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Son las siete en punto de la noche en la iglesia de St. Mary en la
Calle 125 del West Side de Nueva York y el lugar parece una base
militar. Esta vieja catedral alberga un grupo de miembros de la
fundación School of the Americas Watch (Observadores de la Escuela
de las Américas), un grupo estadounidense solidario con América
Latina cuyo objetivo es el cierre de la misma. Críticos de la
“Escuela de las Américas” le ha puesto el apodo de “Escuela de
Asesinos.”
Juan Carlos Galvis
se acerca al podio lentamente pero con decisión. Carga el peso del
mundo sobre sus hombros, porque sabe muy bien que pudo haber sido
una de las víctimas de Coca Cola. Hoy Galvis es el vice-presidente
de
SINALTRAINAL, el
sindicato de la planta de Coca Cola en Colombia y uno de los
sortarios sobrevivientes de un intento de asesinato. Todavía lleva
en su rostro el susto de haber visto la muerte tan de cerca -una
expresión peculiar de ausencia que nació de haber visto de cerca
dentro del cañón de una pistola-. Ahora siempre usa un chaleco
antibalas y viaja en carros blindados con vidrios antibalas.
Galvis nos cuenta con lucidez como, tras ser llevado hasta su
casa por sus guardaespaldas, dos sicarios se acercaron a su carro en
motocicletas. Estaba a unos 50 metros de la esquina de la Calle 47 y
Avenida 19, en frente del Colegio Santo Tomás, en las afueras de
Barrancabermeja. “Me apuntaron con sus armas”, cuenta Galvis, viendo
desde el podio hacia los bancos de caoba llenos de gente. “Ese día
los guardaespaldas me salvaron la vida, porque sacaron sus pistolas
y abrieron fuego haciendo que los asesinos huyeran en sus
motocicletas.”
Este foro está patrocinado por estudiantes, pacifistas y miembros
de la Iglesia, así como por proletarios de izquierda, incluyendo al
padre Roy Bourgeois,
el fundador de SOA Watch.
El sindicalista colombiano mantiene a la pequeña multitud al vilo
de sus asientos con la historia del atentado del pasado agosto 22,
llevado a cabo -según él- por los paramilitares.
“Temo
por mi vida hoy en día” -dice con voz quebrada-, "En Colombia esto
es el pan nuestro de cada día. Hasta el momento, los paramilitares
han asesinado a
nueve empleados de Coca Cola durante
los últimos 12 años. Cuarenta personas han sido desplazadas,
seis trabajadores han sido secuestrados y mas de 65 han recibido
amenazas de muerte.”
El 9 de septiembre del 2003 -el Día Nacional de los Derechos
Humanos en Colombia- Coca-Cola cerró 10 de sus fábricas. “Y como los
trabajadores no se fueron por su propia voluntad" -afirma Galvis-
“fueron despedidos.”
Las cifras quitan el aliento: 400 trabajadores han sido
despedidos de acuerdo a Galvis. “Y creo que hacen esto sólo para
tener más ganancias,” añade. “Con esto es más que claro que quieren
eliminar el sindicato.”
Nuevos trabajadores, contratados a sueldo mínimo—unos $130 al mes—reemplazaron
a los trabajadores experimentados que abandonaron la planta. Sus
sueldos oscilaban entre $380 y $400 al mes.
“Estamos pidiéndole a gente de todo el mundo que abandone sus
intereses en Coca-Cola” -dice Galvis parcamente- “Tenemos que
detener la violencia. Hasta ahora los países que apoyan la campaña
‘Unthinkable, Undrinkable’ en contra de Coca-Cola incluyen al
Reino
Unido, los Estados Unidos,
Alemania, Italia y Australia.”
Grupos defensores de los Derechos Humanos dan fe de la historia
de Galvis. Eric Olson, el director para las Américas de Amnistía
Internacional en Washington, dice que más de 180 sindicalistas
fueron asesinados en Colombia durante el año pasado. Un gran número
de estos ataques, llevados a cabo por los paramilitares.
