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Carlos Gardel
El Hombre con la Bala en el Pecho
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Gardel y su micrófono invisible
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Gustavo Morales

Ser una estrella del tango
equivale, hoy en día, a algo menos que nada. Pocos jóvenes saben de
este género musical y hablar del mejor tangueador es lo mismo que
hablar del mejor karateca esquimal, músico zulú o policía noruego.
Pero esto no siempre fue así. A principios del siglo veinte, un
baile producto de la escuela musical europea y la mezcla cultural
americana empezó a popularizarse con la llegada del fonógrafo. La
radio terminaría de expandirlo por el mundo como una maldición.
El ritmo no era nuevo. Sus orígenes, en los nombres de sus
primeros interpretes, dejan fe de que ya existía al menos desde
mediados del siglo XIX.
Uno de esos grandes había sido un tal Casimiro Aín,“El Vasquito”.
Aín, a quien se le considera como uno de los precursores del tango
moderno y responsable de su popularidad en Europa, obtuvo tal
reconocimiento en este continente, que llegó a llamar la atención
del Papa Pío X, a cuyos oídos llegaron las quejas de los obispos
franceses acerca de un baile que tachaban de pecaminoso. La
población argentina en París era numerosa y en los bares de sus
guetos, el baile era ya una forma de vida.
Desde los púlpitos, los religiosos franceses fustigaron al baile,
con promesas iracundas de castigo celestial a quien se le ocurriera
echar un pie. El Papa, queriendo ver el asunto por él mismo,
autorizó una audiencia para ver de qué se trataba todo el escándalo.
Para evitar suspicacias, una pareja de hermanos bailó una versión
limpia del baile, por lo que Pío no entendió toda la bulla causada
por este y entre bostezos opinó que era lo más aburrido que había
visto en su vida. En cambio pidió a los bailarines que más bien
interpretaran una furlana. Pero la molestia no se aplacó, y más
tarde Pío XI, destino de los mismos rumores, pidió verlo también.
"El Vasquito" fue la estrella de esa ocasión.
El 1° de febrero de 1924, a las 9 de la mañana, Casimiro Aín
compareció ante Pío XI con su acompañante. El Tango elegido fue uno
llamado Ave María, que no tenía nada que ver con un Ave, ni mucho
menos con María. Para finalizar la ejecución, improvisó un
movimiento que terminaba el baile con ambos bailarines de rodillas
frente al Papa. Pío XI no dijo una palabra y se retiró de la
audiencia como si nunca hubiese estado allí. Después de esto, hubo
rumores de su prohibición por parte del Papa, acción que más tarde
se extendería al Káiser Guillermo II y la Reina de Inglaterra, los
cual sólo aumentó su popularidad.
Los que bailan tango se abrazan fuertemente, ejecutando
movimientos aparentemente violentos y realmente sensuales. Su música
es distinguida fácilmente de cualquier otra cosa que se haya
escuchado antes, con golpes acentuados e interrupciones bruscas de
la continuidad rítmica. Normalmente no se necesita más que una voz y
una guitarra como acompañamiento. Las letras de las canciones son
narraciones románticas, muchas veces trágicas, relacionadas con la
vida del hombre común y sus problemas, que la música traduce tan
perfectamente que no hay necesidad de entender el español para saber
que un tango, es acerca de un corazón roto, de una distancia o de un
fracaso. En medio de estas circunstancias, el tango explotó durante
la Primera Guerra Mundial, cuando millones de hombres y mujeres
lidiaban con estos mismos sentimientos en todo el planeta.
Para entonces, ya la historia del tango se había empezado a
escribir, pero no en las iglesias y bares de París, sino más al sur,
en la ciudad de Toulouse, donde el 11 de diciembre de 1890 fue
presentado en el registro civil, un niño a quien su madre había
bautizado como Charles Romuald Gardes. En la partida de nacimiento
se dejó constancia de la hora del nacimiento -las dos de la mañana-.
En la última línea, la marca de Caín para un niño en la sociedad de
ese entonces, naturel.
