El Nuevo Cojo Ilustrado

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Querido novio:

Siento comunicarte que nuestra relación ha llegado a su fin. Como soy una romántica y pienso que el amor puede con todo, me propuse firmemente que nuestra diferencia de edad (18 años) no fuera un problema. Es por ello que pasé por alto tu adicción a la Nintendo y a que el iPod y iPhone sean una extensión más de tu cuerpo.

La gota que colma el vaso es el sexo. Me explico: A diferencia de mi generación (que creció sin Internet) tú lo hiciste delante de la pantalla, iniciándote en las "debilidades de la carne" con la pornografía. Desarrollaste tu psique desde muy pequeño mirando gonzo, triples penetraciones y lluvias doradas. Es normal, no te culpo, estaban a tu alcance en un clic de ratón. El problema es que creciste pensando que el sexo era aquello que te enseñaron.

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Hace unos meses se quedó en mi apartamento de Los Ángeles un ex-colaborador del Nuevo Cojo Ilustrado. Tenía unos cinco años que no lo veía pero había mantenido contacto con él y su esposa vía Facebook. Entonces ellos vivían en Massachusetts y hablábamos bastante por teléfono pero, como suele suceder en las relaciones a larga distancia, nos habíamos alejado poco a poco y sin darnos cuenta.

Siempre le tuve mucho a aprecio a "Ramón" (el nombre ha sido cambiado para proteger la privacidad del personaje) porque su apoyo fue esencial en los primeros días de la publicación. Por eso, cuando llamó para pedir alojamiento por unos días no dudé en aceptar a pesar que, aparte de un par de llamadas, por años nuestra única interacción había sido "gustar" fotos en nuestras paredes.

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El pasado 19 de agosto, un actor que conocí durante la producción mi primera película mandó todo al mismísimo demonio. Ese día compró una botella de Bacardi Limón en una farmacia (God Bless America), dejó varios mensajes de voz en el buzón de su novia y se emborrachó mientras escribía una larga e incoherente carta a una hermana que no había visto en una década.

Tom estampó su firma por última vez al final de un papel arrugado por sus lágrimas y, a juzgar por los envases encontrados alrededor de su cadáver, procedió a ingerir todo lo que consiguió en el gabinete del baño: una botella de Nyquil, una de Robitussin, dos cajas de aspirinas, cuatro viagras, un puñado de antialérgicos, antiinflamatorios y suficientes calmantes y analgésicos para clavarse una navaja a medio brazo y abrirse la piel hasta la muñeca sin titubeos. Algo "extraordinario", según el parte policial, ya que aparentemente (y a diferencia de la mayoría de los suicidios de este tipo) Tom no vaciló mientras se abría el brazo como una baguette.

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Mi amigo no sólo ronca, también hace ruiditos con la boca, como los viejos cuando mascan agua.  Lo estoy oyendo con detalle.  Tengo toda la noche para hacerlo.  El insomnio es así, te pone detallista, iluminado, sublime, poético, gilipollas.

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