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En 1879,
Petrosino tuvo una oportunidad cuando al capitán de policía
Alexander "El Bateador" Williams se le asignó el comando del
departamento de limpieza de la ciudad.
El apodo del capitán Williams
encapsulaba su filosofía acerca de cómo hacer cumplir la ley. Según Andy Logan, Williams comenzó su carrera a finales de 1860 limpiando
Broadway y la calle Houston. Se enfrentó a un par de malandros
locales, los golpeó hasta dejarlos inconscientes y los tiró por la
ventana de vidrio del Florence Salón, de donde media docena de sus
amigos salieron por las puertas del bar. Williams los enfrentó solo,
bate en mano, y fue el último hombre en quedar de pie. Capitán en
1871, más tarde inspector, Williams era valiente, eficiente, brutal
y corrupto. Los testigos de una investigación llevada a cabo en 1894
sobre la corrupción policíaca declararon que el “Clubber” recibía
$30,000 al año en dinero por protección de apenas un burdel. Cuando
le preguntaron que explicara el origen de su mansión de 17 cuartos
en Connecticut y su yate de 53 pies, Williams explicó que había
hecho su fortuna a través de la especulación con bienes raíces en
Japón.
A Williams le gustó la inteligencia de Petrosino, su dureza y su
dedicación. Por lo que en 1883, the Clubber le arregló una cita con
el departamento de policía, a pesar de que a Petrosino le faltaban
cuatro pulgadas para alcanzar la altura requerida para aplicar. Pero
su dominio del italiano y su cultura le daban una ventaja sobre los
detectives de origen no italiano. En 1890, Petrosino fue promovido a
detective; y en 1895, el comisionado de Nueva York, el futuro
presidente de los Estados Unidos,
Teodoro
Roosevelt, lo promovió a sargento detective. Hacia el cambio de
siglo, gracias a un manejo cuidadoso de los medios, Petrosino se
había convertido en uno de los detectives más famoso de Nueva York:
les dejaba saber a los reporteros cuando quiera que iba a hacer algo
que era digno de ser impreso en los periódicos.
Petrosino era tan rudo como la mayoría de los policías de su
época; y como lo puso un concejal (citado por
Lardner y Reppetto en el libro NYPD), "sacaba más dientes que un
dentista.” Mientras podía vestirse y actuar como cualquier detective
típico, golpeando puertas y tirando sospechosos contra las paredes, Petrosino se sentía más cómodo disfrazado. Se hacía pasar por obrero
de los túneles, mendigo ciego, gangster o un campesino italiano
apenas llegado en barco desde
Italia. Esto le
permitía investigar libremente, y también le permitía a otros
hablarle sin llamar mucho la atención. De esta forma, Petrosino fue
capaz de infiltrar y descubrir varias de las mafias que depredaban a
los inmigrantes italianos.
Algunos inmigrantes italianos pertenecían a organizaciones
criminales en su país de origen. La Camorra, de Nápoles, había sido
una guerrilla radical a principios del siglo 19. La Mafia, de
Sicilia, aseguraba haber nacido en resistencia a la ocupación
francesa en la edad media. (Aunque la referencia más antigua que se
tiene de la honorable sociedad data de la década de 1860) Estas
sociedades secretas tenían rituales tan ricamente simbólicos como la
masonería. Reporteros policiales perezosos, que al principio
encasillaron a todas las organizaciones criminales italianas bajo el
nombre de la “Mano
Negra” (un modus operandi en vez de una organización), más tarde
las llamaron “La
Mafia”.
El primer asesinato cometido por la mafia en Nueva York, según Lardner y Reppetto, puede haber ocurrido en 1857 cuando el oficial
de policía Eugene Anderson fue golpeado hasta la muerte por Mike
Cancemi, más tarde descrito por el
The New York Times como un "Líder Mafioso”. Durante la década de
1890, cuando el gobierno italiano puso a Sicilia bajo ley marcial
por dos años, muchos Mafiosi emigraron a los Estados Unidos. Tal vez
el mafioso más influyente de Nueva York a comienzos del siglo veinte
fue Ignazio Saietta,
conocido redundantemente como “Lupo the Wolf”, (Lupo el Lobo) quien
había emigrado tras haber asesinado a un hombre en su pueblo natal. Lupo y su socio,
Giuseppe Morello, eran falsificadores; y también manejaban una
"industria del homicidio" en la calle 107th del East Side. Algunos
atribuyen tantos como 60 asesinatos a la pandilla de Lupo.