Pero Marie Berthe Gardes, madre de Gardel, también tenía su
historia. Había crecido en Toulouse donde el matrimonio de su madre
Helene Camares, había terminado en desilusión. Sin la posibilidad de
divorcio (estaba prohibido durante la época) la pareja se había
separado, terminando ella en los brazos de un amigo de la familia,
un tal Louis Carichou. Este, junto a Helene y sus dos hijos Berthe y
Jean, decidieron entonces probar suerte en la nueva tierra prometida
que se le ofrecía a los europeos, América, específicamente en
Venezuela. Pero las oportunidades nunca se le presentaron y la única
bendición que recibieron de esta tierra de gracia fue una tercera
boca que alimentar,
Charles Romuald, quien nació en Puerto Cabello en 1876. Este tío
dejaría en la historia de su sobrino algo más que el nombre. El
medio hermano de Berthe, moriría en 1918 durante la Primera Guerra
Mundial y su personalidad sería confundida y trastocada por los
historiadores del futuro zorzal criollo.
Sin suerte, Louis y Helene regresaron a Francia, donde la
situación económica no mejoró. Y para empeorar las cosas, Berthe,
quien en pocos años había mutado a una almibarada adolescente, no
tardó en encontrar un zángano que le hiciera el favor de cambiarle
la vida. El padre de Gardel nunca lo reconoció -según algunos porque
estaba casado, según otros por simple sinvergüenzura- pero en
cualquier caso, su conducta trajo el oprobio sobre Berthe. En el
futuro trataría un acercamiento pero se estrellaría con la negativa
no sólo de su ex-amante, sino también la de su hijo.
Quizás por las presiones familiares, quizás por la situación
económica, quizás por ambas, Berthe empezó a expandir sus
horizontes. Y aunque había visto a su madre fracasar en América,
estaba dispuesto a intentarlo otra vez. Ella era jóven y trabajadora
así que no había por qué pensar en el fracaso. Pero en vez de
Venezuela, ahora quería ir a otro país que se especulaba era el más
europeo de todo el continente. Berthe y el pequeño Charles
arribarían a Buenos Aires el 9 de marzo de 1893.
En Buenos Aires, la situación de los Gardes no fue fácil, pero no
tardaron en adaptarse. Aunque vivieron en barrios humildes, Charles
iba a la escuela sin problemas -donde sin ser un genio- se destacó
como un estudiante regular graduándose de primaria en 1904. El
bachillerato no correría la misma suerte. En 1906 el niño
abandonaría la escuela para siempre durante el segundo año y se
dedicaría a hacer vida en las calles, donde pronto se dio cuenta de
su talento para el canto. Su voz era excepcional. Tan clara, fuerte
y aterciopelada, que no necesitaba escuela. Tan perfecta en su
ejecución que los argentinos hoy en día aseguran que cada día canta
mejor. Aprovechando esto, sin querer empieza a ganarse el pan con lo
que sería su profesión definitiva.
Para 1910, Gardel vivía en el 1714 de la calle Corrientes. Muy
cerca se encuentra el Café O'Rodemman del cual sería la atracción
principal. Entonces lo llamaban el "francesito", pero en el café lo
bautizaron como "El Morocho del Abasto". También el "El Zorzal
Criollo", "El mago", "El invicto" y "El troesma". Es muy posible que
para ese entonces su nombre ya hubiese mutado al que finalmente
adoptaría, pero oficialmente -es en esta época en que decide
latinizar su nombre, cambiando la S al final de Gardes, por
la L más fácil de pronunciar- había nacido Carlos Gardel, el
inmortal.
Varios ritmos eran populares en el Buenos Aires de principios de
siglo, las milongas, valses, bambucos y gatos entre ellos. Pero
Gardel se encontró particularmente cómodo con un ritmo triste que
más bien iba en contraposición a su personalidad. Entonces Astor
Piazzolla todavía no había tomado al tango, una música mundana y
profana, y la había convertido en el género sofisticado que
conocemos hoy en día. El tango era música de hombre criollo, bailada
con recelo dentro de los salones de las clases más sortarias.
Además, era un baile, por lo que cuando en 1912 hizo sus
primeras grabaciones para Columbia Records, en estas no hubo un
solo tango.
En 1911, Gardel se unió a un novato como él, el uruguayo
José Razzano "El Oriental", con quien formó el dúo Gardel-Razzano
o el del "Morocho y el Oriental". Juntos recorrieron Argentina,
Uruguay y Brasil, pasando del dúo al trío, y del trío al cuarteto.
