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Han pasado casi 170 años desde entonces, y aunque es cierto que las
reglas del béisbol no han cambiado mucho, en Lexington y la Tercera
Avenida es poco lo que se puede jugar hoy en día.
Un par de cuadras hacia el Este, se eleva el
Empire State, común denominador
en esta zona de la isla, plagada de rascacielos impersonales, que
impiden saber si son viviendas u oficinas, entre los que, a pesar de
la placa, está enterrada la memoria del padre del deporte nacional
de los Estados Unidos.
La historia oficial del juego cuenta que todo comenzó una mañana
calurosa de 1839, cuando un grupo de estudiantes de
Cooperstown,
Nueva York, se reunieron en un campo baldío a petición de un
amigo que había escrito las reglas de un nuevo juego similar al
rounders y el criquet. Y allí, sobre un pedazo de papel, el joven
Abner Doubleday les explicó la
distribución de un terreno que llamaba "el diamante", cuyos vértices
albergaban tres bases y una meta, separadas entre sí por 90 pies (30
metros), la distancia que Doubleday -había observado-, tomaba a un
hombre alcanzar su máxima velocidad.
El lanzador estaría a 60 pies 6 pulgadas del bateador (unos 20,75
metros) y cada equipo tendría nueve jugadores, quienes golpearían
por turnos una pelota de trapo envuelta en cuero lanzada por el
equipo contrario, tratando de alcanzar la meta pasando por cada base
antes de que el otro equipo la devolviera al campo de juego.
Al terminar, el grupo se dividió en dos, echaron una moneda al
aire, y antes que pudieran decir playball, hicieron historia
al jugar el primer inning en la historia del béisbol.
Este cuento es una belleza, el único problema es que nunca
sucedió. Es un mito que como otros mitos, esconde verdades
irrefutables olvidadas en el tiempo. Abner Doubleday fue sin ninguna
duda un hombre excepcional. Oficial graduado de
West Point, llegó al rango de
Brigadier General, estuvo presente en la primera batalla de la
Guerra Civil estadounidense y
fue él quien sugirió la implementación de tranvías como sistema de
transporte público en San Francisco.
Pero de béisbol, nada.
Bendecido con una vida rica en experiencias, cuando Doubleday
murió en Nueva Jersey en 1893,
dejó como herencia -entre otras cosas- un diario de 67 volúmenes,
donde describía meticulosamente todos los acontecimientos de su
existencia. Desde su rutina diaria, hasta los partes de las tropas a
su mando. En ninguna de las páginas mencionó el béisbol. De hecho,
no se menciona ningún otro deporte.
En 1893 el béisbol ya era bastante popular en los Estados Unidos
y Doubleday era una figura pública prominente, un héroe veterano de
guerra que transitaba de cargo público en cargo publico por su
experiencia y prestigio. Por esto resulta difícil creer que siendo
el inventor del deporte, nunca lo mencionara en sus diarios u
obtuviera algún tipo de reconocimiento por ello.
Entonces ¿cómo llegó Abner Doubleday a ser bautizado como el
padre del béisbol? De la misma manera que
Cooperstown fue bautizada como la cuna del deporte. A
dedo y por conveniencia.
En la temporada 1934-1935 el béisbol estaba en picada. El público
tenía cosas más importantes de qué preocuparse, que de un montón de
guajolotes haciéndose millonarios jugando la pelota, lo cual
preocupó a los dueños de los clubes, quienes empezaron a buscar una
manera de promocionar el deporte. Para eso, empezaron por encargar
un reporte completo acerca de la historia del béisbol.
Los reportes fueron y vinieron, hasta que alguien encontró un
libro llamado
El Deporte Nacional, de Albert
Goodwill Spalding. Allí Spalding aseguraba que el deporte
había sido inventado un tal Abner Doubleday en 1839 e incluía todos
los detalles acerca del nacimiento del deporte. Pero lo que llamó la
atención de los gerentes fue la fecha. Si era verdad que el béisbol
se había inventado en 1839, eso
significaba que desde ya podían empezar la campaña para celebrar los
100 años del béisbol en tres temporadas, para llamar así la atención
del público y, consecuentemente, elevar la venta de las entradas.
