era un hombre soltero de hábitos irregulares, su desaparición pasó desapercibida por varios días. La policía encontró su apartamento en completo orden. Los investigadores no encontraron signos de violencia o cualquier otra pista acerca de su desaparición. Sin embargo, pruebas y sospechas abundaban de que algo andaba mal y la mayoría apuntaban hacia la República Dominicana, donde Galíndez había vivido desde 1939 hasta 1946 y que Rafael Trujillo había gobernado desde 1930.

Los amigos de Galíndez sabían, y una nota encontrada en su apartamento más tarde confirmó, que Galíndez sentía temor por amenazas que venían de la República Dominicana.

El 4 de diciembre de 1956, alrededor de 9 meses después, un Ford propiedad de un tal Gerald Murphy, ciudadano americano de Oregon, fue encontrado abandonado en la playa en Ciudad Trujillo, la capital dominicana. A Murphy, un piloto de la Compañía Dominicana de Aviación, nunca volvió a vérsele con vida. Sin embargo, Murphy le había dicho a su novia, una aeromoza de Panam, acerca de sus experiencias al servicio de los dominicanos, lo que ella más tarde confió a sus padres, quienes a su vez exigieron a sus representantes en el Congreso, Senador Wayne Morse y Representante Charles O. Porter, que investigaran.

Los políticos persistentemente abogaron por la investigación del caso ante los departamentos de Justicia y Estado, para que encontraran qué había pasado. Los burócratas en Washington, a la vez, empezaron a forzar al gobierno dominicano para que soltara prenda acerca de la desaparición del estadounidense.

A finales de diciembre de 1956, el gobierno dominicano arrestó y acusó a Octavio de la Maza, otro piloto de la CDA, del homicidio de Murphy. Aparentemente, de la Maza se vió obligado a admitir el crimen para declararlo como en defensa propia. La historia de de la Maza era que Murphy le había hecho una proposición indecorosa mientras paseaban en carro por Ciudad Trujillo. De la Maza lo rechazó con horror y asco. Los hombres pelearon, llegaron a las manos y al final Murphy cayó accidentalmente del acantilado donde el Ford fue encontrado. El problema con esta historia es que de la Maza en algún punto no quiso seguir jugando el papel de criminal.

Temprano en la mañana del 7 de enero de 1957, de la Maza fue encontrado colgando de la ducha en su celda. En una nota donde confesaba haber cometido suicidio porque no aguantaba el remordimiento, convenientemente explicaba todo. Nadie se la creyó y la presión del gobierno estadounidense se volvió inaguantable. Agentes del FBI fueron autorizados para investigar la muerte de De la Maza. En su celda hallaron que este era muy alto para haberse colgado de la ducha. También que la ducha era demasiado débil como para haber aguantado lo suficiente para permitir la muerte por estrangulación. Por último, la escritura en la nota había sido forjada.

Todos estos casos estaban relacionados con las manos de Trujillo. Después de la victoria del General Franco en la Guerra Civil Española, Galíndez se había exiliado en Ciudad Trujillo, donde enseñó y fue Consejero de los ministerios del Trabajo y Economía. Era un hombre encantador, agradable, leído y hasta algo poeta. Sin embargo, poseía una opinión radical en cuanto a la Democracia, las cuales a pesar de siempre haber sido expresadas diplomáticamente, causaron fricciones en Ciudad Trujillo.

Invitación a ceremonia en homenaje a Jesús de GalíndezCristóbal Colón bautizó originalmente a la ciudad como Santo Domingo, pero el congreso dominicano le había cambiando el nombre recientemente por el del dictador. Rafael Trujillo empezó su carrera como malandrín y criminal de segunda clase. En 1916, el presidente Wilson envió marines a ocupar la República Dominicana tras décadas de inestabilidad política. Al año siguiente, crearon la Policía Nacional y Trujillo se presentó como voluntario

En pocos meses, el inteligente y encantador recluta ascendió a oficial. Los Marines lo habían encontrado útil: además de ser instintivamente un buen soldado, se convirtió en muy poco tiempo en un chulo de primera clase. En 1924, ya era mayor. Cuando los marines abandonaron la isla, dejaron al recién ascendido coronel Trujillo como Jefe de Personal. En 1930, la guardia nacional se había convertido en el ejercito, con Trujillo como comandante general y no pasó mucho antes de que diera un golpe de estado que terminó en unas elecciones arregladas que ganó a punta de aterrorizar a la población.

