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El caso haitiano: ¿Quién es el culpable?

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El candidato presidencial Jean-Bertrand Aristide da un discurso dos días antes de las elecciones presidenciales de Haití.  Uno de sus seguidores sostiene un gallo.  El símbolo de la campaña de Aristide. El candidato presidencial Jean-Bertrand Aristide da un discurso dos días antes de las elecciones presidenciales de Haití. Uno de sus seguidores sostiene un gallo. El símbolo de la campaña de Aristide. © Les Stone/Sygma/Corbis

Aristide no había puesto un pie en su exilio africano cuando declaró que aunque los medios de prensa internacional lo habían citado diciendo que abandonaba Haití para evitar un derramamiento de sangre, en realidad había sido secuestrado por soldados norteamericanos y puesto en un avión a la fuerza como corolario de un golpe de estado planificado en Washington.

El cuento es jalado por los pelos, y a la historia no le ayuda que Aristide no posea un gramo de credibilidad. Sin embargo, que Washington no enviara ningún tipo de ayuda, o tan siquiera se expresara acerca de la situación haitiana hasta que Aristide estaba camino al África está en línea con la política exterior del gobierno de George Bush. A diferencia de Bill Clinton, que en 1994 envió 20.000 soldados a la isla para devolver al poder a Aristide (cosa por la que fue enjuiciado en la Corte Suprema por excederse en sus poderes), George Bush se niega a intervenir en países con problemas de cuyo liderazgo no gusta. Un ejemplo de ello fue el fallido golpe de estado en Venezuela en el 2002, cuando la administración Bush, exactamente como sucedió en Haití, se negó a condenar la acción, legitimizando torpemente el movimiento anti-demócrata que lo ha puesto en ascuas con uno de sus principales proveedores de petróleo.

Nota: Para aquellos que lloran porque Chávez no le chupa las medias a George Bush, Sí, Bush es el que esta metido en problemas con el gobierno de Venezuela, no al revés como leen en el periódico todo los días.

Jean-Bertrand Aristide es el sexto líder elegido democráticamente en América desde hace poco más de una década que no termina su mandato, y como en la mayoría de los otros casos, mucha de la culpa de esto la tiene el mismo. Sin embargo, el supuesto desliz de los Estados Unidos al subestimar la situación haitiana, parece ser más una cuestión de oportunismo legislativo que otra cosa. Una buena oportunidad de legalizar el intervencionismo armado cuando existe una razón aunque sea tangencial. ¿Como no vamos a intervenir? ¡Miren lo que pasó en Haití por no hacer nada!

Un caso como el de Haití podría darle justificación a Washington para que intervenga en países con presidentes, democráticamente elegidos, cuando las circunstancias parezcan indicar que, en el futuro, estos pueden generar problemas. Estas políticas preventivas, como las llama la Casa Blanca, ya fueron aplicadas en Irak. Que había armas químicas o nucleares o no en manos de Saddam Hussein no era el punto. Saddam era peligroso porque él, podía, en el futuro, tener dichas armas. Y si a la democracia, como dijo Felipe González tras el fallido golpe de estado en Venezuela, a veces hay que darle un empujoncito, que podemos dejar para el régimen somozista de Saddam Hussein.

Sin embargo, para los amplios de mente, como todas las brillantes cabecitas grises del Pentágono, la idea es debatible. Hitler se levanta de entre los muertos y arrasa en las elecciones alemanas del 2008. Nosotros ya conocemos al tipo y su plan de gobierno así que ¡Púm! En ese caso, yo mismo saldría a la calle a apoyar el derrocamiento del gobierno de Berlín. El único problema con esto, es que Hitler jamás se va a levantar de entre los muertos. Y además, toooooooodos los países del planeta, tienen el potencial (por no decir el derecho) para en el futuro desarrollar, o simplemente comprar en el mercado negro, tecnología nuclear (el máximo indicador de aquí un gobierno puede ser evil). Por otro lado, ¿quién decide si yo puedo o no desarrollar un programa nuclear? Si a Ecuador le da la gana de dejar de depender de la hidroenergía, y construye una central nuclear para proveerse de luz y en el camino abrir paso a la investigación científica en el país. ¿Quién decide si el gobierno de La Paz es maligno o no? ¿Si lo merece o no? Definitivamente no otro país, y si la medida de malignidad de un gobierno es tener un programa de este tipo, creo que ya sabemos quienes son los verdaderos malos, y no, no es la ETA.

