|
|
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Año 1 |
19 de Abril del 2003 |
Nº 1 |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Cuidado con lo que deseas...
Grité. Trate de detener el avión. Me agarré del policía. El policía me agarró a mí. Un silbido empezó a llenarme los oídos hasta hacerse insoportable y el tren que había escuchado en la mañana ahora se hacia escuchar de nuevo. La única diferencia es que ahora se acercaba en vez de irse alejando. Trate de moverme, de correr, pero no se podía, estaba hombro a hombro con cientos de personas paralizados gritándole a un piloto que estaba muerto hacia ya rato. Y de pronto la cámara lenta dejo de funcionar y el avión desapareció tras el edificio violentamente. Corrí a pesar de que no podía. Me monté sobre un carro y salté sobre un viejo hasta pegarme de la pared del edificio que tenía al lado. Poco a poco caí al suelo por mi propio peso. Tenía las manos pegostosas. Me las vi y estaban llenas de sangre. Me revise pero no era mi sangre y me la limpie contra la pared del edificio. Todo era silencio. Solo un silbido se oía ensordecedor. Soy yo, pensé. El silbido solo lo oigo yo. Vi hacia atrás y a una cuadra todo estaba en fuego. Carros de bomberos, el perrocalientero, los postes, los árboles y lo que parecían cientos de miles de artículos de oficina que estaban regados por todas partes. El suelo se había movido, recordé, hacía solo un segundo. Muy rápido para sentirlo, y yo muy lento para captarlo. Alguien me pasó por encima poniéndome el pie sobre los hombros. En el suelo gateé hasta detrás de un carro y allí me levanté. Sentí que todo el mundo se reía de mí. Que la gente se desternillaba de la risa por haberme visto gatear. Me sacudí las rodillas y busque la fuente de la risa. Unas mujeres me pasaron al lado completamente bañadas en yeso. No se reían. Con el maquillaje corrido, lloraban, como todo el mundo alrededor mío. Todo el mundo estaba llorando menos yo. Se me hizo un nudo en la garganta, vi hacia el edificio y vi a alguien atravesar el humo en lo alto y desaparecer dos segundos más tarde detrás de un árbol. Un leve tud, apagado por el llanto generalizado me hizo empezar a gemir. Lo contuve sin éxito y lloré como no lo había hecho desde hacia mucho. Las lágrimas se me llenaron de papelitos, y estos se me metieron en los ojos al tratar de limpiármelos. Me desesperé, no podía respirar. Sentía toda clase de olores mezclados con el olor a perro caliente que venia de la esquina. El calor volvió y me pareció de nuevo ver las llamas azules alrededor mío. Con los ojos cerrados escuchaba gritos lejanos. Gritos largos acompañados de silbidos casi imperceptibles. Aaaaaaaah..fiiiiiiii….tud. Todos terminaban en suave tud. Y tan pronto como quise saber que era el tud, recordé que era el tud y me quise olvidar que era el maldito sonido. Entre el humo, en lo alto, se podía escuchar gente gritando. Una columna de gente gritando hasta el cielo, Help me, Help us! Nadie escuchaba, todo el mundo corría sin pensar. Salí de detrás del carro y me tropecé con algo qué me hizo caer. Era una sombrero de policía. Lo maldije, me levanté y corrí con todas las fuerzas que tenia. Corrí sin respirar, y el cuerpo no me lo pidió tampoco. Se me atravesaron varias personas. A todos lo empuje y los eche a un lado. Aun podía escuchar a la gente caer al piso. A veces acompañado de un quebrar de vidrios. No quería escucharlo más. Corrí y no me paré hasta que llegué de vuelta a mi oficina. Corrí contra la gente e intente entrar, nadie me detuvo a pesar de que estaban desalojando el edificio. En las escaleras me encontré con mi jefe. Ríos de gente bajaban por las escaleras. Y el único que parecía ir subiendo era yo. Jaime me agarró por la camisa. El morning call Jaime, el morning call, le dije. Que morning call ni que ocho cuartos, te volviste loco, vámonos, me respondió. Pero…el morning call, seguí delirando. Me pasó la mano sobre el hombro y me empujó hacia afuera. El edificio ha sido cerrado, me dijo. Vámonos y mañana nos encargamos de eso. Le hice caso y salí del edifico con él. Afuera mil personas veían el espectáculo con la boca abierta, tratando de llamar por celular, pero nadie tenia línea. Entre unos y otros se intercambiaban los teléfonos inútilmente. Jaime me dijo que había ido hasta las torres para tratar de ayudar pero que había sido inútil. Caminamos al medio de la calle