El Nuevo Cojo Ilustrado

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Al lector joven le sorprenderá aprender que hubo una época—no muy lejana—en la cual viajar en avión era un placer. El servicio era consecuente: un pequeño ejército de aeromozas sonrientes facturaba las maletas rápidamente, las filas para embarcar eran cortas y el desprecio hacia pasajero en clase turista (convertido en filosofía de las low cost actuales, dadas a restregarte en la cara lo miserable y pobre que eres por no preferir la clase superior), era impensable. Recuerdo haber viajado solo, de niño, y fue una de las experiencias más agradables de mi joven existencia. Tuve una aeromoza dedicada exclusivamente a la atención de todas mis necesidades y a consentirme durante todo el vuelo. Después de visitar la cabina y observar maravillado el parpadeo de las luces relucientes y el cielo oscuro e infinito desplegado como un lienzo más allá del vidrio, aterricé enamorado, con un pin de plástico en forma de alas clavado orgullosamente en mi pecho.

Publicado en Opinión
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