“Ellos hacen el trabajo sucio del ejército colombiano” -afirma
Olson- “El Gobierno, muchas veces ha acusado a los sindicatos de
apoyar a la guerrilla, y por eso es que los paramilitares atacan a
los sindicalistas. Piensan que los sindicalistas están conectados
con las organizaciones guerrilleras.”
Lo cual es, en parte, la razón por la cual algunos líderes
sindicales colombianos, incluyendo a Sinaltrainal, junto al
Fondo
Internacional sobre Derechos Laborales (International Labor Rights
Fund (ILRF)) y el sindicato de los trabajadores del hierro de los
Estados Unidos (United Steelworkers of America), han demandado a
Coca-Cola, y a sus embotelladoras
Panamco (la más grande
Latinoamérica) y a “Bebidas y Alimentos”. En la demanda afirman que
las embotelladoras de Coca-Cola contrataron a las fuerzas
paramilitares para asesinar, torturar, detener ilegalmente o
silenciar a líderes sindicales.
La demanda también alega que los paramilitares colombianos fueron
entrenados en el
Instituto De Cooperación Para La Seguridad
Hemisférica del Ejército de los EE.UU., que hasta hace tres años era
conocida como la “Escuela de las Américas”, donde los alumnos eran
exhortados a torturar y asesinar a aquellos que se encargan “de la
organización y reclutamiento sindical.”
Galvis está consciente de la conexión entre la violencia y la
“Escuela de las Américas”. “Es un hecho que detrás de cada acto de
violencia se esconde un graduado de la escuela” -dice Galvis
mientras expira y hace gestos con sus manos en el aire-. “Hay muchas
violaciones conocidas a los derechos civiles, pero los paramilitares
son los responsables por la actual guerra sucia en Colombia.”
En marzo del 2003 -comenta Galvis- un juez de distrito del estado
de La Florida sacó a Coca-Cola de la demanda, pero el proceso en
contra de las embotelladoras Panamco y Bebidas y Alimentos continúa.
Esta decisión, por cierto, está siendo apelada por los sindicatos.
Los oficiales de Coca-Cola, por su lado, difieren de las
afirmaciones del líder sindical.
“Obviamente, Colombia es un lugar peligroso debido a la guerra
civil que tienen allá abajo” -dice
Lori Billingsley,
uun vocero de Coca-Cola en sus oficinas de Atlanta-, “Uno de los
alegatos es que Coca-Cola está envuelta en prácticas de destrucción
de sindicatos—y eso no es verdad. Además, nosotros definitivamente,
no apoyamos a los paramilitares.”
Activistas de la SOA Watch están participando en movimientos de
apoyo a los líderes sindicales en Colombia.
Patrick Stanley,
un estudiante de la universidad de Fordham en Nueva York -que acaba
de pasar 6 meses en la cárcel- recuerda haber sido esposado y
arrestado por la policía, para más tarde ser libertado como un
“prisionero de conciencia”.
En el foro en la iglesia de St. Mary, Stanley también habla de la
violencia en Colombia. “En Colombia conocí gente cuyos familiares
han sido asesinados y desaparecidos” -dice él refiriéndose a los
métodos de los paramilitares“ -y en nuestro país debemos seguir
luchando en contra de la escuela de asesinos. Tenemos que cerrarla.
Y cuando la cerremos, tenemos que cerrar todas las que se le
parezcan, porque quién sabe cuantas escuelas como esa existen.”
Diez minutos más tarde, una de las cabezas grises en el público
toma la palabra.
Bill McNulty,
un hombre alto nativo de Long Island, que es tanto pacifista como
veterano de guerra: “Es muy decepcionante cuando uno se encuentra
con gente a la que uno está tratando de impresionar, y se les dice,
tú sabes, la escuela de las Américas, y ellos responden ‘Oh, esa es
la escuela en Riverhead, ¿no?’”
No.
