María Carolina Taboada vino al mundo en Caracas, Venezuela, en 1974. De padres psiquiatras y divorciados, su infancia no fue precisamente lo que se llamaría envidiable. En 1998 se gradúa de Comunicación Social en la Universidad Católica y en su primera entrevista de trabajo se da cuenta de que haberse copiado durante toda la carrera no fue muy buena idea.
Luego de cursar un par de trimestres de la Maestría de Literatura Latinoamericana, se inscribe en un curso de panadería y repostería para terminar, según sus propias palabras, "donde toda mujercita emancipada teme estar: en la cocina".
A pesar de este paso en falso, consigue un cambur en HBO Latinoamérica. Fue editora en jefe de El Nuevo Cojo Ilustrado y sobrevive en la misma ciudad que la vio nacer, la Sultana del Ávila.
Son las 6:14 AM y ya me estoy bajando de un taxi. Hoy me van a sacar las amígdalas y siento esa morbosa emoción predesvirgante del que jamás ha estado en un quirófano. A las 11 AM me van a operar. Cuando despierte de la anestesia, seguro que me sentiré extraña. Además, hoy cumplo 30 años. Mi familia se enferma tanto, que en la Clínica Santiago de León —nuestro sanatorio preferido— las enfermeras nos preguntan si somos accionistas. Pero mi Seguro Médico no fue aceptado en tan digno centro hospitalario, y me mandaron para una clínica que desde afuera parece más bien un Parasistema.
Hace dos números, Nicolás Pereyra, astrofísico venezolano y gurú sideral con experiencia en centros espaciales estadounidenses, publicó un artículo sobre los agujeros negros. Y no nos referimos al que están pensando.
Como no hay preguntas estúpidas, sino personas estúpidas que preguntan preguntas estúpidas, le pedimos a nuestros lectores que nos envisen todas las dudas que tuvieran sobre los agujeros negros (otra vez, no, no esos agujeros negros) con la promesa de que se las haríamos llegar a Nicolás. La respuesta fue soberbia y a continuación transcribimos las respuestas de Nicolás Pereyra, que amablemente sacó tiempo de su vida académica para darnos una explicación sencilla sobre qué son los agujeros negros.
Es de hacer notar que Nicolás realmente ha cambiado nuestras vidas, ahora todos los eruditos de la comandancia editorial de El Nuevo Cojo manejamos una connotación asexual de lo que es un agujero negro; es más, ahora llegamos a las fiestas y no sin cierto donaire iniciamos conversaciones con: Disculpa, ¿quieres que te cuente lo que pasa en el cielo? Nicolás, gracias por los favores recibidos.
Te amo con tus silencios de miedo de duda
de costumbre
con la infancia que te salpicó los brazos
con tus caricias de manos atadas con el canto anunciador de tu apocalipsis diaria