Sin buscar más, pusieron inmediatamente manos a la obra,
colectaron fondos e iniciaron la construcción del
Salón de la Fama del béisbol en el pueblecito de
Cooperstown, New York, cuya inauguración tuvo lugar el 11 de junio
de 1939. El espectáculo acaparó la atención nacional, y entre
discursos y desfiles hasta el mismísimo
Babe Ruth -quien se había
retirado en 1935- participó en un juego con las reglas originales
supuestamente escritas por Abner Doubleday en 1839. El sitio, donde
pronto se construiría el Doubleday Field, era un terreno baldío
donde el presentador anunció, los pioneros del béisbol habían jugado
por primera vez hacía exactamente cien años.
Los dueños de los equipos hicieron un esfuerzo increíble para
preparar este evento, que sin duda fue responsable de la popularidad
que el béisbol tiene hoy en los Estados Unidos. Pero si tan slo se
hubieran tomado la molestia de mirar de cerca las afirmaciones de
Spalding, se habrían dado cuenta de que eran tan ciertas como Las
Mil y una Noches.
Pero ellos no tenían razones para dudar de su veracidad.
A.G. Spalding era, después de
todo, toda una leyenda del béisbol y los deportes en general, con
las credenciales y credibilidad necesaria como para ahorrarse una
verificación de sus palabras.
Entre 1871 y 1875, Spalding había ganado 241 de 301 juegos como
lanzador de los
Medias Rojas de Boston y los
Medias Blancas de Chicago (mas atrde los Chicago Cubs), el
primer jugador en ganar tantos juegos seguidos, y la mayoría de las
veces con una pelota que él mismo había fabricado. Spalding había
sido el fundador de la primera empresa de artículos deportivos de
los Estados Unidos, la Spalding & Bros; actualmente la
Spalding Sports Worldwide, Inc.
y cuando
James Naismith decidió crear una pelota para el juego que había
inventado llamado básquetbol ¿adivinen a quién llamó? La primera vez
que se imprimieron las reglas del deporte se leía en la primera
página: "La pelota fabricada por A.G. Spalding & Bros. es la
pelota oficial del juego." Hoy en día aún dicen lo mismo.
Y todo había comenzado por pura curiosidad. Spalding era el dueño
de una revista llamada Baseball Guide, y en una conversación
le preguntó a su editor,
Henry Chadwick, cuál era el origen del béisbol.
Chadwick le dijo que deportes
similares habían sido jugados por los egipcios, los franceses y
hasta los indios americanos. Y que en última instancia el juego
tenía sus ancestros en el rounders y el críquet inglés.
Se necesitaban 9 jugadores por equipo para jugar rounders, uno de
ellos un lanzador, pero las bases en vez de estar en el piso eran
postes.
Chadwick había dado una respuesta veraz y profesional sobre el
deporte, pero Spalding se negó a creerle. Spalding era, en todo el
sentido de la palabra, un americanista. "Sería imposible -le dijo a
Chadwick- que un inglés, que no haya respirado el aire de esta
tierra de libertad... jugara béisbol… Y proclamo que el béisbol le
debe su prestigio como deporte nacional al hecho que ninguna otra
forma de deporte es un exponente ideal del coraje, la confianza, la
combatividad, la clase, la disciplina, la determinación, la energía,
la ansiedad, el arrojo, la persistencia, el espíritu de competencia,
la sagacidad, el triunfo, la energía, el vigor de la vida americana."
Chadwick, quien como Doubleday también sería bautizado como uno
de los padres del deporte, sabía de lo que hablaba. Él fue quien
inventó la caja de anotación en béisbol y había estado escribiendo
acerca del deporte desde mediados de la década de 1840, pero
Spalding consideraba que Chadwick era imparcial en su opinión y
demasiado europeo en sus opiniones, por lo que pidió que se le
entregara otro informe - uno oficial - y para esto creó un comité en
1905.
En el comité estaban A.G. Mills,
el presidente de la Liga nacional, Morgan
Bulkeley, su predecesor en el
cargo, Al
Reach otro empresario deportivo y Arthur Gorman, Nicholas
Young y James Sullivan, tres de las primeras estrellas del deporte.
Todos con las mismas tendencias patriotas de Spalding, quien los
reunió a todos y les dijo lo que quería y que aceptaría lo que ellos
dijeran, recordándoles, por si acaso se les ocurría ponerse a
inventar, sus dudas acerca de que un juego como el béisbol no fuera
completamente americano.
