Eres la alfombra
de hálito mortecino
que conduce a la perdición,
prometiendo con destellos de neón,
fama, felicidad, amistad, prestigio...
que al final se convierten
en deteriorante ambición.
Soy inmune a tus encantos,
porque en mi espíritu
reside el fervor,
hacia el campo aterciopelado,
apacible, abierto,
exento de corrupción,
en donde el grillo
de cadenas liberado,
canta con su propia voz.