Sólo para volver al trío, y otra vez al dúo. En esta forma se
presentarían el 8 de enero de 1914, en el Teatro Nacional de Buenos
Aires. Al año siguiente irían al Uruguay y Brasil, donde la
gira sería un fracaso, aún teniendo la suerte de conocer a Enrico
Caruso. Gardel era un fanático de la opera y Caruso su ídolo. Por
esto guardaría para siempre el recuerdo de un Caruso elogiando sus
cualidades, que no eran para menos. Gardel muy bien podría haber
sido un cantante lírico, tenía la capacidad toráxica necesaria y un
registro de barítono con extensión de dos octavas. Pero de la opera,
sólo adoptaría la tragedia como recurso narrativo en sus
composiciones.
Y tragedia es lo que viviría a su regreso a Buenos Aires. El diez
de diciembre de 1915, Gardel junto a otros colegas se dirigió al "Palais
de Glace", un infame nightclub bonaerense famoso por sus
trifulcas.
Elías Alippi -leyenda del canto, la composición y el teatro y
cine argentino- saludó a un grupo de muchachos que lo ignoraron por
completo. Las circunstancias no son bien conocidas, pero tras
intercambiar algunas palabras, los dos grupos decidieron arreglar el
asunto a golpes y señalaron una plazoleta cercana a modo de arena.
Gardel fue el primero en bajar. Se preparó a dar la pelea, pero
al voltear, sin aviso, se produjo una explosión. Una nube de humo,
y en medio de ella, una bala que le atravesó el pecho. La
muchedumbre se dispersó de inmediato y Carlos fue llevado al
hospital, donde estuvo en condición crítica por cuarenta días,
durante los cuales Bherte -desde hacía mucho Doña Berta- oró por la
recuperación de la luz de sus ojos. Gardel se recuperaría
completamente y abandonaría el hospital caminando. Por otro lado,
la bala, jamás abandonaría su cuerpo y sería testigo de
excepción de la vida del cantante.
Según la mitología gardeliana, quien apretó el gatillo fue un tal
Guevara. Ernesto Guevara Lynch, futuro padre del
Che Guevara.
Su suerte sufrió un cambio brusco en 1917. El legendario
cantautor bonaerense
Pascual Contursi había versionado el tango "Lita" de
Samuel Castriota y le había puesto letra. El resultado lo había
titulado "Mi noche triste". La pieza fue el tango con el cual Gardel
dio inicio a la temporada permanente del género.
"Mi noche triste" pasaría a la historia como la primera canción
a ritmo de tango, que hasta entonces se había conformado con ser un
baile. A los 27 años, Gardel por primera vez incluía un tango en su
repertorio.
A partir de "Mi noche triste" la historia de Gardel empezó a
escribirse. Su dúo era considerado el más importante de la música
criolla, pero con el auge del tango, el interés por su persona, su
origen y su imaginería lo convertirían en solista. El mercado del
Abasto, el porteño y sobre todo el lenguaje del
lunfardo, encendieron una llama que nunca se consumió. El
fenómeno de la música popular es exclusivo del siglo XX. Poco queda
de esta expresión espontánea de los pueblos antes de la llegada de
este siglo. La música respetada y digna de ser conservada era la
dedicada e impulsada por la aristocracia o la burguesía. El resto
era basura. Pero los medios de comunicación dieron un vuelco a esta
situación. La ambición de lucro por parte de los traficantes de
música jugaría otro tanto en el cambio. Pero la gente no cambia.
Tampoco sus pueblos y sus historias. Y allí estaba Gardel al borde
del estrellato mundial, con un bagaje proletario que introduciría a
muchos a una vida que hasta entonces no le importaba a nadie excepto
a ellos mismos: el nuevo público.
El famoso Mercado del Abasto era un centro de abastecimiento
popular. Había abierto el mismo año que Gardel llegó a Argentina. El
lugar estaba repleto todo el tiempo de personajes coloridos:
vendedores, vagabundos, bohemios, amas de casa, curas, proxenetas,
muchachas de su casa y prostitutas. Todos tenían que pasar por allí,
así como por lo bares y cafés de la zona, donde se conocían e
interactuaban. Nadie de las clases respetables de Buenos Aires había
pisado el Mercado en su vida, ni quería hacerlo. Pero súbitamente,
allí estaban, enamoradas de una voz que le cantaba a quienes
despreciaban. Aguantando las lágrimas por sus tragedias. Soñando
conseguir un amor como el del desdichado porteño.