Este cuento del ataque preventivo es tan jalado por los pelos como el de Aristide acerca siendo montado en un avión por marines norteamericanos, sin embargo, el primero en práctica hoy en día.

Y aquí es donde quizás te estés preguntando, pero bueno ¿Qué cuernos tiene todo esto que ver con Haití? Mucho, por que los problemas de Haití son el subproducto de políticas donde se ha utilizado a la población de un país como conejillo de indias con el objetivo de alcanzar metas de mayor envergadura.

Haití definitivamente es un estado caótico, y la gente interesada en ella siempre ha sido poca y dispersa, que solo han hecho algo por la isla cuando han podido sacar algo de ella. Y como los haitianos son en su mayoría negros y pobres, como escribió recientemente el periodista norteamericano James Ridgeway, eso no es muy frecuentemente.

Haití no es más que una lección a distancia de los peligros de no mantenerse en línea con Washington. Un mensaje directo al presidente de Venezuela Hugo Chávez y a cualquier otro que se le ocurra hacer eco de sus ideas de independencia republicana. Un mensaje que dice NO HAY ALTERNATIVAS, porque cualquier cosa que no sea propuesta desde Washington, que no vaya en línea con sus planes pasados, presentes y futuros es, simplemente, inviable.

Desde este punto de vista, Washington no tuvo que hacer mucho en el reciente episodio caribeño, pero igual es responsable de lo que sucedió por omisión y conveniencia. Veamos porque.

Una investigación del Congreso norteamericano de la época en que Aristide estaba exiliado entre Washington y Venezuela concluyó que los carteles de la droga colombianos utilizaban a Haití como puente en camino a los Estados Unidos, utilizando como testaferros a la crema y nata de la sociedad isleña: el entonces jefe del gobierno, General Raoul Cedras, el jefe de policía de Puerto Príncipe Joseph Michael François y el jefe del ejercito Phillippe Biamby, Quienes se descubrió habían incluso viajado a Colombia para reunirse con las cabezas de los carteles, a cuenta de estos últimos.

Debido a la presión que el exilio de Aristide tenía en la administración del ex-presidente Bill Clinton, incluyendo y especialmente la del ex-presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, entonces líder del tercer mundo; se barajaron varias soluciones al problema. Pero ninguna, incluyendo la armada, llegó a materializarse. ¿Las razones? Que cualquier acción pondría al descubierto operaciones de la DEA y echaban por tierra planes que estaban dirigidos a peces más gordos que los haitianos.

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Esto se hubiera quedado así para siempre de no ser porque Haití esta a nado de los estados unidos. A Clinton le sabía a un demonio el problema político haitiano. Aristide en lo que al concernía podía irse a vivir debajo de la matica. Pero cuando la ONU decidió intervenir a favor de Aristide salieron a relucir inconvenientes que lo pusieron en tres y dos. Más de 70,000, que fue el número de refugiados haitianos que llegaron a la Florida entre 1991 y 1997.

Al principio esto sirvió para ridiculizar al gobierno de Jeb Bush, hermano de George actual presidente e hijo del ex-presidente George Sr, ambos del partido opositor; quien para evitar una tragedia humanitaria tenía que plegarse a los mandatos de Washington si aspiraba obtener ayuda federal para atender al problema. Pero con organismos internacionales de por medio, la responsabilidad de lo que estaba sucediendo pronto fue asignada al presidente, y allí fue Clinton salió con una de esas soluciones baratas que lo caracterizaron y que muy seguramente ni siquiera fue idea de él.

