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Ernesto Guevara en los estudios de CBS en Nueva York donde participó en el programa de opinión "Face the Nation" el 13 de diciembre de 1964.Ernesto Guevara en los estudios de CBS en Nueva York donde particip√≥ en el programa de opini√≥n "Face the Nation" el 13 de diciembre de 1964.¬© AP/Corbis

Myrna Torres Rivas, revolucionaria latinoamericana, nacida en Centroamérica, en la ciudad de Chiquimula, fronteriza con El Salvador y con Honduras, nos saluda y nos muestra la curiosidad de "una planta que tiene alma", una bellísima violeta de cuatro pétalos que "se abre cuando nace el sol y se cierra al anochecer". Más para ella tienen alma también tres textos que guarda entre sus cosas más queridas. Uno, el Che lo tituló "Otra vez".

Es el diario personal de su segundo viaje por Latinoamérica, en agosto de 1953, cuya redacción interrumpe al partir rumbo a Cuba en el Granma, en noviembre de 1956.

El segundo es "Che Guevara. Los a√Īos decisivos", de su ya fallecida primera esposa, la peruana Hilda Gadea. Y el tercero, manuscrito, su propio diario de muchacha.

Cuenta ella que Ernesto Guevara se hizo revolucionario militante en Guatemala.

"La peruana jug√≥ un relevante papel en la vida del m√©dico argentino y lo present√≥ a diferentes personalidades guatemaltecas. En una carta de Ernesto a sus padres les confiesa que desarrolla 'unas interminables discusiones con la compa√Īera Hilda Gadea, una muchacha aprista a quien yo, con mi caracter√≠stica suavidad, trato de convencerla de que se largue de ese partido de mierda. Tiene un coraz√≥n de platino lo menos. Su ayuda se siente en todos los actos de mi vida diarios, (empezando por la pensi√≥n)'".

Myrna trabajaba junto con Hilda en el Instituto Nacional Fomento de la Producci√≥n (INFOP), dirigido por el doctor hondure√Īo N√ļ√Īez Aguilar, que hab√≠a estudiado en la Argentina y a quien Ernesto, acompa√Īado por su compatriota Eduardo Garc√≠a (Gualo), le trajo una carta de presentaci√≥n.

"Fue Aguilar quien llamó a Hilda para presentarle a los dos argentinos. Así ella conoció a Ernesto. Y como yo era su amiga, ese día de diciembre de 1953 me los presentó a mí".

Myrna había conocido antes a otros jóvenes argentinos que pasaron por el propio INFOP, "pero diferentes, engreídos y con el pelo engominado".

"Ernesto, en cambio ‚ÄĒdice‚ÄĒ me dio la impresi√≥n, con su camisa de mangas largas arrugada, sin planchar, de una persona sencilla, un pobre con cara de estudiante. S√≥lo al hablar con √©l me di cuenta de que era un joven culto. Me llam√≥ la atenci√≥n su forma modesta de vestir, pero ‚ÄĒaunque nadie me lo va a creer‚ÄĒ f√≠sicamente no me gust√≥. A mi familia s√≠. Espiritualmente me cay√≥ bien, porque le gustaba el deporte y montar a caballo, tambi√©n preferencias m√≠as, pero √©l como hombre, no. Te digo la verdad: el que me gust√≥ fue su amigo Gualo".

II

Fue Hilda Gadea la que se enamor√≥ de Ernesto. Por ella Myrna conoci√≥ a los cubanos √Ďico L√≥pez, Armando Arencibia, Dar√≠o Gonz√°lez (El Gallego) y Mario Dalmau, exiliados en Guatemala luego del asalto al cuartel de Bayamo, el 26 de julio de 1953.

"Yo hab√≠a regresado de estudiar en Estados Unidos, era inmadura pol√≠ticamente y s√≥lo quer√≠a fiestar y bailar. √Ďico L√≥pez me hab√≠a hablado de los carnavales en La Habana y organic√© una especie de conga cubana en la capital guatemalteca. Alquilamos un cami√≥n y yo me disfrac√© de diablo. Un amigo hondure√Īo iba tocando el acorde√≥n y un nica la guitarra. Transitamos la calle principal. Todos nos ve√≠an como una cosa rara, anormal en mi pa√≠s, sobre todo un 31 de diciembre. Le dije a Hilda que invitara a Ernesto y a Gualo, pero no lo hizo, tal vez por temor a perder a su posible pretendiente".

