El Nuevo Cojo Ilustrado

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Kool Aid

Culei era el malandro más malo de la barriada. Nadie como el tenía tanta carga de odio comprimida, característica que lo hacía el jefe de los maleantes del lugar. Era un tipo extremadamente alto y gordo muy parecido a la figura del refresco que tomábamos cuando pequeños, cuya imagen le había dado el sobrenombre que con tanto orgullo llevaba y el cual le daba cierta preponderancia entre quienes conformaban su círculo hamponil.

Publicado en Narrativa

Reagan llega al cielo

Publicado en Editorial

El arte de hacer volar a un gato

Siento un gran interés por el arte moderno. No porque me guste en sí mismo—casi nada posterior a Andy Warhol ha conseguido gustarme— sino porque me fascina el circo que lo acompaña y se monta a su alrededor. Y, sobre todo, porque me gusta ser sorprendido. Y el arte moderno parece tener una inagotable capacidad para sorprenderme. Por eso si voy a Londres no dejo de visitar la Galería Saatchi, y me trago puntualmente (por la prensa; mi presupuesto no da para ir a Londres con tanta frecuencia) cada edición de los premios Turner, de la feria Arco de Madrid y de, entre otras, la muestra KunstRai de Amsterdam. En cuanto que buscador de sorpresas, el arte moderno nunca me ha decepcionado: he visto artistas vender su cama deshecha, carroñas guardadas en formol o sus propios excrementos enlatados. He visto a un chino cocinar y comerse un feto humano (falso, por fortuna), a unos ingleses pintar caras de payaso sobre unos aguafuertes de Goya (auténticos, por desgracia) y hasta al Dalai Lama con metralleta. Lo que no había visto nunca era un gato volando.

Pues ahora ya lo he visto.

Publicado en Artes

Los cristales del recuerdo

Para ser honesto, los hechos se desarrollaron debido a uno de esos accidentes que pasan en la vida. Confieso que siempre sentí la necesidad de conservar los viejos cristales de mis lentes obsoletos. Aunque los sabía inútiles por el avance implacable del astigmatismo, religiosamente los engavetaba después de envolverlos con cuidado en un pequeño pedazo de papel.
Esa noche, mientras buscaba una araña disecada en un cajón lleno de cosas de poco uso, tomé uno de los anacrónicos vidrios levantándolos al trasluz por curiosidad. Cual no sería mi sorpresa al ver que en la pared de enfrente se proyectaba la imagen de una cara que había visto hacía mucho tiempo. Sacudí el cristal y la figura del rostro se cambió por la de una página de libro que también había pasado por mis ojos; la agité de nuevo, y esta vez en su lugar apareció un paisaje.

París huele a queso

A veces, leyendo la Biblia, me he preguntado cuál es la maña de Dios de ser siempre tan hiperbólico. Las metáforas eclesiásticas tienen muchas implicaciones, algunas de ellas netamente literarias, puesto que se trata de un libro que pretende plasmar la voz del creador y no la compilación de recetas del maestro Scannone. En ciertas ocasiones tiendo a implicar más bien a los transcriptores, y veo a Dios diciendo algo como "vaya, escriban allí que va a venir la reventazón general", y los escribanos, que seguramente eran admiradores de la poética de Safo, decorando la cuestión con carrozas que bajan del cielo que arde y bla, bla, bla.

Publicado en Narrativa

Mi tía pierde la cabeza

Yo no sé por qué mi tía Lela agarró el cuchillo. Dadas las circunstancias, el día había comenzado bastante bien. Mi abuelo de 84 años había muerto y toda la familia se había reunido en El Paso para asistir al velorio. Estábamos sentados en el comedor comiendo el desayuno cuando tía Emma le preguntó a alguien si podía pasarle el jugo de naranja... Entonces Lela explotó.

Publicado en Narrativa

¿Tuvo cocaína la Coca-Cola?

Raúl: Voy directo al grano. Existe un mito que estamos discutiendo en la oficina. ¿Tuvo o tiene cocaína la Coca-Cola? Esperamos tu respuesta oh Gran Maestro para ver quien se gana un viaje con todos los gastos pagos al bar de la esquina el próximo viernes. Ilumínanos con tu sabiduría, y si estás en la ciudad, estas cordialmente invitado a la cita. Francisco Tovar desde México, DF

Publicado en El Sabelotodo

Cristo comestible

Cómo cocinar un Cristo para dos personas: se toma un Cristo macilento para dos personas; tras descolgarlo de la pared, con un cuchillo se extraen las alcayatas y se le separa de la cruz. Se descostra bañándolo en agua tibia y se seca cuidadosamente. Los estigmas pueden mecharse con tocino. En una fuente, y sobre lecho de cebollas, colocaremos al Cristo, al que untaremos con abundante mantequilla. Se deja en horno moderado durante tres días, al cabo de los cuales sale él solo.

Publicado en Cine

Carta a mi novio adicto al porno

Querido novio:

Siento comunicarte que nuestra relación ha llegado a su fin. Como soy una romántica y pienso que el amor puede con todo, me propuse firmemente que nuestra diferencia de edad (18 años) no fuera un problema. Es por ello que pasé por alto tu adicción a la Nintendo y a que el iPod y iPhone sean una extensión más de tu cuerpo.

La gota que colma el vaso es el sexo. Me explico: A diferencia de mi generación (que creció sin Internet) tú lo hiciste delante de la pantalla, iniciándote en las "debilidades de la carne" con la pornografía. Desarrollaste tu psique desde muy pequeño mirando gonzo, triples penetraciones y lluvias doradas. Es normal, no te culpo, estaban a tu alcance en un clic de ratón. El problema es que creciste pensando que el sexo era aquello que te enseñaron.

Publicado en Narrativa

¿Existe la pava?

Estimado Maestro: No hay nada que haga o deje de hacer que mi madre no tilde como posible causa de algún tipo de suerte (usualmente mala). Si pongo los zapatos en la cama, estoy invocando a los muertos y es mala suerte. Si me barro los pies, lo mismo (hasta ahora estoy condenado a la soltería eterna). Y ni hablar de pasar por un cementerio y no santificarme o prender tres cigarrillos con un solo fósforo. Estoy lejos de creer que esto sea cierto, pero Maestro, dígame ¿De dónde viene tanta superstición barata? ¿Existe la mala suerte?

Carlos Domínguez, Managua, Nicaragua.

Publicado en El Sabelotodo
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