La Escuela de las Américas fue construida en Panamá por el
ejército de los Estados Unidos como un centro de entrenamiento en
1946, aparentemente para aumentar la inestabilidad política en
Centro y Suramérica. Las instalaciones, que fueron mudadas a Fort
Benning, Georgia, en 1984, han entrenado miles de soldados y
ofíciales latinoamericanos. Sus críticos afirman que esta es una de
las organizaciones internacionales más poderosas del planeta. Ex-estudiantes
incluyen al ex-presidente panameño
Manuel Noriega y el infame jefe
del escuadrón de la muerte salvadoreño
Roberto D’Aubuisson.
Las Fuerzas especiales de los Estados Unidos han entrenado en ella a
personal militar de Venezuela, El Salvador, Guatemala, Honduras,
Nicaragua, Argentina, México, Panamá, Bolivia, Perú- e inclusive de
Irak.
El último en subirse al podio es un sacerdote de la orden de
Maryknoll -y uno de los hombres más temidos en círculos militares-.
Su subida es acompanada inmediatamente por el aplauso del público.
El padre Bourgeois, el cabecilla de la SOA Watch, se ve agotado por
su participación en la reciente ronda de protestas. Desde 1990, esta
organización ha coordinado protestas anuales en las afueras de la
sede de la Escuela de las Américas.
“Muchos de nuestros jóvenes están siendo enviados a Irak. Y
nosotros empezamos a preguntarnos cosas básicas como ¿Por qué
nosotros estamos allí? Coca-Cola, el Fondo Monetario Internacional y
el Banco Mundial, van a esos lugares a enriquecerse con la mano de
obra barata y a explotar sus recursos“. Hace una pausa y mira a Juan
Carlos Galvis. “Porque Coca-Cola no puede hacer dinero sin esos
soldados. Por eso tenemos que cerrar la escuela.”
Cada noviembre, Bourgeois protesta contra la masacre de seis
curas jesuitas en El Salvador en 1989, junto a su señora de servicio
y su hija. De las 26 personas acusadas de los asesinatos, 19 habían
entrenado en la Escuela de las Américas. Los organizadores afirman
que más de 10,000 personas atendieron a las protestas el año pasado,
con la mitad de ellos arriesgándose a ser arrestados por entrar a la
fuerza. “Este año la asistencia será mayor” -añade.
Bourgeois estuvo en prisión por más de cuatro años en una cárcel
federal por romper en las instalaciones de la EDA. Él, junto a
otros, se colaron en la base “vestidos con uniformes de oficiales de
alto rango,” cargando una radio casetera que tocaba el último sermón
de Oscar Romero, el arzobispo salvadoreño asesinado en 1980.
Bourgeois describe su arresto como “un momento sagrado” porque
“estos soldados estaban escuchando la voz de Romero otra vez.”
Kenneth LaPlante
es el personero de El Pentágono por el Instituto De Cooperación Para
La Seguridad Hemisférica del Ejército de los EE.UU. Y esta es su
opinión sobre la debacle de Coca-Cola.
“Los conglomerados están tratando de obtener la mayor ganancia
posible”, dice él, y explica que la situación económica en Colombia
es compleja. “Los sindicatos quieren sueldos justos para sus
trabajadores” -pero- “esta lucha es más pronunciada porque Colombia
tiene una clase media más pequeña que los Estados Unidos, por lo que
las cosas se vuelven realmente difíciles.” Y con la introducción de
la cocaína en la economía durante los últimos 50 años “las cosas se
han vuelto realmente malas.”
“La cocaína fue introducida, y ahora tienes un existe un poderoso
trafico en ese país. [Por otro lado] tienes al ELN y las FARC
secuestrando a gente rica a cambio de recompensas. Tienes grupos
indígenas, y además tienes a los paramilitares que trata de hacerse
con ambos.”
-¿Y qué de las fuerzas paramilitares?
-“Los paramilitares son un grupo de antisociales. No son el
Gobierno. Ellos cometieron los asesinatos en la planta de Coca-Cola.