Seg√ļn ella, √Ďico L√≥pez, de admirable madurez pol√≠tica, aun superior a su modo de ver a la de Ernesto en ese instante, aunque no tan culto, fue el primero que le habl√≥ de Fidel y del socialismo. Le dijo: "Te lo voy a presentar. Es de convicci√≥n firme, un abogado talentoso y visionario, alto, fuerte. Vamos a hacer la Revoluci√≥n y a triunfar y te vamos a llevar a cumplir una tarea importante". Le hablaba de todo eso, cuando para ella el socialismo estaba muy lejano.

√Ďico L√≥pez y el Che se conocieron en la casa de los padres de Myrna, en enero de 1954. Estaban presentes el argentino Ricardo Rojo y el cubano Armando Arencibia. "All√≠ ese d√≠a estaba mi pap√°. Recuerdo que el propio Ernesto una tarde le confes√≥ a un venezolano al que llamaban 'Gallegos' que mi progenitor era para √©l 'como mi padre espiritual', porque le habl√≥ mucho de Sandino y de Rub√©n Dar√≠o y a Guevara le gustaba mucho la poes√≠a.

"Ernesto no era comunista al llegar a mi patria. Se convence del verdadero comunismo con los camaradas del Partido all√°, y se lo dice a su madre en una carta. Ten√≠a la experiencia de sus viajes por Am√©rica Latina y amaba la justicia m√°s que nada, por eso la simpat√≠a mutua entre √©l y √Ďico L√≥pez.

"Cuando se refugia transitoriamente en la Embajada de Argentina tras la caída de Jacobo Arbenz, allí se encuentra con un grupo de camaradas de mi país, de gran valor humano y revolucionario, probados al final de sus vidas, como Ricardo Ramírez, fundador y Comandante del Ejército Guerrillero de los Pobres, y Víctor Manuel Gutiérrez, fundador del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), maestro, para mí el Santo del Comunismo guatemalteco, uno de nuestros grandes desaparecidos. Entre ellos mi novio, Humberto Pineda (después mi esposo) y su hermano Luis Arturo. A los dos los sacó Ernesto en un auto de la Embajada.

"Guatemala fue el primer pa√≠s donde hubo desaparecidos. En marzo de 1966, mi esposo, su hermano y V√≠ctor Manuel Guti√©rrez, estaban en la lista de los desaparecidos, conocidos como 'el grupo de los 28'. Con este caso se inaugura ‚ÄĒdig√°moslo sarc√°sticamente‚ÄĒ la modalidad de desaparecer a los revolucionarios en Am√©rica Latina. 'La Mano Blanca' fue la primera organizaci√≥n paramilitar guatemalteca. La dirigi√≥ el terrateniente Sandoval, opuesto a la Reforma Agraria. A√Īos despu√©s los servicios secretos de la Argentina lo mandaron a buscar para fundar 'La Triple A', la causante de los desaparecidos all√≠, donde es condecorado".

III

Myrna confiesa que tiene tres sangres: "De indio, por mi padre; de espa√Īol, por mi madre y de negro, tambi√©n por mi padre, pues mi abuela paterna era mulata".

Argumenta que en la obra del Che se aprecia c√≥mo busc√≥ las ra√≠ces de la injusticia y del sufrimiento de los indios. "Comprendi√≥ que ellos fueron los verdaderos due√Īos de nuestra Am√©rica. En su oficina de Ministro de Industrias, el 5 de julio de 1962, al decirle que mi hermana Grazia Leda se quer√≠a inclinar por la Antropolog√≠a, √©l me dijo: 'Yo tambi√©n en un momento de mi vida quise estudiarla, me interesaban las ruinas y todo eso, pero es mucho m√°s fascinante para m√≠ la Revoluci√≥n'.

"Supe por "Los a√Īos decisivos", de Hilda Gadea, que Ernesto ley√≥ el texto "Huasipungo", del ecuatoriano Jorge Icaza, sobre la agon√≠a ind√≠gena y que conoci√≥ al autor en el puerto de Guayaquil.