Una mañana en abril de 1903, Frances Connors vio el cadáver de un
hombre metido en un barril en la avenida A y calle 11. El cuerpo
tenía 18 cuchilladas; la garganta rebanada y el pene y los
testículos habían sido cortados y metidos en la boca, lo que sugería
que el tipo había sido un informante de la policía. Como los
asesinos podían haber dispuesto del cadáver sin llamar la atención,
su presencia pública era un escarmiento y un llamado a la
discreción. Petrosino trazó el origen del barril a una firma de
confecciones que lo había enviado a un café italiano en la calle
Elizabeth, que se creía era un sitio de encuentro de falsificadores.
Alguien le dijo a Petrosino que el muerto había conocido a Giuseppe
De Priemo, un falsificador que estaba preso. Petrosino encontró a De Priemo en
Sing Sing, donde este identificó a la víctima como Benditto
Madonia, su cuñado. Algunas fuentes dijeron que De Priemo había
enviado a Madonia a cobrar un dinero que le debía Joe Morello, el
cual se rehusó a pagar. El cuñado entonces estúpidamente lo amenazó
con ir a la policía. Otras dijeron que Madonia había tratado de
competir estableciendo su propia red de falsificadores.
Un asociado del clan Lupo-Morello, un tal Tomas "El Buey" Petto,
súbitamente empezó a gastar un montón de dinero. Encontrando esto
sospechoso, los detectives decidieron arrestarlo. Cuando lo
agarraron en el Prince Street Salón, Tomas “The Ox” sacó una navaja. Petrosino y sus colegas entonces realizaron un trabajo dental de
emergencia y, cuando el Buey cayó al suelo, encontraron un segundo
cuchillo, una pistola y un ticket de una casa de empeños. El ticket
era por el reloj de Madonia.
Morello, Petto, Lupo y otros, incluyendo un tal
Vito Cascio Ferro, entonces recién llegado de Sicilia, se
dejaron arrestar tranquilamente. Era como si supieran que iban a ser
liberados bajo fianza. Petto y Cascio Ferro se perdieron y sus
testigos cambiaron sus historias y el caso poco a poco pasó al
olvido. Dos años más tarde, Petto fue encontrado muerto de causas
naturales. Prestando una frase de
Jimmy Breslin,
su corazón dejó de latir cuando alguien clavó un cuchillo en él. Petrosino siguió a Cascio Ferro a Nueva Orleáns, donde este volvió a
escaparse.
En enero de 1905, el comisionado de policía
William
McAdoo puso a Petrosino a cargo de un equipo de cinco italianos.
El sucesor de McAdoo, el general
Theodore Bingham, expandió la escuadra a 25 hombres,
rebautizándolos como la Legión Italiana y promovió a Petrosino a
teniente.
En Sicilia, Vito Cascio Ferro todavía es objeto de leyendas como
el más grande jefe de la mafia y el primer siciliano en ser
considerado como capo di tutti capi. Había nacido en 1862 en Bisacquino, cerca de Palermo, hijo de campesinos iletrados, y en
algún punto, durante los 1880, ritualmente enrolado entre los
hombres de honor. Cascio Ferro entró a los Estados Unidos
escondiendo su historia criminal, que había comenzado con un asalto
en 1894 y que progresó a través de la extorsión, el incendio y la
amenaza de secuestro de la
Baronesa di Valpetrosa en 1899. A su arribo a los Estados Unidos en 1900,
vivió con su hermana sobre una tienda en la calle 103. Su mayor
contribución al crimen americano fue la introducción del llamado "wetting
the beak" (mojar el pico), una forma de extorsión en la que se
extraía dinero por protección de pequeños negocios en pocas
cantidades, asegurando así un flujo constante de efectivo sin lisiar
económicamente a sus dueños.
Tras volver a Sicilia, organizó todos los crímenes, desde los
tratos más grandes hasta los robos de gallinas. Todos los criminales
estaban más o menos archivados en su memoria; él les daba licencia y
no podían hacer nada sin el consentimiento de la sociedad, o
incidentemente, sin darle a la mafia parte de las ganancias. Incluso
los mendigos tenían que contribuir con un porcentaje regular de sus
recolecciones diarias, como cualquier otro hombre de negocios.