Trujillo gobernaría por los siguientes 31 años. Durante este tiempo construyó autopistas, urbanizaciones de interés social, hospitales y escuelas, balanceó el presupuesto, pagó la deuda externa y puso el peso dominicano a la par con el dólar americano. El precio fue un estado totalitario.

Sus espías e informantes estaban por todas partes. Ningún hombre, ni la familia de ningún hombre estaba excluida del régimen: las ordenes de arresto del dictador por crímenes políticos usualmente iban dirigidas al sospechoso y a toda su familia, hasta los primos. La oposición era torturada en prisión con golpizas; se les azotaba, mutilaba y se les ponía en sillas eléctricas. Tenazas eléctricas les eran aplicadas en los genitales; algunos eran castrados. Trujillo demandaba adulación pública total.

Inclusive a la montaña más alta del país se le cambió el nombre a Trujillo. Robert D. Crassweller, en su libro "Trujillo: La Vida y Tiempos de un Dictador Caribeño". observó, "En el aniversario de la elección de Trujillo en 1930, de su inauguración, de su pago de la deuda externa, de su cumpleaños, y la de su entrada en el Ejército, eran todos días de asueto con manifestaciones nacionales de celebración". Provincias, ciudades y calles a lo largo de toda la república fueron renombradas con su nombre o la de los miembros de su familia.

Su imagen, en placas, bustos, estatuas y retratos estaba en todas partes. Sus seguidores le dieron títulos como los de Generalísimo, Doctor, Benefactor de la Patria, Padre de la Nueva Patria, Leal y Noble Campeón de la Paz Mundial, o Máximo Protector de la Clase Trabajadora Dominicana. Fue declarado por ley una autoridad en todas las materias. En todas las casas y hasta en las paredes del rancho más humilde colgaban cuadros que leían "Gracias a Dios y a Trujillo" o "En esta casa Trujillo es el que manda".

A través de su familia y compinches, monopolizaba o dominaba la producción de sal, aceite de maní, zapatos, fósforos, cemento, jabón, pintura, vidrio, cerveza, carne, chocolate, cigarrillos y harina. A través de sus hermanos controlaba los juegos de azar y la prostitución. Su vida personal estaba enredada en una maraña de lujuria compulsiva: tuvo tres esposas, dos amantes y cientos, sino miles, de encuentros casuales con mujeres. Trujillo era un maestro manipulador que no sentía ni compasión ni lástima: menos por sádico, que por una conciencia libre de ataduras, capaz de llevar sus ideas hasta sus lógicas y más extremas consecuencias.

En 1946, Galíndez se fue a Nueva York. Enseñó en Columbia. También trabajó como consejero en materia de leyes dominicanas, escribió artículos y se convirtió en miembro activo de varios grupos españoles y vascos en el exilio. Su obsesión con el carácter y carrera de Trujillo lo llevó a titular su tesis doctoral "La Era de Trujillo"; un estudio rigurosamente honesto y sin prejuicios acerca de la dictadura que discute los logros de Trujillo así como sus abusos de poder y uso del terror.

De alguna forma, un oficial consular dominicano en Nueva York supo acerca de la tesis. El sentido común indica que nadie le hace caso a ninguna tesis doctoral, excepto el que la escribe. Sin embargo, el oficial escribió a Trujillo, sugiriendo que la tesis atacaba a la familia de Trujillo, incluyendo al Generalísimo, y que la conexión entre Galíndez y Columbia terminaría por imprimirle tremendo prestigio a su trabajo. El dictador cayó en el juego. Para 1956, de acuerdo a Crassweller, la vanidad y la necesidad de ser adulado ascendía de obsesión a monomanía y bordeaba peligrosamente hacia la locura".