El plan era el siguiente: Clinton no estaría invadiendo Haití militarmente; tampoco lo estaría haciendo para luchar contra el problema de la droga en su país. Los Estados Unidos estarían ayudando a reestablecer el orden democrático en el hemisferio. ¿Cómo? Utilizando a Aristide como peón, dándole a los haitianos lo que querían, deteniendo la inmigración y salvando a los agentes de la DEA en Puerto Príncipe. De Jeb Bush se encargaría en otra oportunidad, que vino cuando intervino la policía local y repatrió a Elián González a Cuba, pero esa es otra historia.

El problema principal con una intervención armada era que el gobierno haitiano estaba hasta el cuello infiltrado con dobles agentes. Unos que servían de mulas de la droga que al final llegaba a las calles norteamericanas, mientras recababan información acerca de los miembros de los carteles colombianos. Todos estos nombres y actividades eran celosamente guardados por el gobierno haitiano como salvoconducto, por lo que para evitar un escándalo, Clinton creó un equipo de negociadores encabezado por los policías buenos de la película, Jimmy Carter y Colin Powell, quienes negociaron (valga la redundancia) la huida de los líderes haitianos hacia el exilio y el reestablecimiento de Aristide en el poder.

Y para que la DEA pudiera seguir su trabajo, el narcotráfico no entró dentro del trato. De esta manera simplemente cambio un gobierno despótico que se había convertido en un riesgo, por uno despótico al que podía controlar a distancia, bañando al niño pero sin cambiarle los panales.

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Este movimiento por parte de Washington, en favor de un hombre que alguna vez llegó a decir que Fidel Castro era su "héroe personal", nunca tuvo mucho sentido y se trató de explicar con opiniones como la de el entonces embajador de los Estados Unidos en Haití, William Swing, quien en 1997 explicó que el cambio de régimen en Haití era necesario porque era ?mas barato mantener una democracia que tener que limpiar los desastres de un régimen autocrático". Lo cual, en vista de lo que acababa de suceder, es de una ironía dolorosa.

Pero reestablecer a Aristide al poder era una cosa, y otra muy distinta normalizar la situación del país, por lo que el flujo de haitianos no se detuvo. Según la ley de pisatarios que rige a Cuba, un cubano que ponga los pies en Florida es un inmigrante legal, pero un haitiano no. Por lo que empezaron a buscarse soluciones al asunto y allí es cuando el gobierno de ese entonces, me imagino que reunidos en la oficina oval, salieron con la idea de convertir a Haití en un estado ideal. En un ejemplo de lo que sucede cuando Estados Unidos interviene en un país. Es decir en un estado al estilo Puerto Rico durante la guerra fría, la contraposición a Cuba. En un escaparate donde se mostraban los increíbles beneficios de la Pax Romana con haitianos gordos y educados que disfrutarían de cereal en las mañanas, paseo en el parque a mediodía y HBO en la noche. En Europa del norte las cosas no iban ni irían muy bien, pero Haití sería un ejemplo de que las cosas podían funcionar, y para eso no se ahorraron recursos.

Hasta entonces Haití, mal que bien se alimentaba a si misma, gracias a un sistema de conucos que había sobrevivido desde la época colonial. Pero esto no era suficiente. La democracia norteamericana era más que conucos, era desarrollo, gente viviendo en ciudades ganando dinero, y con Big Business entrando dentro de la película esto se trasformó en maquiladoras rodeando a Puerto Príncipe, donde la mano de obra barata, en la mente de algunos ingenieros económicos nació la posibilidad de construir una nueva Taiwán. Pero Haití no era Taiwán y a nadie se le ocurrió que si la gente trabajaba ensamblando Barbies todo el día, nadie iba a sembrar los conucos.