El proyecto era un capricho personal de Spalding, por lo que
nadie apresuró el paso en su ejecución, pero un año más tarde
Spalding les recordó sus obligaciones. El asunto era peliagudo, todo
indicaba que el béisbol tenía tanto de americano como el agua del
mar, pero nadie quería echarse encima la responsabilidad de decidir
que el béisbol, el pasatiempo nacional, era de origen extranjero.
Y en medio de la crisis apareció una salvación. Su nombre era
Abner
Graves, un minero retirado de ochenta y nueve años, quien a
pesar de su edad, insistió que recordaba como si hubiese sido ayer
el día en que Abner Doubleday inventó el béisbol. Que él estaba en
Cooperstown el día en la primera pelota fue lanzada.
"Doubleday inventó las reglas del béisbol," dijo Graves una carta al
comité, " y estas no han cambiado casi nada desde entonces."
Algunos historiadores creen que Mills -quien había conocido
personalmente a Doubleday- inventó toda la historia para darle un
reconocimiento al buen amigo con quien había luchado en la batalla
de Gettysburg, y de paso
quitarse de encima a Spalding dándole el purasangre All American
Hero que este exigía.
A.G. Mills le envió su opinión a Spalding el 30 de diciembre de
1907. Ninguno de los miembros de comité quiso firmar la resolución
por lo que Mills la envió como una carta personal con los detalles
de Doubleday y la confesión del tal Graves.
Spalding se vino en aguas. “En los días en que
Abner Doubleday asistía a la escuela en Cooperstown -escribió
Mills- era común un par de docenas de estudiantes o más se reunieran
con él en un juego de pelota. Es fácil de entender cómo este
graduado de West Point inventó un sistema para limitar el número de
participantes de lado y lado, asignándoles posiciones, cada una con
cierta cantidad de territorio, substituyendo el método existente de
sacar del juego a un jugador por el viejo método de 'quemarlo' con
la pelota.”
De principio a fin el reporte de Mills estaba lleno de errores.
Para empezar, la práctica de “quemar” a un jugador con la pelota,
que consistía en hacerle “out” tirándole la pelota al cuerpo en vez
de tocándolo con ella, sobrevivió hasta mucho después de 1839.
Además, en ese año Doubleday ya era un cadete de segundo año en West
Point.
Mills aseguró que fue Doubleday quien había inventado el terreno
en forma de diamante, pero nunca enseñó una copia del diagrama
original, que hasta donde se sabe, jamás existió. Y hasta que el
reporte de Mills salió a la luz pública en 1907, el pueblo de
Cooperstown, New York no tenía la menor idea de que un tipo llamado
Doubleday había jugado béisbol allí.
Pero a pesar de todas las incongruencias, lo más sospechoso de la
historia es que tanto Chadwick como Spalding, y el resto del comité,
que habían estado tan relacionados con el béisbol, jamás habían
escuchado del tal Doubleday.
Pero estas inexactitudes no detuvieron a Spalding. Este tenía
como meta crear el deporte nacional de los Estados Unidos a toda
costa. Darle forma y foco. El mismo había -casi solo- eliminado las
apuestas y el alcohol entre los jugadores y había hecho lo imposible
por impulsar su profesionalismo asignándoles sueldos a los jugadores.
Por eso nada lo detuvo de publicar la historia en su libro “The
National Game” en 1910, que eventualmente llegaría a manos del
comité de dueños de juegos de béisbol en 1934.
"Entrar deliberadamente en una discusión para probar que el
béisbol es nuestro juego nacional, que tiene todos los atributos de
ser de origen americano… es como declarar solemnemente que dos más
dos es cuatro." Escribió Spalding en su libro, que por cierto,
todavía está a la venta.
Claro que todo esto es muy bonito, pero y entonces, ¿quién fue el
hombre que está en la placa en Lexington y la calle 34 en Nueva
York?
Spalding y Mills estuvieron a punto de salirse con la suya de no
haber sido por Bruce Cartwright,
un sobrino de Alexander. Con los planes de celebrar el Centenario
del béisbol a toda marcha, en 1938 Bruce leyó en el periódico, para
su sorpresa, que el béisbol no había sido inventado por su tío como
este tanto se había ufanado de hacerlo en vida. En shock, y
preguntándose quién demonios era el tal Abner Doubleday, el sobrino
sacó cuanto recorte de periódico y notas tenía de su tío y con ellas
se presentó en las oficinas del comité organizador del Centenario.