Agentes dominicanos le ofrecieron a Galíndez $25,000 por su tesis pero él rechazó la propuesta. Entonces, Trujillo supo que Galíndez expondría su tesis frente al comité de la Facultad del Departamento de Historia de Columbia el 27 de febrero de 1956: el día de la independencia dominicana. El dictador tomó esto como un insulto personal. Galíndez tendría que ser asesinado. Los agentes dominicanos empezaron a planificar el golpe. Necesitaban un piloto, preferiblemente uno estadounidense, que pudiera volar en los Estados Unidos sin llamar mucho la atención.

A través de sus contactos en el continente, el General Arturo Espaillat, el simpático, dinámico y letal jefe de la Inteligencia Militar dominicana, encontró a Murphy, cuya ambición de volar había sido hasta entonces imposible debido a su mala visión. A principios de 1956, a Murphy le ofrecieron un contrato para un vuelo privado de los Estados Unidos a la República Dominicana. El 12 de marzo, Murphy aterrizó un avión bimotor Beech en Amityville, Long Island. Tarde en la noche una ambulancia apareció. Un hombre en una camilla fue cargado de la ambulancia al avión. Sólo Murphy y el vigilante nocturno la vieron llegar. El vigilante le dijo por lo menos a otras dos personas antes de morir convenientemente de un ataque cardíaco.

El avión voló a West Palm Beach, Florida. Allí, un mecánico entró a la cabina para llenar los tanques extras de gasolina. Vio un cuerpo descansando sobre una camilla, muerto o inconsciente, e identificó un olor que describió como el de una droga. El mecánico murió en un accidente aéreo seis días antes que testificara bajo juramento lo que había visto. El avión entonces voló a Monte Cristi en la República Dominicana. De acuerdo al libro de Bernard Diederich "La Muerte del Chivo", Galíndez fue transferido a un avión de la CDA y llevado a Ciudad Trujillo. Una vez allí, se le llevó a Casa de Caoba, la casa favorita de Trujillo. Fue cargado hasta el enorme salón de baile que ocupa la mitad del segundo piso. El dictador entró con un fuete en una mano y la copia de la tesis de Galíndez en la otra. Trujillo le extendió la mano con el documento. "Cómetela"; le ladró.

Todavía drogado, Galíndez tomó los papeles, observó a Trujillo y dejó caer la cabeza sobre el pecho y el libro en el suelo. Trujillo lo maldijo, gritándole "Pendejo! Pendejo!" mientras lo golpeaba en la cabeza con el fuete. Y después de ello salió del cuarto maldiciendo.

No más de 24 horas después de su última lectura, Galíndez fue llevado a un cuarto de interrogación en Ciudad Trujillo. Fue desnudado y esposado. Un mecate le fue atado a los pies y pasado por un aro en el techo, desde donde fue bajado lentamente, pulgada a pulgada a una piscina de agua hirviendo. Lo que quedó fue lanzado a los tiburones.

Murphy llevó a cabo un par de tareas más para Trujillo. En diciembre de 1956, planeó su viaje de regreso a los Estados Unidos. Se consiguió con su novia en el aeropuerto donde se encontraba en una breve escala. Él le dijo que tenía una cita a las 5 p.m. en el Palacio Presidencial. Al día siguiente su carro fue encontrado abandonado.

La desaparición de Galíndez nunca ha sido completamente resuelta. Tampoco la de Murphy. Los hermanos de De la Maza conspiraron contra el dictador. Trujillo fue asesinado en la noche del 30 de mayo de 1961. Antonio de la Maza fue uno de los pistoleros. Montado sobre el cuerpo de Trujillo, de la Maza le quitó la pistola y murmurándole al oído "Este gavilán ya no va a cazar más pollitos"; le apunto a la cara y apretó el gatillo.

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