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Se buscan

Gracias por la mano. Gracias por la mano.

Quizás tú eras uno de esos a los que tiernamente la familia llamaba el payasito. O de los que siempre eran descritos como, el que vive poniendo la cómica, lo cual no se refería a nada gracioso. Pero en cualquier caso, si alguna vez llegaste a poner alguna de estas experiencias en papel y alguien -no valen ni tu mama ni tu novia- llegó a reírse de lo que escribiste, tú eres quien estamos buscando.

No es fácil abrirse y decir: -Yo soy un payaso. Este calificativo por alguna razón es el menos valorado de todos los que existen y cualquier persona con dos dedos de frente preferiría ser conocido como homicida que como payaso.

Pero si alguna vez lo fuiste o simplemente vivías poniendo la cómica lo más seguro es que aún sigas en lo mismo, y aquí en el Nuevo Cojo nos hemos propuesto ayudar a todas las personas con ese problema. Ya que el ser el payasito del grupo es una condición difícil de ocultar y una vez que te tachan de uno simplemente te quedas así para siempre. Y aquí es donde entramos nosotros, los descubridores de la solución a tu problema.

Como no hay cura posible para el sentido del humor, la única solución posible es al menos imprimirle un poco de dignidad a esta condición. Para esto sólo se requiere que sepas escribir. Y así como ese primo medio gafo que al graduarse de abogado se convirtió en doctor, el payaso que es capaz de poner sus pensamientos en papel inmediatamente adquiere el honorable título de “humorista”.

Estamos casi seguros de que no existe un padre en el mundo al que al ser preguntado sobre la profesión de su hijo, no baje la cabeza al decir: -Mi hijo es un payaso. Estamos seguros que a ninguno al nacerle el primogénito siquiera le pasa por la cabeza que su hijo será uno.

Pero todo esto cambia cuando una vez que hayas publicado tus artículos en El Nuevo Cojo, vengan y le pregunten a tu papá y con orgullo y la frente en alto diga: -Mi hijo es un humorista. Ya que es como ser doctor, pero sin los estudios, la plata, la pinta o el trabajo. Pero al menos ya no se es un payaso.

Pero hablando en serio, tener la facultad de hacer reír a la gente es lo mismo que tener el don de la curación, es un pecado no compartirlo. Aparte del alcohol, el sexo, las drogas y los políticos, el humor es lo único que hace la vida vivible, porque con lo miserable que es la existencia de la mayoría de los seres humanos ¿cómo sería posible seguir respirando sin tener la posibilidad de burlarte de los políticos, fumarse algo y beberse una cerveza en la cama con tu novia después de hacer el amor?

Pero como nada es gratis en este mundo, excepto los sueldos de los políticos, puede que estés preguntándote en qué nos beneficiará el contarte entre nuestros colaboradores. La respuesta está en este editorial.

Como puedes haberlo notado, por mucho que tratemos de hacerte sonreír, lo más seguro es que no te hayamos inspirado ni el más mínimo cambio de humor (a menos que seas un payaso, en cuyo caso el cambio sería más bien hacia el odio). Así, como puedes ver, tú necesitas nuestra ayuda y nosotros la tuya. Parasitémonos.

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