Viernes, 20 Septiembre 2019
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Xavier B. Fernández

Xavier B. Fernández

Nació en 1965 en el barrio de Gracia de Barcelona, España, y por ahí sigue. Estudió Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Ha trabajado como descargador de camiones, dependiente en una tienda de discos, mozo de gasolinera, auxiliar administrativo, dibujante de storyboards, extra de cine, guionista de televisión, periodista y dibujante de cómics (con el seudónimo de Jimmy Jazz).

Ha escrito guiones de cine y televisión, una obra de teatro -Diógenes y Epicuro en el parque-, una novela -Kensington Gardens- y diversos relatos breves, publicados, sobre todo, en la revista literaria BADOSA EP.

Es colaborador habitual de El Nuevo Cojo desde 2003.

URL del sitio web: http://www.facebook.com/xavier.b.fernandez

El nuevo evangelio de San Umberto

"Vaya, tenemos que leer otro de los evangelios de San Umberto" solía decir mi amigo y condiscípulo Iván al descubrir el inevitable libro de Umberto Eco en la bibliografía obligatoria de alguna de las asignaturas de Ciencias de la Información, la carrera que ambos cursábamos en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Superjueces y archivillanos

El viejo senador Pinochet, postrado en su lecho en aquella habitación de un hospital londinense, no daba crédito a sus oídos. ¿Realmente aquel funcionario de la embajada chilena en Londres le estaba diciendo: "Lo siento, excelencia, pero no va a poder salir del país. Scotland Yard tiene orden de arrestarlo mientras se resuelva una petición de extradición que pesa contra su excelencia".

En todas partes hay uno

Un señor en Oklahoma se compró una autocaravana, y con ella se fue a ver un partido de fútbol. De regreso a casa, puso el automático a 100 por hora y se fue a la parte de atrás a prepararse un café. El vehículo, por supuesto, salió de la calzada y acabó estrellado y volcado pocos segundos después. La historia es curiosa, pero no demasiado sorprendente: idiotas los hay en Oklahoma como en todas partes.

  • Publicado en Cine

El hundimiento (Der Untergang)

"El hundimiento" (Der Untergang) es el título de una película alemana, pero también podría ser el título de un artículo sobre el cine europeo actual. Si es que tal animal existe. Bueno, existir sí existe, pero gracias a los programas de protección de especies en peligro, como el rinoceronte blanco o el lince ibérico. Lejos queda la edad de oro, los años 50, 60 y 70, cuando Cinecittá era una seria competidora de Hollywood, y los italianos eran capaces incluso de venderles westerns a los norteamericanos. Cuando en Francia, Alemania o Suecia existía una producción cinematográfica regular, de notable calidad y capaz de producir éxitos internacionales.

El caso Scilingo

Su primera comparecencia a juicio fue el 14 de enero, viernes. Dos agentes de uniforme introdujeron a rastras en la sala de vistas de la Audiencia Nacional de Madrid a un anciano flaco de rostro demacrado y mejillas hundidas, todo nariz, de cabellos grises y escasos. Iba con los ojos cerrados y casi a rastras, vestido con un forro polar abrochado hasta la barbilla y unos guantes de lana. Le sentaron en el banquillo, del que resbalaba constantemente como un títere desmadejado, y le arrebujaron en una manta azul. Parecía un homeless moribundo recién recogido en la calle. Era el ex capitán de fragata Adolfo Scilingo, el primer militar argentino que iba a ser juzgado por  crímenes contra la humanidad cometidos durante el período (de 1976 a 1983) de la dictadura en su país.

Barcelona: capital mundial de las despedidas de soltero

Era un sábado por la noche. Yo iba a casa de unos amigos a pasar la velada. Entré en el vagón de metro, localicé un asiento libre y me senté de la forma maquinal e inconsciente en que todo urbanita experimentado cumple con esas rutinas. De pronto miré a mi alrededor y me encontré en mitad de un grupo de unas veinte mujeres jóvenes que apenas hablaban —en inglés— entre ellas. Sus conversaciones eran poco más que intercambios de risitas nerviosas. Todas lucían sobre sus cabezas una diadema adornada con un enhiesto, sonrosado y erecto falo de fieltro, con su glande morado apuntando al techo y dos redondos testículos colgando juguetones sobre las frentes respectivas.

  • Publicado en Opinión

Mundos aparte: Irak-Barcelona

El domingo 13 de febrero en Barcelona lució un buen sol, a pesar de la ola de frío polar que atravesaba la Península Ibérica, lo que no estuvo mal porque me permitió lucir abrigo hasta los tobillos y gafas oscuras a la vez, en plan totalmente Matrix. Las elecciones en Irak eran la noticia principal de la sección de internacional de los periódicos, pero sin extralimitaciones extraordinarias.

Cómete a un turista

Del tsunami de imágenes impactantes que, acerca del tsunami de verdad, nos inundaron los periódicos, la televisión e Internet, la que más me impresionó fue esta de dos bien cebados puercos pedófilos tomándo cerveza mientras disfrutaban del sol en la playa de Patong el día después de la catástrofe, los destructivos efectos evidentes al fondo, tras sus obscenas barrigas.

  • Publicado en Artes

El britart arde en la hoguera de las vanidades

El pasado lunes 24 de mayo un almacén del este de Londres ardió hasta que las mercancías que contenía se convirtieron en cenizas carbonizadas. La cosa no tendría mayor interés público, si no fuera porque el almacén es de la compañía Momart y lo que guardaba eran carísimas colecciones de obras de arte, lo más granado de los últimos años de britart (denominación del arte británico contemporáneo, estéticamente una amalgama que con descarado sentido comercial recicla a patadas y al popurrí postulados del dadaísmo, el arte conceptual y el Pop Art) propiedad de los más importantes coleccionistas británicos, quienes tras pagar cantidades astronómicas por cosas como una tienda de campaña con 100 nombres escritos encima las arrinconaron allí, en la oscuridad, entre polvo y ratones.

  • Publicado en Cine

Cristo comestible

Cómo cocinar un Cristo para dos personas: se toma un Cristo macilento para dos personas; tras descolgarlo de la pared, con un cuchillo se extraen las alcayatas y se le separa de la cruz. Se descostra bañándolo en agua tibia y se seca cuidadosamente. Los estigmas pueden mecharse con tocino. En una fuente, y sobre lecho de cebollas, colocaremos al Cristo, al que untaremos con abundante mantequilla. Se deja en horno moderado durante tres días, al cabo de los cuales sale él solo.

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