Para arreglar este problema, se tomo la decisión de borrar del mapa al campesinado, reestructurándolo hacia el monocultivo dirigido a la exportación, lo cual produciría divisas que al final serían utilizadas para importar comida. ¿De quien? ¡Adivinaron!

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Esto comenzó un proceso de eliminación del conuco por un sistema de grandes terratenientes que explotaban a los anteriores dueños de las tierras. Haití iba en picada, pero a los burócratas norteamericanos solo les importaba que los grandes conglomerados agricultores norteamericanos estuvieran contentos y el mientras Washington estuviera pagando por sus perdidas a punto de subsidios que importaba participar en el experimento, al final solo podían pasar dos cosas: 1) no funcionaba, en cuyo caso recogían las maletas y tomaban el próximo avión a Miami y 2) funcionaba y aumentaban las ganancias en el próximo cuarto. Lamentablemente lo primero fue lo sucedió, y cuando el barco hizo agua las ratas saltaron primero.

Con el monocultivo culturalmente insostenible, los norteamericanos entonces pusieron los ojos en las posibilidades ganaderas haitianas, las cuales consistían en importar a Haití nuevos, mejores, más grandes y más rosados cerdos norteamericanos. El problema de Haití era que su ganado no era comercialmente sostenible y con este influjo genético las cosas cambiarían de la noche a la mañana. Pero por cosas inexplicables de la vida, los cerdos norteamericanos se negaron a comer la basura que los haitianos acostumbraban alimentar a los suyos y hasta empezaron a morirse de calor a pesar de que venían de Florida. ¿Solución? La comida hecha de trigo enriquecida con vitaminas que por generaciones han acostumbrado comer. Esto, por supuesto y sin que nadie se le ocurriera de antemano, los convirtió en una pesadilla para los haitianos, que a duras penas podían pagarse la comida de ellos mismos.

El proyecto fue un completo desastre, y tras la debacle, el país quedo, no con una agricultura destruida, no con una ganadería destruida, sino con una agricultura y una ganadería inexistente.

Pero según la Casa Blanca esto solo era un tropiezo en el camino a la gloria, y comenzó a promover el tipo de cosas que convirtieron a la mayoría de las capitales latinoamericanas en inmensos guetos. Mas maquiladoras fueron construidas en los alrededores de Puerto Príncipe (que extranjero iba a querer vivir lejos del aeropuerto) y de esta manera la arruinada clase campesina haitiana empezó a mudarse en masa a las zonas urbanas, a vivir en ranchos y trabajar ensamblando muñecas y mesas de domino. Esto, claro esta, ya no lo pagó nadie y a Aristide se le garantizo protección a cambio de aceptar los términos de unos préstamos del Fondo Monetario Internacional que como de costumbre solo ofrecían más de lo mismo.

Y como a Haití había que mantenerla de alguna manera, comenzó el plan de importación de alimentos concentrados. Un mezclote a base de proteínas del que actualmente aún se alimentan 5% de los haitianos.

LÓGICA DE WASHINGTON: Como vaya viniendo, vamos viendo

Tras ser derrocado en 1991, Aristide fue acogido por el gobierno venezolano (cosa que, por cierto, junto al enfrentamiento de Carlos Andrés Pérez con Otto Reich sobre sus relaciones con Fidel Castro y la extradición de Orlando Bosch más tarde curiosamente terminaría en su remoción del poder sin que Washington moviera un dedo), los militares que lo tumbaron tenían el apoyo de buena parte del pueblo haitiano que veían en el ex-presidente algo poco menos que el monstruo que en realidad es. El tipo era un extremista no mucho mejor que los que lo suplantaron, pero como un dólar es un dólar, y los dólares en el gobierno de Cedras no estaban cayendo en las manos correctas, Aristide era sin ninguna duda el verdadero bastión de la democracia haitiana. Que a su regreso el control del negocio telefónico de la isla, cuyo presidente era hasta hace poco la esposa del mismismo presidente, pasara a manos de empresas norteamericanas es amigos míos, pura coincidencia.

