Año 1

19 de Abril del 2003

Nº 1

 

NUEVA YORK

 
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Cuidado con lo que deseas...

Cae la primera torre desde West Broadway


9-11-2001


Gustavo Morales Venezuela

Al salir de la tienda el mundo no había cambiado mucho aun. las mismas personas continuaban embelezadas viendo hacia arriba. En la lejanía se oían algunas sirenas y desde la radio de un taxi se escuchaba un anuncio donde se llamaba a los bomberos de guardias a presentarse en las torres gemelas. El chino caminaba entre los carros tomando fotos, iluminando exageradamente a quien tuviese delante.

Todo estaba paralizado. Era como un mal sueño, donde todos se mueven lento menos tú. Donde nadie parece darse cuenta de que existes y eres invisible.

Quise tomar una foto de esta imagen, pero antes de que pudiera hacerlo ya había caminado un par de cuadras hacia las torres gemelas y no tenía a nadie alrededor. Al ver hacia atrás note que todo el mundo se había quedado atrás y algunos carros estaban dando la vuelta hacia el Uptown. Yo seguí caminando no prestándoles atención.

Greenwich Street es una calle solitaria por naturaleza. Hay poco que hacer allí ya que en su mayoría es residencial y los pocos negocios que hay son para el uso local. Un par de abastos, un supermercado sin competencia en millas a la redonda y algunos restaurantes es todo lo que hay en un distrito que hacia dos años solo eran un montón de edificios abandonados. Además era temprano, y algunas tiendas aún no habían abierto, la gente se había ido al trabajo y los niños estaban en sus escuelas. Muchos de estos trabajadores ahora estaban en el World Trade Center.

Hacia aproximadamente un año que yo había tomado la fotografía como hobbie. Tras ahorrar por tres meses, me había comprado una cámara en una tienda en Lexington que cerró a la semana. Siempre la tenía en la oficina pero me la había llevado a casa el viernes anterior para unas fotos que nunca tome. Me arrepentía con cada paso de no tenerla y me ahorré las 24 fotos de la cámara que había comprado para cuando llegara al sitio del accidente.

Cuando estaba a una cuadra noté algo anormal. La última persona que había visto me había pasado corriendo a un lado hacía un par de cuadras. Y todo estaba en silencio como si Dios le hubiese apagado el volumen al mundo. Me sentía pesado, y el sol caliente me había hecho sudar sin darme cuenta. Me toque el pecho al sentir el corazon palpitar fuera de ritmo. Rápido pero normal, pensé, estaba caminando rápido. Al quitarme la mano, sin embargo, el pum pum no se desvaneció. Lo escuchaba aún, como si el cielo palpitara en silencio. Mire a mi alrededor, pero no había ni un alma. El carro de perros calientes detrás del World Trade Center 7 humeaba solitario sin dueño. El pum pum pum parecía acrecentarse con el paso de los segundos y me hizo detenerme. Miré hacia atrás.

A dos cuadras un bombero con el casco en la mano los pantalones a medio poner y poniéndose la franela corría hacia mí. Brillaba bajo lo que se había convertido en un inclemente solazo. El pum pum pum, a medida que se acercaba se le unió el golpeteo metálico de los botones del uniforme sucio medio quemado en quien sabe que otro accidente. ¡Tu! me gritó cuando estaba a una cuadra. Párate, párate! grito tratando de respirar y hablar al mismo tiempo. Ya estoy parado, pensé.

You! Go home! Stay Away! me dijo al pasarme por un lado sin pararse, apuntándome con el dedo índice y desapareció en la esquina de West Broadway en medio de una lluvia de papelillos que ya cubría todo lo negro del pavimento y que hacia el día más claro de lo que era.

Desde donde estaba ya no veía el agujero en el edificio. Me lo tapaba el edificio 7. Solo una foto me dije. Una foto y me voy como me dijo el bombero no creyéndome ni una palabra, y seguí caminando a paso rápido.

Al voltear en Broadway la lluvia de papelillos se convirtió en un chaparrón. Los tenía en la boca, dentro de las orejas, pegados al pecho. Tome un puñado del aire y los vi. Cada uno parecía haber sido cortado en una letra. Eran bes, ces, eres, eles, en papeles de todos colores y texturas. Los carros, hidrantes, y kioscos de periódico estaban cubiertos por los malditos papelitos creando un arco iris unicolor sobre el edificio humeante. Trate de tomar una foto pero el lente estaba cubierto de ellos. Trate de limpiarlo inútilmente. Eran peor que el agua. El agua al menos se seca. Estos se pegaban de todas partes sin salida.

Me moleste con nadie por esto y empecé a sentir calor. Como si hubiese corrido en medio de un desierto y súbitamente me hubiese metido en un refrigerador. Me abrí la camisa hasta la cintura y me limpié la frente. La brisa que soplaba estaba caliente y desde la esquina del edificio 7 salía un humo negro que doblaba hacia uptown como si siguiendo las reglas de tráfico, pasándome por encima y oscureciendo el lugar donde estaba.