Es una situación difícil porque la gente pobre queda atrapada en el
medio. Pero no creo que Coca-Cola apoye esa violencia.”
-¿Ha escuchado acerca del atentado contra la vida de Juan Carlos
Galvis?
-“Sólo sé lo que leí en los periódicos. Si me das los nombres de
los autores entonces puedo ahondar en el asunto.”
-¿La Escuela de las Américas ha entrenado militares en Colombia?
-“Nosotros hemos entrenado a personal militar colombiano—fuerzas
de seguridad y la policía nacional colombiana. Fueron clases de
liderazgo profesional. Fue parte del programa de educación militar
considerada en la política exterior de los Estados Unidos.
-“¿Eso es todo?— ¿nada de paramilitares?”
De acuerdo a Juan Carlos Galvis, ningún miembro del Instituto De
Cooperación Para La Seguridad Hemisférica puede aducir ignorancia
del lado oscuro de la organización. En las últimas dos décadas,
periódicos, investigadores, congresistas y hasta miembros de El
Pentágono han declarado en contra de la escuela.
“Alguna de la gente que ha ido a la escuela no era del tipo que
tú quisieras invitar en Navidad”, explica Gina DiNicolo, una
especialista en asuntos públicos para el ejército de los Estados
Unidos basada en Virginia. “Pero la nueva escuela enseña principios
sólidos de derechos húmanos; no es sólo una escuela sobre dispara
primero y pregunta después sacada de las películas. El WHINSEC (las
siglas de la escuela en inglés) es una escuela mucho más amplia, que
aunque está aún en manos del ejército, se enfoca en el mantenimiento
de la democracia así como en la instrucción sobre derechos humanos.”
Y tras los ataques contra el World Trade Center, el WHINSEC
asumió un rol mucho más grande en la lucha contra el terrorismo.
“El 11 de septiembre subrayó la importancia de mantener buenas
relaciones diplomáticas alrededor del mundo, y por eso hemos
incluido el curso de anti-terrorismo,” explica DiNicolo. “Porque
conocer a tus vecinos en la comunidad internacional es una buena
política exterior.”
DiNicolo hace hincapié en que muchos en la escuela están
aprendiendo cómo defender sus fronteras. “Si tú no tienes gobiernos
estables” -argumenta ella- “entonces vas a ser más susceptible a
golpes de estado porque tus fronteras están desprotegidas.”
Escuhar a DiNicolo es demasiado. La escuela enseña cursos en
derechos humanos que requieren que los soldados aprendan los más
minúsculos detalles de la organización de infraestructuras
gubernamentales. “Muchos de nuestros graduados se vuelven líderes en
sus países. Algunos de ellos serán protagonistas en sus países en
los años por venir.”
El padre Roy Bourgeois está de acuerdo. Estuvo en Irak el pasado
mes de diciembre, y entiende que uno “no puede controlar los
recursos )de un país) sin potencia de fuego -sin estos hombres
pistola en mano. (El WHINSEC ha) entrenado a más de 60.000 graduados
de Latinoamérica que han proporcionado el músculo para la puesta en
práctica de la política exterior de los Estados Unidos. La escuela
inclusive tiene un manual de tortura que usan en sus entrenamientos
(…) lo cual los ha metido en problemas hasta con El Pentágono.”
La noche en St. Mary se acaba a eso de las 10 PM, y la
muchedumbre rodea a Juan Carlos Galvis. Su rostro refleja que en la
parte de atrás de su cabeza, siempre está el terror a que le
disparen por la espalda en cualquier momento.
“Mi esposa fue amenazada por teléfono" -dice al pequeño grupo de
partidarios- “le dijeron ‘Yo sé a qué escuela van tus hijos. "Su voz
se rompe otra vez. “Estoy asustado. Temo por mi familia. Pero no
puedo rendirme en esta batalla. Tenemos que continuar. Yo sé que
podemos ganar.”
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