El color saturado sirve para irradiar esta calidez . Sobrecarga el cielo de azul, ofreciendo así una atmósfera translúcida, la cual contiene el radiante sol marabino, lleno de la algarabía de la escena al ser penetrado por los papagayos que vuelan libres en el firmamento y que con su luz hace que el color se purifique, que la luz recorra libremente todos los rincones de su pintura.
Aldo Storey transmite la exaltación y espontaneidad del niño en su arte. Pinta sin prejuicios, sin tradición, sin reglas ni doctrinas. Su trabajo artístico no pasa desapercibido porque su presencia es impactante. La armonía del color está siempre presente en su paisaje civilizado, evocando al Maracaibo de las viviendas de los techos rojos ya casi inexistente. Storey pinta casas y edificios de una manera plana, sin volumen, presentando las características de un rompecabezas. Utiliza formas de color sólido llenando los espacios, delimitándolo e impidiendo que traspase la barrera de la impresión cromática vecina, reafirmando así la realidad física bidimensional de la superficie pictórica.
Utiliza líneas rectas como infraestructura para sustentar estas edificaciones y en el conjunto de color y de construcción de las formas, surge la ilusión de formas tridimensionales.
Storey comparte con el espectador la visión de la ciudad que lo vio nacer, la ciudad del sol ardiente, de la gente espontánea. La hermosa ciudad de Maracaibo con sus atardeceres cargados de color, la cual lleva muy arraigada en su pensamiento. Deja ver en ella la reminiscencia de un pasado transcurrido en hermandad, en tranquilidad, compartiendo la ciudad de aquel entonces, compartida alegremente por todos los que allí vivían.
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