Y eso que entonces sólo lo habían escuchado cantar. Verlo en el
cine lo elevaría a su actual status cuasi-religioso, que lo
convierte en una leyenda viva. Una comiquísima anecdota es contada
en las memorias de su amigo Rafael Flores. Caminaban la calle
Tucumán cuando de pronto un mendigo joven reconoció a Gardel.
"Carlitos, Carlitos, ayudáme". Gardel inmediatamente le pidió a
Flores que le ayudara "a poner en circulación a este muchacho"
"Sin esperar mi respuesta, lo tomó del brazo y nos llevó
hasta una sastrería de la calle Reconquista, donde vendían trajes
usados. Carlitos se dirigió al asombrado vendedor: "¿Tiene zapatos
también? Vístalo de pies a cabeza. Ah, pero antes déle una toalla
mojada para que se limpie". Jamás podré olvidar esa escena. En el
local había un espejo grande y, cuando el pobre muchacho se vio en
él con su nueva indumentaria, lloraba y reía al mismo tiempo, sin
saber qué decir. Carlitos no le dio más tiempo a reaccionar. Pagó y
nos arrastró hasta una peluquería "aféitelo, péinelo y perfúmelo" le
dijo al oficial. Y luego volviéndose a mí: "Esto lo pagás vos. A mí
se me acabó la plata. Además, vamos a dejarle un diez (billete de
diez pesos) para que pueda movilizarse y buscar trabajo". Así,
mientras el peluquero hacía su trabajo, nosotros desaparecimos."
Antes de descubrir el tango, Gardel había actuado en dos
películas mudas, "Flor de durazno" y "La Loba". Las películas no
eran ningunas obras maestras y en ambas aparece gordo y peor aún,
mudo. Por eso la experiencia le dejó un mal sabor en la boca. Pero
cuando nace el cine hablado, Gardel cambió de opinión. Como actor,
Gardel era un buen cantante, pero si lo lograba hacer tan bien como
para opacar su falta de histrionismo, el experimento sería
interesante.
Para 1930 Gardel se había separado de Razzano y su carrera como
solista era bien conocida en todo el mundo. En lo que pudiera
compararse a los actuales video-clips, en Argentina hizo diez
cortometrajes de él cantando. Estos fueron algunos de los primeros
filmes con sonido en el país. Cuando viajó ese año a París para
cumplir con ciertos compromisos, fue abordado con la propuesta de
hacer un largometraje. En mayo de 1931, firmó un contrato con
Paramount y "Luces de Buenos Aires" se filmó casi
inmediatamente.
La trama, las actuaciones y toda la película en general son
-cuando más- dispensables. Pero cuando Gardel aparece cantando "Tomo
y obligo", el furor transforma al público en una masa irracional que
obliga a los proyeccionistas a repetir la escena "donde canta
Gardel" dos y tres veces. "Espérame", "Melodía de Arrabal" causarían
la misma reacción al año siguiente. Las producciones se detuvieron
temporalmente por la llegada de la Gran Depresión. Pero igual las
películas trabajaron maravillas en la publicidad de Gardel, quien en
1933 viajó a Nueva York y selló un trato como productor
independiente. El produciría sus películas, a través de su nueva
compañía, Exito's Spanish Pictures y Paramount se
encargaría de distribuir los filmes. Entre mayo y julio de 1934, en
los estudios Astoria en Queens, filmó "Cuesta abajo" y "El
tango en Broadway". Con un Gardel en el tope de su forma física y
artística, al estrenarse "Mi Buenos Aires querido" en "Cuesta
Abajo", las historias de proyeccionistas repitiendo sus
imágenes una y otra vez, por fin llegaron a Paramount.
"El día que me quieras" -para muchos su mejor película- se
estrenó en 1935 y "Volver" su tema musical, se convirtió en una de
las canciones más populares de Hispanoamérica. En esta película
sucedió algo curioso. En sus andanzas por Nueva York, Gardel conoce
a un chaval hijo de inmigrantes argentinos llamado Astor Piazzola.
Piazzola, entonces un incipiente bandoneonísta, le servía de guía y
traductor y le devolvió el favor dándole un pequeño papel en la
película. Es imposible que Gardel se imaginara que Piazzola sería su
heredero como representante universal del tango. Entonces Astor era
sólo un niño a quien un día al verlo tocar, los regañó riendo:
"¡Pibe, vos tocás el bandoneón como un gallego!".