Cascio Ferro llevó a la organización a un estado casi perfecto
sin hacer uso excesivo de la violencia. Como dice
Luigi
Barzini, "El líder de la mafia que deja cadáveres tirados por
toda la isla es considerado un inepto, como el hombre de estado que
tiene que emprender guerras agresivas”. Como todos los grandes
gobernantes, trabajaba duro y estudió la naturaleza humana. Poseía
una inmensa dignidad, aumentada por su alta, delgada y elegantemente
vestida buena figura. Su barba blanca y larga le daba la apariencia
de un viejo hombre de estado, que es lo que en realidad era. Siendo
generoso, dio millones en préstamos, regalos y caridad. Por otra
parte, personalmente se hacía cargo de cualquier error. Su
brutalidad era reservada para los estupidos. Esos que no mojaban el
pico conseguían sus tiendas y hogares destruidos y sus granjas
quemadas. En su larga vida, Cascio Ferro posiblemente mató a un solo
hombre, y no por dinero, sino por honor.
En 1907, el Congreso aprobó una ley que permitía la deportación
de cualquier extranjero que hubiese escondido su pasado criminal.
Dos años más tarde, el general Bingham mandó a Petrosino en secreto
a Italia con una lista de 2000 nombres. Mientras Petrosino estaba en
alta mar, Bingham soltó la noticia de la misión al
New York
Herald, que la publicó en su edición parisina, donde la prensa
italiana la captó. La cercana visita de Petrosino y su propósito era
conocida por los mismo mafiosi que él estaba investigando antes de
su llegada.
Por esto su visita el 12 de marzo a Palermo sería bastante corta. Lupo The Wolf le había pedido un favor a Don Vito.
En la noche del 12 de marzo, Don Vito se disculpó en medio de una
cena que se daba en la casa de un oficial del gobierno, un hombre
que parecía tenerle el mayor de los respetos, se montó en una
carroza (algunos dicen que en la de su anfitrión) y lo dejaron cerca
de la Piazza Marina en el distrito Tribunaria/Castellemare.
En esos días un tranvía corría al lado de la Piazza Marina; los
autos se detenían en el Giardini Garibaldi, un pequeño jardín con
una fuente y una estatua ecuestre de
Giuseppe
Garibaldi, el libertador. Algunos dicen que Petrosino estaba
sentado en la cerca que rodeaba al parque. Podía haber estado
esperando por un informante o por el tranvía. Cualquier cosa. Don
Vito caminó hasta él y le disparó en la cara. Más tarde, el cónsul
norteamericano reportó que dos asesinos a sueldo hicieron los
disparos. Todavía otros dicen que fueron tres. En cualquier caso, Petrosino estaba muerto, y el Don regresó a la cena. Cuando fue
arrestado cuatro días mas tarde, sus amigos políticos insistieron
que Don Vito había estado en su casa cuando Petrosino fue asesinado.
El Don fue puesto en libertad sin haber negado estar involucrado en
el crimen. Aparentemente, el Don no dijo ni siquiera una palabra. Un
cuarto de millón de neoyorquinos se alineó en las calles en honor a Joe Petrosino cuando su cuerpo llegó a su destino final.
A principio de los años veinte, el poder de Don Vito era más
grande que nunca. Entonces un nuevo primer ministro subió al poder
en Roma. Para
Benito Mussolini,
la Camorra y la
Mafia representaba un poder fuera del estado, fuera de su control.
En 1925, nombró a Cesare Mori, un policía profesional, como prefecto
de policía de Sicilia. Mori emprendió una guerra sin cuartel en
contra de la honorable sociedad.
En 1929, Mori arrestó a Don Vito por asesinato. Había sido
arrestado unas 69 veces y siempre había sido absuelto. Pero esta vez
le habían engañado y el viejo permaneció en silencio durante un
juicio arreglado. "Caballeros”, dijo cuando había terminado,"ya que
no han sido capaces de encontrar evidencias de los numerosos
crímenes que cometí, se han visto rebajados a condenarme por uno que
no existe”.
Don Vito fácilmente estableció su autoridad sobre la prisión de Ucciardone, manteniendo el orden y manejando los asuntos de la mafia
tan bien como podía hacerlo desde su celda. Hasta hace una
generación, uno podía leer la oración que había tallado en una pared
de la cárcel. "Prisión, enfermedad, y necesidad”, se leía, "revelan
el verdadero corazón de un hombre”. Ocupar la celda en que Don Vito
había vivido los últimos años de su vida, siempre se consideró como
un gran honor.
Hoy, en cambio, Petrosino tiene un memorial en una plaza cubierta
de basura entre la calle Lafayette y Kenmare de Manhattan, a la cual
un cartel del Departamento de Parques identifica magramente como Lieutenant Joseph Petrosino Square.
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