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Bueno, a ser sincero, no pretendo comprobar y desenmascarar a ningún
mes, por odioso que sea, y en ese caso habría que empezar condenando
a diciembre, con toda su sarta de gaiteros, buhoneros y
traquitraquis.
Los primeros días de mayo, por tercer año consecutivo, me habían
recibido con un despecho más para mi colección, así que sin pensarlo
dos veces, acudí a la lista de teléfonos y marqué desesperadamente
el de aquella amiga que siempre te apoya en esos momentos difíciles.
Para mi desventura, mil ocupaciones brincaban por delante de algún
momento en su agenda, por lo que tuve que conformarme con una cita a
ciegas que ella me prepararía para mí, con una amiga suya.
La descripción, me la hizo saber de inmediato y sonaba bastante
reconfortante, como cualquier vestigio de compañía que aplaque los
dejos de soledad característicos de esos días, más allá de eso, era
impelable conseguir a la persona en cuestión, ya que me había dado
un dato único:
"Bueno chico, ya sabes, ella tiene el cabello así, como medio
corto con unas brisas así de lado ¿sabes?, con un aire entre corto y
esgrafiado, y lo que sí es característico, es que se lo acaba
de pintar de un color violáceo castaño brandy, con mechas blanco
luna (en cuarto menguante), eso sí, mate"
Puntualmente estuve en el sitio acordado, aquel cafetín de la
facultad de farmacia, sitio nada romántico, pero para un primer
encuentro, estaba aceptable. Esperé media hora y ninguna persona se
acercó con la descripción anterior, de pronto, como apareciendo de
la nada, burbujeante y etérea, una chica cabello rojizo con
tonalidades verde oliva y después otra de pisadas sobrias y seguras,
con colores más bien siena café con tonos calizas del medioevo. ¡Evidentemente
no era ella!
Después de una hora de espera, el hambre y el despecho no me
dejaban pensar, así que decidí dejar de balbucear en mi mente las
palabras de algún periódico y ordené unos cayos a la madrileña como
en mis mejores tiempos de amores con Holga, así se fueron los
últimos minutos de espera. Al terminar de comer los cayos en salsa
para pizza (plato único de este cafetín), decidí no seguir esperando
y más aún, me propuse luchar por la declaración e
institucionalización del mes de mayo, como "mes internacional del
despecho y el guayabo".
Aunque han pasado ya varias noches desde aquel fallido encuentro,
aun celebro no haber encontrado a mi compañera de cita, ya que así
puedo disfrutar en pleno mi guayabo, pero no puedo negar que me
revuelve la intriga y no alcanzo el buen sueño, imaginándome cada
noche en la calma física de mi cuarto y la turbulencia de mis horas
aquel color de cabello.
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