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Sin
embargo, los Beastie plantearon un concierto netamente hip-hop,
platinas en el medio, solo de DJ para empezar y luego tres
micrófonos para escupir las rimas. No hubo ningún tema instrumental
o siquiera más elaborado, el rechazo a Ill Communication llegando al
abandono total de sus temas, cantando solo “Sure shot”, sin nada de
“Sabotage”, tendiendo a elaborar más en los temas de Hello Nasty.
Fue algo coherente. Acabo de escuchar por tercera vez el nuevo
opus de los Beastie, To the five Boroughs, donde se puede constatar
esta aproximación, algo retro, dirán los que piensan como yo, o
genial, los que se dejan llevar más hacia el lado hip-hopero de la
cosa. El problema es que los Beastie Boys no son raperos, en el
sentido originario de la palabra, y la fuerza de su música, a pesar
de tener raíces fortísimas en el hip-hop, no radica exclusivamente
allí. Es por ello que la apuesta de los Beastie en este disco parece
algo arriesgada. En “Crawlspace”, por ejemplo, Ad Rock (Adam
Horowitz) comienza dedicando la canción a todos los raperos
traicioneros (backstabbin’ MC’s), amenazándolos e invitándolos a
cuidarse, para luego caer en una estrofa bastante clásica que
fanfarronea sobre su supremacía en la rima (“takin’ punk MC’s out” o
“my ass in your face, dog”). Debe ser que Ad Rock está escuchando
demasiado Eminem, en estos momentos, porque si de flow rappero neto
se trata, los Beastie Boys no tienen nada que hacer buscando pelea
con nadie. El problema de ponerse a rappear con los grandes es que
ya la cosa se complica, porque en una liga en la cual Jay-Z, Twista
o incluso el mismo Marshall Mathers producen rimas hasta en el
autobús yendo al trabajo ponerse a buscarles pelea es ridículo.
Ningún rappero tomaría esto en serio, ya que los Beastie siempre han
estado más cómodos en una veta alternativa, a medio camino entre la
experimentación y el hip-hop, es por eso que su estilo siempre ha
sido y será Old-School.
Esto no quiere decir que el disco sea malo, nada más alejado de
la verdad, lo que pasa es que las expectativas creadas desde el
increíble Nasty mencionado anteriormente eran demasiado grandes. Tal
vez por eso es que el grupo se retiró un tiempo, produciendo
solamente el compilado DVD Anthology y posponiendo este disco un
buen tiempo. No extraña entonces que los temas más interesantes sean
aquellos que van más allá de una simple invitación a rimar a los
otros MC’s, lo cual es aceptable en un disco de 50 Cent, pero para
los Beastie se espera otra cosa.
Por otro lado, el disco impresiona por su homogeneidad y la
calidad de la producción de los temas. Da pena decirlo, pero lo más
interesante de To the five boroughs es la ejecución prolífica de Mix
Master Mike, ¡el DJ! En ese sentido, ya sea en la excelente canción
promocional y primera del disco, “Ch-Check it out”, donde Mix Master
produce scratches agresivos y precisos, o en “We got the”, donde el
grupo ya flirtea con otros ritmos más electrónicos, el trabajo de
Mix Master Mike es impecable.
Entonces, ¿cómo se le entra a este disco? Primero que todo, hay
unas cuantas canciones que presentan como leitmotiv el llamado a la
acción que siempre ha caracterizado a los Beasties. Ya sean algunas
estrofas de “Ch-check it out” o “Right right now”, “That’s it,
That’s it all” o “It takes time to build”, el problema es el mismo:
George Bush. “It takes time to build” dice “tenemos un presidente
que no elegimos” y llama a la unión para sacarlo de allí, igual que
los otros temas (¿se puede decir otra cosa de W?). Es imposible no
hacer referencia a “In a world gone mad”, el tema anti-guerra que
sacó el grupo antes de la invasión de Bush, canción de la cual todas
las demás parecen ser spin-offs, subproductos. Estos temas se
entrelazan con los temas de guerra de MC’s que ya comentamos, “Oh
word?” destaca por la utilización de sonidos electrónicos como los
que escuchamos en el ya clásico “Intergalactic”. En la misma onda,
en “Three the hard way” y “triple trouble” se nota la influencia de
“Three MC’s and one DJ”, de Nasty y todos los demás temas ya
históricos de los Beastie que van por ahí. Algo interesante son los
últimos cinco segundos de “Rhyme the rhyme well”, donde Ad Rock
termina lanzando un verso –en broma- de “In da club” de 50 Cent.
Un tema que merece mención especial es “Triple trouble”, donde el
trabajo de Mix Master Mike sobre un sampling de Sugar Hill Gang
produce una de los hooks más pegajosos del disco.
Al final, podemos decir que To the five boroughs, debido a esta
mezcla entre temas políticos y líricas straight-up hard core
hip-hop, pierde un poco de fuerza. Parece que al igual que Michael
Moore, los Beasties querían sacar un trabajo en Junio o Julio que
presentar sus posiciones políticas para tratar de afectar en cierto
sentido la elección americana en noviembre. Es una tarea valiente,
que produce temas geniales como “That’s it That’s it all”, arbolitos
que se pierden en el bosque del disco. El llamado es a los cinco
barrios de New York a unirse para sacar a Bush de la Casablanca.
Pero, ¿por qué no proponer un compilado con otros artistas alrededor
del diente roto de tejas? Lamentablemente, los Beastie Boys no son
Michael Moore, y el Hip-Hop es un género que se queda corto para
producir críticas o cambios de opinión en el colectivo. Lo mejor que
se puede es lanzar frases cortas y percutantes como Mike D, “George
Bush got nothing on we / we got to take the power back from he”
(“Bush no tiene nada sobre nosotros/ tenemos que quitarle el poder”),
para una estrofa más adelante agregar, “ ¡My zodiac sign is
Scorpio!” (¡Mi signo zodiaco es Escorpio!), síntoma kitsch de la
política vista a través del hip-hop.
Vicente Ulive-Schnell |
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El sonido de la guitarra de Chris Weisman recuerda al insigne Pat
Metheny tanto como a otros grandes guitarristas como Bill Frisell y
Ry Cooder, productor de Buena Vista Social Club. El saxo de Chel
Illingworth no se queda atrás, estampando el sello del buen jazz a
la producción de José. Jeff Auger nos regala unos sabrosos acordes
de piano que viajan desde tierras latinas (con la ayuda de la
percusión) hasta el territorio del jazz más puro, fusionados junto
al impecable trabajo de bajo de Jesse Stern y el sonido de Chel, de
una manera que recuerda al flirteo jazzoso de King Crimson durante
su álbum ‘Islands’, o al trabajo ‘Earthworks’ de Bill Bruford.
En resumen, el álbum, con un sabor bien acústico a lo largo de
sus sólidos siete temas, te deja con una sensación de plenitud, y
sabiendo que has escuchado una excelente música que derriba barreras
entre géneros al mismo tiempo que coloca el nombre de José Duque
entre los nuevos talentos del mundo del jazz. Mis temas favoritos,
sin duda: la canción inicial, “Where The Heart Is” y la contagiosa
canción de cierre. Manuel (Manny) Hernández
Melómano y crítico de música -
http://askmanny.com |