Martes, 17 Septiembre 2019
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Carolina Taboada

Carolina Taboada

María Carolina Taboada vino al mundo en Caracas, Venezuela, en 1974. De padres psiquiatras y divorciados, su infancia no fue precisamente lo que se llamaría envidiable. En 1998 se gradúa de Comunicación Social en la Universidad Católica y en su primera entrevista de trabajo se da cuenta de que haberse copiado durante toda la carrera no fue muy buena idea.

Luego de cursar un par de trimestres de la Maestría de Literatura Latinoamericana, se inscribe en un curso de panadería y repostería para terminar, según sus propias palabras, "donde toda mujercita emancipada teme estar: en la cocina".

A pesar de este paso en falso, consigue un cambur en HBO Latinoamérica. Fue editora en jefe de El Nuevo Cojo Ilustrado y sobrevive en la misma ciudad que la vio nacer, la Sultana del Ávila.

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La vida empieza a los treinta

Son las 6:14 AM y ya me estoy bajando de un taxi. Hoy me van a sacar las amígdalas y siento esa morbosa emoción predesvirgante del que jamás ha estado en un quirófano. A las 11 AM me van a operar. Cuando despierte de la anestesia, seguro que me sentiré extraña. Además, hoy cumplo 30 años. Mi familia se enferma tanto, que en la Clínica Santiago de León —nuestro sanatorio preferido— las enfermeras nos preguntan si somos accionistas. Pero mi Seguro Médico no fue aceptado en tan digno centro hospitalario, y me mandaron para una clínica que desde afuera parece más bien un Parasistema.

¿Sabes qué es un Hoyo Negro?

Hace dos números, Nicolás Pereyra, astrofísico venezolano y gurú sideral con experiencia en centros espaciales estadounidenses, publicó un artículo sobre los agujeros negros. Y no nos referimos al que están pensando.

Como no hay preguntas estúpidas, sino personas estúpidas que preguntan preguntas estúpidas, le pedimos a nuestros lectores que nos envisen todas las dudas que tuvieran sobre los agujeros negros (otra vez, no, no esos agujeros negros) con la promesa de que se las haríamos llegar a Nicolás. La respuesta fue soberbia y a continuación transcribimos las respuestas de Nicolás Pereyra, que amablemente sacó tiempo de su vida académica para darnos una explicación sencilla sobre qué son los agujeros negros.

Es de hacer notar que Nicolás realmente ha cambiado nuestras vidas, ahora todos los eruditos de la comandancia editorial de El Nuevo Cojo manejamos una connotación asexual de lo que es un agujero negro; es más, ahora llegamos a las fiestas y no sin cierto donaire iniciamos conversaciones con: Disculpa, ¿quieres que te cuente lo que pasa en el cielo?

Nicolás, gracias por los favores recibidos.

 

  • Publicado en Poesía

Guayabal

Te amo con tus silencios de miedo de duda

de costumbre

con la infancia que te salpicó los brazos

con tus caricias de manos atadas con el canto anunciador de tu apocalipsis diaria

Hora pico

A muchas personas les incomoda hablar de estadísticas, pero a otras les sirve de brújula en medio de este boom gay. Son muchos los heterosexuales que han revisado una y otra vez su sexualidad y considerado la idea de intentar otras opciones. El argumento en general es, que en medio de todo este destape -fuertemente publicitado a través de los medios de comunicación- capaz que uno está metido en el closet y no se ha dado cuenta.

La cucaracha

Como toda mujercita que se precie de serlo, yo me cuaimatizo, necesito mis piropos en la calle y no soporto ni ver a una cucaracha. Y aunque Bayer diga lo contrario, la histeria por los "bichos" es totalmente es aprendida. Yo ya estaba encaminada a ser una mujer sobresaliente, como esas abuelas gallegas que las matan con la mano, pero un pequeño desliz conductista de mi padre, acabó con cualquier esperanza de ser una mujer evolucionada.

¿Mujer o mujercita?

A mis tiernos 9 años, era yo una cosita de 1.20 m y unos 30 kilos. No había tía que se resistiera a mis cachetes y jugar a las muñecas con mis primas me dejó de parecer divertido, cuando la ropa del Bebé Querido me continuó sirviendo un año tras otro. En medio de este derrame de cuchura, el germen de la ironía empezó a formarse, tal vez como anticuerpo ante tanta miseria humana. Mi pobre madre, experta en la costura desde niña, pasaba sus momentos de ocio, ante su máquina, vistiéndome con cuanto modelito había, para hacer de su hijita la más bella de la piñata y del salón.

Los Roques mon amour

Son las 6:14 AM y ya me estoy bajando de un taxi. Hoy me van a sacar las amígdalas y siento esa morbosa emoción predesvirgante del que jamás ha estado en un quirofano. A las 11 AM me van a operar. Cuando despierte de la anestesia, seguro que me sentiré extraña. Además, hoy cumplo 30 años. Mi familia se enferma tanto, que en la Clínica Santiago de León -nuestro sanatorio preferido- las enfermeras nos preguntan si somos accionistas. Pero mi Seguro Médico no fue aceptado en tan digno centro hospitalario, y me mandaron para una clínica que desde afuera parece más bien un Parasistema.

Cerdinas en lata

Es tan difícil ser normal en el Trópico cuando siempre hay frutas en los árboles. Hasta en verano puede llover copiosamente, aliviando temporalmente la sequía de los pastizales. Un día dura aquí casi una semana, entre derroches estrafalarios de sol y brisa, como si fueran ofrendas a los dioses ya extintos. Es tan facil mirar cualquier colina al atardecer e imaginar que una carreta doblará la esquina de un momento a otro. Aun con las colinas rebosantes de ranchos, se puede recordar lo que fue Caracas hace 500 años. Un gran valle lleno de cientos de lomas verdes. Los tatarabuelos a caballo yendo de La Floresta hasta El Paraiso a visitar sus tierritas. Ay, qué nostalgia me producen los placeres simples.

Caracas, 29 de junio del 2003

El pasado 29 de junio se dio inicio en Venezuela y el mundo, la celebración de la Semana del Orgullo Gay. En Caracas se realizó una parada que partió de la Plaza Brión de Chacaito y llegó hasta la Plaza de los Museos, como una de las primeras actividades organizadas por la Comunidad GLBT, en conmemoración de la ocasión. Más que la cantidad de asistentes —casa llena— me sorprendió la variedad y lo fabuloso del ambiente.

Ursula K. Le Guin: las palabras son mi medio

Al cumplir 11 años, durante las vacaciones más aguadas desde que García Márquez escribiera "Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo", me tropecé con "Planeta de Exilio". Desde entonces, he perseguido los libros de su autora por todas las librerías a las que he ido.

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