Paramount, que publicitaba a Gardel como "The Stars of
Stars" (la estrella de estrellas), lo llevó a Hollywood como el
nuevo Valentino. Pero el pobre bonaerense encontraría en la lengua,
que tanto triunfos le había dado, su mayor obstáculo. Jamás fue
capaz de cantar efectivamente en inglés, y sus grabaciones en este
idioma sólo serían publicadas tras su muerte y como una curiosidad.
Sin embargo, Gardel hizo en una película en Hollywood, "The Big
Broadcast", al lado de George Burns y Bing Crosby, en su primera
actuación en la pantalla grande. Pero el público jamás vería su cara
en filme. Gardel moriría antes del estreno de la película y sus
escenas serían editadas de la versión estadounidense.
Entonces Gardel estaba a punto de cumplir 45 años y sus películas
-meros asteriscos en la historia del cine- mostraban a un Gardel
pétreo, pero sin duda en mejoría. En la pantalla de plata tenía la
oportunidad de convertirse en una verdadera estrella mundial, lo que
apresuró una gira para promover "El Día Que Me Quieras" por toda
Latinoamérica.
Aunque contaba con un flujo constante de efectivo, estaba lejos
de considerarse un hombre rico. A Gardel le gustaba la buena vida y
las apuestas. El dinero se iba como venía y en ciertos episodios
parece como si no le importara para nada. A su madre le compró una
casa en el mismo barrio donde había sido planchadora y dicen que la
pagó al menos tres veces. Sus mandatarios siempre salían con la
misma historia: "Perdonáme, hermano, pero tuve una fija y me jugué
la guita". Gardel sólo sonreía generosamente y pagaba comprensivo.
Por eso la muerte lo sorprendió relativamente pobre. Tenía la casa
de su madre, 80.000 pesos y algunos caballos. Pero valía oro sólido
y había empezado a corregir sus malas costumbres, aunque en su
testamento, antes de nombrar a su madre sucesora universal, dejaría
constancia de su dejadez: "perdono todo lo que me deben."
Su vida, su madre y sus amigos, despertarían más de una
suspicacia. Aunque Gardel tuvo mujeres, la presencia de estas en su
vida pasó desapercibida. Esto debe haber sido una delicia para sus
fanáticas quienes lo adoraban como un santo, haciendo que inclusive
hoy en día sea difícil encontrar algo escrito que denigre su vida o
su carrera. Que se sepa, a Gardel nunca se le ocurrió casarse y en
una ocasión afirmó que "Debido a mi carrera no soy partidario del
casamiento." Múltiples mujeres se atribuyeron relaciones con el
Morocho, pero la falta de pruebas llevaron incluso a especular sobre
su homosexualidad. Pero también los hombres -como las mujeres y las
pruebas- brillan por su ausencia en una vida, que hasta en el
estrellato, supo mantenerse en privado.
La gira latinoamericana comenzó el 28 de marzo de 1935, en
compañía de su equipo.
Alfredo Le Pera, periodista que había contratado y sus tres
guitarras,
José María Aguilar,
Guillermo Barbieri y
Ángel Domingo Riverol. Además, iba José Plajas, su profesor de
inglés y su secretario Carlos Corpas Moreno y todo tipo de
acompañantes intermitentes.
El grupo llegó a La Guaira el 25 de abril y tomó el tren a
Caracas donde los esperaba una multitud de fanáticos, que hizo
obligatoria la intervención de la policía. No hubo incidentes
graves, excepto por algunas plantas pisoteadas y un peinillazo mal
dirigido al pobre Alfredo Le Pera. Pero así y todo, el automóvil que
los llevaba fue atacado por la turba y el artista tuvo que bajarse y
caminar a su lado hasta el hotel. Las presentaciones fueron un éxito
total en Caracas, Valencia y La Guaira.
Juan Vicente Gómez, presidente de Venezuela, quien no permitía
este tipo de manifestaciones ni hacia él mismo, invitó curioso a
Gardel para que le cantara. Cosa que Gardel hizo en el "Hotel
Jardín" de Maracay, donde acompañado por sus tres guitarristas
interpretó siete temas, incluyendo irónicamente el estilo
“Pobre gallo bataraz”. Gómez, escuchó tranquilo el verso "Pobre
gallo bataraz / se te está abriendo el pellejo / ya ni pa'dar un
consejo / como dicen te encontrás / porque estás enclenque y viejo /
pobre gallo bataraz." El dictador, hombre de legendario sentido del
humor, aplaudió el espectáculo sin reservas. Y
José María Aguilar se encargó de cerrarlo con una improvisación.