"√Čl quiso siempre a los humildes, en medio de su aparente dureza. Fue duro con el enemigo y con lo injusto, pero tierno con los pobres, como con la anciana Mar√≠a, a la que vio morir ya sin remedio en un hospital de la ciudad de M√©xico donde trabajaba, y en un poema, entre otras cosas, le dice: 'Toma esta mano de hombre que parece de ni√Īo/ en las tuyas pulidas por el jab√≥n amarillo./ Restriega tus callos duros y los nudillos puros/ en la suave verg√ľenza de mis manos de m√©dico (...)'".

Myrna dio al Che los versos de Mario Roberto C√°ceres, El Patojo, que √©l incluy√≥ en "Pasajes de la guerra revolucionaria". Se enorgullece de haberse casado con un hombre valiente y nos revela una faceta desconocida de su madre, Marta Rivas, "porque su pap√°, mi abuelo, Francisco Figueroa, que no lleg√≥ a contraer matrimonio con mi abuela, se cas√≥ con Am√©rica Palma, la √ļnica hija del poeta cubano Jos√© Joaqu√≠n Palma, autor del texto del Himno de Guatemala.

"Un d√≠a dijeron a mi hermano que yo me reun√≠a con sospechosos. Eran Elena Leiva de Holst, hondure√Īa, culta, rica, nieta de un presidente de Honduras, ya mayor, amiga de Ernesto, a quien daba de comer. Adem√°s, el norteamericano Harold White, tambi√©n amigo del Che, al que llamaba 'el Gringo' y muri√≥ en Cuba hace a√Īos. Los otros eran el propio Ernesto, √Ďico L√≥pez y los dem√°s cubanos fidelistas".

IV

Fue el Che quien arregl√≥ los papeles para que Myrna viajara a Cuba en 1962. Ella estuvo doce a√Īos en M√©xico, viviendo sin permiso de trabajo, clandestina, haci√©ndose pasar por mexicana, pues nunca le dieron asilo. All√≠ se cas√≥ con Pineda el 2 de julio de 1955, cuando ya era aeromoza de Mexicana de Aviaci√≥n. Vino a vivir a la Isla en 1964, hasta 1980 y aqu√≠ se cas√≥ en segundas nupcias con Luis Font Ti√≥. Al triunfar la Revoluci√≥n Sandinista residi√≥ en la patria de su padre, Nicaragua. Y vive en La Habana desde 1998.

El Che particip√≥ en distintas actividades organizadas por Myrna en Guatemala y en M√©xico. El 2 de noviembre de 1956 ella invit√≥ a Ernesto y a Hilda a una comida t√≠pica, un "fiambre". Cuando s√≥lo hab√≠an llegado Hilda con su ni√Īa y el argentino Moyano, tocaron a la puerta. Eran √Ďico L√≥pez y otros tres cubanos, entre ellos Ra√ļl Castro Ruz. √Ďico se los present√≥. Myrna los invit√≥ a comer, pero estaban apurados y se fueron. Buscaban afanosamente al Che.

Días después Ernesto e Hilda visitaron a los padres de Myrna, también residentes en México. El Che acarició a la perrita Ballerina. Sin decir nada, se estaba despidiendo de todos, hasta del animalito.

En la segunda quincena de noviembre, Hilda Gadea, que estaba con Ernesto en su apartamento en la Colonia Nápoles, llamó por teléfono a Myrna. La invitó a ella, a su esposo Humberto, a su hermano Edelberto y al también guatemalteco Nayo Lemus. Los tres hombres no pudieron acudir a la cita. Era también la generosa despedida del Che.

"Las m√°s grandes virtudes del Guevara que conoc√≠ fueron la honestidad y el valor al decir las cosas, y la coherencia entre su hablar y su actuar. No hab√≠a enga√Īo en √©l. Aunque a veces parec√≠a hasta pesado, no enga√Īaba a nadie. Y era muy sensible. Cuando habl√© con √©l aquella vez en su oficina de Ministro, acarici√≥ a su perro Muralla y me pregunt√≥ por nuestra perrita azteca Ballerina. As√≠ era este hombre".

Luis Hernández Serrano es un periodista cubano miembro del staff del periódico cubano Juventud Rebelde.

5 comentarios

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