En la oscuridad descubrí por que el calor. Llamas azules flotaban por sobre todo el piso, y cosa que no había notado antes, estaban sobre los automóviles y cuanta cosa hubiese. La pintura de todo estaba opaca y descarcajada. El piso ya no era blanco, sino cenizas del confeti alfabético y la llamas se movían a mi alrededor como evitándome. El suelo estaba extrañamente mojado pero seco. Como si hubiese lloviznado de noche.

El olor a gasolina era insoportable pero no lo había notado hasta entonces. Al igual que todos los sonidos menos la voz del bombero que se me repetía en los oídos como una maldición de la que me reía por ignorante. Tragué saliva por primera al sentir una explosión al doblar la esquina. Unos gritos vinieron después. Y como salido de la nada una mujer cruzó la acera del World Trade Center, de un lado al otro, chamuscada, con el vestido humeando. Perdió un zapato y resbaló en la acera. Cayó al suelo y tras unos terribles estertores dejo de moverse para mi alivio.

El corazón se me salía de la boca por primera vez y algo dentro de mí me decía que me fuera. Pero que podía pasar, es un accidente. Tomo unas fotos y me voy, o ayudo a quien lo necesite. Unos bomberos llegaron a donde estaba la mujer, echaron algo encima de ella, una manta presumo, y al ver que no se movía se la dejaron encima y se fueron corriendo hablando con una radio. La calle estaba bloqueada por carros de bomberos de todos los estilos y colores. Uno de ellos, con la escalera levantada lo mas que podía era un poema ala impotencia.

Camine hacia el edificio. Una foto y me voy, una foto y me voy, una foto y me voy, me repetí sin pensar.

Había toda clase de cosas tiradas en la calle. Motores, sillas de avión, maletines, gaveteros, escritorios, y montones de vidrios que brillaban bajo el sol de la mañana. Sobre un carro descansaba un pedazo de la escultura de Calder que estaba en el puente que comunicaba al edificio 7 con el resto del complejo, y un pedazo de la cola sobresalía del puente como la escultura lo había hecho poco antes.

El puente estaba lleno gente corriendo, escapando el edificio siete donde ya habían llamado a emergencia y súbitamente la gente empezó a bajar y colmo la calle como si persiguieran a alguna invisible estrella de rock.

Un tipo que me pasó al lado hablaba en el celular, y le decía alguien que se reunirían al mediodía cuando todo se calmara. A mi alrededor miles de personas hacían lo mismo y de repente sentí una claustrofobia inmensa al saber que súbitamente había perdido mi capacidad escapar, y que estaba siendo arrastrado por el río de gente. Me deje llevar.

Saque la cámara, imposible tomar una foto. Había humo en todas partes. El cielo no era sino una gran masa negra y no se veía nada interesante, pensé. Quizás desde Broadway consiga un buen lugar pensé, me metí la cámara al bolsillo y aceleré el paso, llevándome por delante a quien no se moviese lo suficientemente rápido.

Algunos se habían detenido a comprar refrescos en el perrocalientero que estaba frente a la librería Borders, otros se habían sentado en los bancos frente al complejo, hablando en sus celulares. Pero no los escuchaba. Todo lo que se oía era el raspar del cuero de los zapatos contra el pavimento. Shus, shus, shus. Al llegar a Church cruce a la izquierda y me paré entre dos carros para evitar seguir siendo arrastrado.

Millones de policías y bomberos y defensa civil aparecieron de repente guiando a la gente fuera del sitio, pero sin forzar a nadie, solo moviendo los brazos con el pito en la boca. Yo no les preste atención como el resto de los que estábamos allí.

Desde donde estaba no podía ver la torre en fuego. Sola la torre buena llena de humo por todas partes. En las ventanas de Borders se veía gente tomando café y viendo hacia afuera como yo había hecho miles de veces en el pasado, desde la hilera de butacas que estaban en el café de la librería. Un policía se me paró al lado y empezó a gritarme pero no podía hacerle caso, súbitamente estaba débil y en completa perplejidad. Además, no oía lo que me decía, Era tanto el ruido que no oía absolutamente nada. Era extraño.

Levante la vista del policía hacia el humo y entre el humo vi un flash. Uno leve. Como si alguien hubiese tomado una foto desde el cielo. Me quedé viendo en el mismo punto negro para ver si se repetía, y se repitió exactamente dos segundos después, un poco más arriba, esta vez acompañado de uno a su derecha. Salí de entre los carros y me uní al río de gente, caminando volteado hacia el World Trade Center. El humo no dejaba ver la fuente los flashes, pero en un momento de claridad pude ver la figura de otro avión.

Estaba lejos, pero crecía rapidísimo. Los flashes en las alas prendiéndose y apagándose lentamente. En cámara lenta. Como de repente le sucedió a todo lo demás.

Desde donde yo estaba era fácil equivocarse. El humo daba la impresión de cubrir el cielo, y el policía que antes me gritaba, ahora decía exactamente lo que yo estaba pensando. ¡Dios mío¡ va a chocar con la torre, no puede ver los edificios por el humo!

Que inocencia.

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