"Con permiso, mi general, voy a ejecutar el himno uruguayo" y
enseguida tocó "La cumparsita".
Gómez le regaló a los músicos diez mil bolívares (actualmente
unos 40 millones de bolívares ) y siguieron su rumbo camino a
Maracaibo, no sin antes hacer la obligatoria parada en Carabobo.
Gardel sabía que su madre había vivido en ese estado, por lo que le
escribe: "Estuve en
Puerto Cabello, gran éxito también, ya te contaré cuando esté
allí." Curiosamente, no le menciona su presentación frente a Gómez,
y tras veintidós días en el país, viaja a Colombia vía Las Antillas
Holandesas, donde se comenta, que donó diez mil bolívares que Gómez
le había regalado, a un grupo de exiliados que conoció allí.
Gardel llegó a Medellín el 8 de junio, y de allí partió a Bogotá,
donde permaneció por ocho días antes de partir a Cali. En Bogotá,
según José Plajas, la noche antes del viaje, Gardel se fue a jugar
póquer. "Voy a jugar unas perras gordas para hacer tiempo", le dijo
al maestro. Y en hacer el tiempo, lo sorprendió el alba perdiendo el
avión. El piloto había calculado que de salir temprano podían
aprovechar el buen tiempo para ir directo a Cali sin hacer escala.
Pero la tardanza lo obligó a hacer una parada en Medellín para
reabastecerse de combustible.
En Medellín el avión se detuvo por un par de horas. Los músicos
comieron y empezaron a cargar alrededor de las 2 de la tarde. Los
tanques estaban llenos al máximo y además de los pasajeros, cargaban
los instrumentos, el material promocional y los rollos de película.
Todo, excepto los humanos, era altamente combustible.
"Bueno, Indio, nos queda una hora y cuarto, y después, aunque se
rompan todos estos bichos, no subimos nunca más a ninguno de ellos"
-Gardel le dijo a Aguilar mientras el avión aún estaba en tierra, y
cuando el piloto dio la orden de ponerse los cinturones de seguridad
todos lo hicieron menos él, cosa que más tarde diría, fue lo que le
salvó la vida.
"Las últimas palabras que pronunció Gardel fueron para pedirme un
caramelo y un poco de algodón para los oídos. "¿Qué estás comiendo,
Indio?"-me dijo al advertir que lo hacía con una golosina. "Chiclet"
le contesté. "Bueno, dame" -agregando- ¿"Tenés algodón?".
En algunas versiones, el piloto quiso hacerle una jugarreta a un
colega. En otras, una pelea en el avión terminó en un disparo que
mató al piloto. Pero como sea, el avión de Gardel dio un giro y se
dirigió directamente a un avión llamado "Manizales" que se preparaba
listo para partir y con los tanques llenos hasta el tope. Según
testigos, la explosión fue como la de una bomba atómica.
Dieciséis personas morirían en el accidente. En el "Manizales"
todos. En el de Gardel, sólo Plaja, Riverol y Aguilar saldrían con
vida. Riverol moriría dos días después.
Los restos de Gardel fueron recuperados inmediatamente. Los
forenses lo reconocieron entre otras cosas, por la fila impecable de
dientes y una placa que le colgaba del cuello inscrita con su
información. "Carlos Gardel, Juan Jaures 735, Buenos Aires." En
Bogotá había cantado su última canción. La misma que había hecho que
el público hiciera repetir a los proyeccionistas de todo el mundo
las escenas de su primera película, "Tomo y obligo" y en la misma
emisora, la Voz de Víctor, transmitirían no mucho después la noticia
de su muerte.
Varias teorías nacieron sobre la causa del accidente. Una de
ellas establece el sobrepeso como causa de que el avión no pudiese
despegar. Otra dice que fue el piloto del "Manizales" quien disparó
al verlo venir directamente hacia él con la esperanza inútil de
desviar su ruta. Sin embargo, estas teorías jamás podrán ser
probadas con certeza, pero tomaron fuerza cuando en el pecho de
Gardel encontraron incrustada una segunda bala, que durante la
autopsia y tras 20 años de viaje nocturno por fin pudo abandonar su
cuerpo.
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