Pero a pesar de la vergüenza, ya no había marcha atrás, todo estaba
demasiado cerca y aceptar a Cartwright como el padre del béisbol
significaba mover la fecha hasta 1945.
Bruce no había sido el único que notara los errores del libro de
Spalding. También en Nueva York un bibliotecario se había dado a la
tarea de revisar los archivos de West Point, y encontró que Abner
Doubleday -quien se graduó en 1845- no había ido a Cooperstown en la
primavera, el verano o en ninguna otra estación de 1839.
Para evitar un escándalo, y continuar con las celebraciones, los
oficiales del deporte se comprometieron con
Cartwright a celebrar el
día de Alexander en cada uno de sus cumpleaños, tradición que aún
existe, y de incluirlo en el Salón de la Fama en su día inaugural, a
pesar de que toda la celebración ya estaba preparada y seguiría
siendo para Doubleday.
EL béisbol ya existía a principios del siglo XIX, y en la Costa
Este de los Estados Unidos tenía una variedad de nombres. En Boston
y Filadelfia se le llamaba “Town Ball”, en Nueva York “One Old Cat”
o “Two Old Cat”. Nadie sabe con seguridad cuándo el juego empezó a
llamarse “Base Ball”, pero al principio fue así, con dos palabras.
Con el paso de los años, algo que era jugado principalmente por
niños pronto llamó la atención de los adultos, y en 1845 se fundó el
primer equipo de béisbol de la historia, el “Knickerbocker Baseball
Club” de Nueva York, que se reunió ese año y organizó un comité para
delinear las normas bajo las cuales se regiría y nombró como
presidente a Alexander Cartwright.
Fue Cartwright quien decidió poner las bases a 90 pies (30
metros) de distancia. También el que sugirió sacar a los jugadores
del juego tirándole las pelotas a quienes cubrían las bases en vez
de a los corredores. Dejando en claro el número de outs, qué era un
foul, un home run, cómo tirar la pelota, una bola, un out de aire y
casi todo lo demás.
Cuando terminó de escribir las reglas Cartwright decidió ponerlas
a prueba la mañana de un domingo de 1845. Un grupo de jóvenes de
Manhattan jugaban rounders en un
campo cubierto de monte ,alrededor de donde ahora es Lexington y la
calle 34, cuando Cartwright entró corriendo al campo con las reglas
en las manos. El tipo era difícil de ignorar -Cartwrigth media casi
dos metros y poseía una labia como pocas- y en sólo minutos explicó
con un diagrama que había dibujado en un papel dónde quedaban las
bases y las posiciones de los jugadores. Después, los envió al campo
de juego para ver cómo salía todo. Los muchachos iban a necesitar un
montón de práctica.
Al año siguiente, el 19 de junio de 1846, los
Knickerbockers
cruzaron el río Hudson hacia pueblo de Hoboken y en un parque
llamado los Elysian Fields
jugaron el primer juego de béisbol profesional de la historia contra
los que se hacían llamar los New York Nine. Aún necesitaban práctica,
perdieron 23 a 1.
Las reglas de Cartwright no fueron muy populares al principio.
Los jugadores de todo el país creían que hacían al juego demasiado
caballeresco, y decidieron seguir utilizando la práctica del
“quemado” que no sólo era más fácil sino también más divertida. Una
anécdota en particular cuenta que el lanzador
Rube
Wadell, en la temporada de 1905 decidió “quemarse” a
un jugador corriendo a segunda en un juego profesional. “De donde yo
vengo -explicó Wadell después del juego- ¡eso es un out!”
Pero como todo, las reglas poco a poco se colaron en el juego,
adaptándose en el tiempo a la comercialización del mismo (por
ejemplo se limitaron el número de innings a nueve al
eliminarse el método de Cartwright de jugar hasta las 21 carreras),
pero casi todas las reglas existen tal cual como las escribió
Cartwright, el verdadero padre del baseball.
Aun así, la placa de Cartwright en el Salón de la Fama dice que
él fue el "Padre del béisbol moderno” No quien inventó el juego,
pero en cualquier caso, si tuviéramos que decidir, es interesante
considerar el hecho de que al menos él está en el Salón de la Fama,
mientras que Doubleday apenas le da el nombre al edificio. |