El Nuevo Cojo Ilustrado

A+ A A-

El pasado 19 de agosto, un actor que conocí durante la producción mi primera película mandó todo al mismísimo demonio. Ese día compró una botella de Bacardi Limón en una farmacia (God Bless America), dejó varios mensajes de voz en el buzón de su novia y se emborrachó mientras escribía una larga e incoherente carta a una hermana que no había visto en una década.

Tom estampó su firma por última vez al final de un papel arrugado por sus lágrimas y, a juzgar por los envases encontrados alrededor de su cadáver, procedió a ingerir todo lo que consiguió en el gabinete del baño: una botella de Nyquil, una de Robitussin, dos cajas de aspirinas, cuatro viagras, un puñado de antialérgicos, antiinflamatorios y suficientes calmantes y analgésicos para clavarse una navaja a medio brazo y abrirse la piel hasta la muñeca sin titubeos. Algo "extraordinario", según el parte policial, ya que aparentemente (y a diferencia de la mayoría de los suicidios de este tipo) Tom no vaciló mientras se abría el brazo como una baguette.

Publicado en Narrativa
© Copyright 2003-2006 El Nuevo Cojo Ilustrado Media Llc. Todos los derechos reservados. Este material no puede ser publicado, transmitido, reescrito o redistribuido sin consentimiento del autor.

Entrar or Registrarse

LOG IN

Registrarse

User Registration