y de ahí empezamos a caminar hacia abajo nuevamente. En North Moore cruzamos hasta Hudson y de allí bajamos hasta Duane. Ya nadie corría. Ya el río de gente se había desaparecido. Me recordé de la cámara y pensé que la había dejado caer en alguna parte. Me vi las manos vacías y empecé a tocarme los pantalones. La conseguí en el bolsillo de atrás. Tome algunas fotos. Me detuve. La gente enfrente de mi empezó a correr y a llevarme por delante. Me pegue a la pared y empecé a tomar fotos. Jaime me tomo de la camisa y empezó gritar que nos fuéramos. Let's go, Let's go. En una esquina del edifico había como un río de metal liquido cayendo en catarata. Parecía que alguien soldaba algo en esa esquina. Jaime y yo especulamos que podía ser un bombero o un policía despegando las ventanas. La catarata continuó por minutos y de pronto algo cambio. El río se detuvo y la pared pareció quebrarse. Pero solo allí. El resto del edificio permaneció entero por lo menos un minuto. Después una pequeña explosión. Y sin aviso el edificio empezó a caer en silencio. O al menos eso me pareció. Sin gritos, ni vidrios, ni sirenas. Solo la inmensa masa de concreto abalanzándose sobre si misma halada por la gravedad. Apenas unos minutos antes, un helicóptero de la policía, tratando de recoger a alguien en la azotea de la torre norte se había acercado al edificio y el viento que producían sus hélices había enrojecido aún más las llamas que salían de las ventanas. Jaime y yo aún culpamos al helicóptero de la tragedia. Una nube de polvo y rocas avanzo, primero rápido, después más lento y nos ocultamos detrás de un edificio para darle paso. La nube pasó con un estruendo de rocas y vidrios que parecían caer de lado. Me recordé de las revistas de los testigos de Jehová, y del Apocalipsis pintado en ellos. Pensé que tenían razón. Que el mundo finalmente había llegado a su fin. Que pronto empezarían a caer todos lo demás edificios al igual que la torre sur y sin poder evitarlo me puse a llorar. Alrededor todo el mundo hacía lo mismo. Sin saber por que caminamos de regreso a la oficina. No nos hablamos. Note que Jaime no había llorado y me sentí estupido y vació. Pero me alegraba de que no lo hubiera hecho. Necesitaba alguien a mi alrededor lo suficientemente cuerdo para salir de allí y no había muchos candidatos. Frente al edifico nos conseguimos a algunos compañeros de trabajo. Entre ellos a Chris, un gordete italiano que se sentaba en el cubículo diagonal al mío. Tenía el rostro húmedo, sin llanto e insistía en un celular de una muchacha que veía en silencio la torre que quedaba en pie. Mi hermano esta allá arriba, respondió a mi pregunta de si estaba bien. Volteé hacia las torres por impulso. Lo abracé y le dije que se calmara, que seguramente ya había salido. No había podido hablar con nadie por que el celular no funcionaba. Sobre su hombro vi la torre en fuego y le pedí que rezáramos. No se me ocurría otra cosa. El empezó el padrenuestro en ingles. Le dije que lo hiciera en silencio. Que yo solo me lo sabía en español. Rezamos agarrados de las manos y cuando terminamos nos sentamos en el piso. Deseé con toda mi alma que el hermano de Chris estuviera vivo. Le pregunté que donde trabajaba su hermano. Me dijo que no sabía. Creía que en la que se había caído. Me levanté y di vueltas en círculo. Desde donde estaba lo único que veía de la torre norte era la antena de televisión levantándose sobre la azotea de un edifico cercano. Pensé en decirle que no se preocupara, que de repente estaba en la otra, y que ya estaba a salvo. Empecé, pero antes de terminar de decirlo vi la antena desaparecer detrás del edificio. Cayo suavemente, son si la estuvieran bajando y antes de desaparecer se inclinó un poco a la derecha. No hubo un solo sonido y nadie corrió. Lo único que vi fueron manos moviéndose hacia bocas. Abrace de nuevo a Chris y lloramos por unos diez minutos como si acabáramos de perder a nuestras madres. Entonces el celular de alguien que teníamos al lado repicó. Era el celular de la muchacha. El hermano de Chris se había reportado enfermo ese día nos dijo Rosa, la esposa de Chris. Estaba en casa. Nos alegramos por un segundo antes de que la llamada se cayera. Pero inmediatamente nos dimos cuenta de que otros no habían tenido tanta suerte. Una radio en la esquina ya empezaba a reportar la tragedia.
|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||