Pero como nada dura para siempre, con la caída de Clinton, el gobierno conservador de George Bush no vio el punto de continuar la farsa haitiana. Al final, la estabilidad mediática de la que gozaba la isla hasta el 2000 se consideraba un triunfo político de los demócratas y esto era, por supuesto, insostenible.

Así que sin apoyo de Washington, un 80% de desempleo y dos tercios sufriendo de desnutrición, Aristide asistió a las elecciones presidenciales del 2001 apoyado por los únicos que vieron su caída en gracia con oportunismo: los carteles colombianos. Y cuando ganó con un 98 por ciento de los votos y un 60% de participación electoral, los observadores internacionales inmediatamente declararon foul cerrando las puertas a créditos internacionales y ayuda humanitaria que lo habían mantenido en el poder más de lo que en realidad lo merecía, lo cual dejo a Haití, tras diez años de inestabilidad en la misma situación en que se encontraba en 1991.

Y con la salida de los norteamericanos del juego empezaron a planificarse las cosas tal y como Clinton lo había hecho mientras estaba en el poder. Es decir, a punta de conveniencia.

LÓGICA DE WASHINGTON: Mueve la pieza a GO y cobra 200

Cuando Cedras fue removido del poder en 1995, una de las primeras acciones que la ?fuerza policial? norteamericana llevo a cabo fue el asalto al palacio presidencial, de donde cargaron con el archivo presidencial entero. Este archivo, que probablemente tenia los nombres y relaciones de todas las operaciones de la DEA y la CIA en Haití, fue el objeto de una petición de devolución por parte del gobierno de Haití, pero esto nunca sucedió.

Aristide quería estos documentos para extirpar a opositores del gobierno, y Washington para evitar desenmascarar su participación en la destrucción del país, pero al final serían utilizados por el actual gobierno de George Bush para fines más nobles; según él.

Uno de los nombres que debe repetirse en estos documentos es el de Emmanuel "Toto" Constant, quien durante el gobierno de Cedras dirigió algo en el ejército llamado el programa de represión civil. Más tarde figura clave en el escuadrón de la muerte haitiano.

El periódico norteamericano The Nation revelaría a finales de los años noventa que Constant era un agente encubierto de la CIA en Haití, por lo que cuando Aristide volvió a Haití, Constant, en vez de ser enjuiciado en la isla, fue arrestado y enviado a prisión en los Estados Unidos, donde fue rápidamente puesto en libertad y supuestamente deportado a Haití.

Que se sepa Constant nunca abandono el país y hoy en día se baraja que el fue uno de los titiriteros en el reciente golpe contra Aristide. ¿Por qué? Por la participación de alguno de sus antiguos relacionados, hoy mejor conocidos como lideres rebeldes, Louis Jodel Chamblain, un asesino a sueldo ex-miembro del ejercito y Guy Phillipe, otro ex-soldado. ¿Esta Constant todavía trabajando para la inteligencia norteamericana? ¿Quien sabe? Pero por lo que vemos el último capítulo en la triste historia de Haití aun no se ha escrito.

O mejor dicho, si se había escrito pero lamentablemente los archivos presidenciales desaparecieron en el caos que siguió a la partida de Aristide. ¿Casualidad? En su lugar se encontraron $350,000 en efectivo escondidos debajo de la cama del ex-presidente, prueba irrefutable, según la Casa Blanca de que Aristide no era más que un delincuente común. Una de esas cosas que aunque ciertas, uno no sabe si creer. Ya veremos que pasa.

Enlaces de Interés

1. Página de la CIA sobre Haití (Inglés)

1. Página oficial de la Embajada de Haití en Washington(Inglés)

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