Año 1

19 de Mayo del 2003

Nº 2

DESDE LA TRINCHERA

 
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Maratón: 490 A.C. El Envolvimiento Griego


Miltiades: Héroe de Maratón


Fabio Herrera España

En 495 A.C. Darío, rey de Persia, tras sofocar la insurrección de Jonia en Sardes, se enteró que ésta había sido apoyada por una pequeña Ciudad-estado conocida como Atenas. Darío se lo tomó personalmente. Obsesionado con eliminar a Atenas, planificó la expansión de Persia hacia el Oeste. Su odio creció hasta tal grado, que ordenó que todas las noches un sirviente le repitiese la misma frase: “Señor, por favor no te olvides de Atenas”.

Y Darío no se olvidó. Pero sólo encontró una excusa para castigar a la futura capital griega, cuando esta y Esparta se negaron a cumplir con el ritual de entrega de tierra y agua. Según la costumbre, Persia enviaba unos potentados, quienes pedían al líder de la ciudad tierra y agua. El otorgamiento significaba la sumisión al imperio persa.

Pero después de la rebelión jónica, los atenienses empezaron a tirar a los heraldos persas desde la Acrópolis, y los espartanos los echaron dentro de pozos donde, decían, conseguirían bastante agua y tierra. La guerra sólo era cuestión de tiempo, el cual llegó en septiembre del año 490 antes de Cristo.

Las tropas de Darío cruzaron el mar Egeo y sitiaron Eretria, ciudadela que, junto a Atenas, había apoyado a Jonia en la rebelión, y tras 6 días de lucha asesinaron o esclavizaron a todos sus habitantes, destruyendo todo cuanto había en la ciudad. De allí, navegaron hasta las costas de la bahía de Maratón, a unos 12 kilómetros de Atenas y empezaron a descargar las tropas. La flota persa cargaba 25.000 hombres, los griegos sólo disponían de 10.000 soldados.

Los griegos estaban divididos acerca de la posición frente a Persia, y muchos líderes políticos eran fieles a Darío. Pero la mayoría estaba de acuerdo con la sublevación. Temiendo que la desigualdad numérica y la traición jugaran en contra de las defensas atenienses, Miltiades, comandante de la batalla, eligió como estrategia el ataque, en vez de la defensa, creyendo esta la única opción para obtener el triunfo.

La supremacía de los persas estaba en sus flecheras y caballería. Miltiades sabía muy bien que no tendría ningún chance de sobrevivir el ataque por ambas fuerzas, especialmente porque la estrategia persa era esperar el ataque enemigo, debilitarlo con flechas y luego ir por el resto con caballería y tropas.

Miltiades situó su ejército en las colinas que rodeaban la bahía y desde la distancia esperó el mejor momento para atacar, que llegó cuando inexplicablemente, tras desembarcar la caballería, esta fue reembarcada otra vez, quizás con las intenciones de atacar a Atenas por dos frentes.

Al ver a las tropas y las flecheras sin el apoyo de la caballería, se decidió que el momento del ataque había llegado. Preocupado por el desequilibrio numérico, Miltiades había pedido ayuda a los espartanos, pero estos se negaron por razones religiosas, y ofrecieron su apoyo sólo cuando llegara la luna llena, seis días más tarde. Los atenienses, sin embargo, recibieron con sorpresa y admiración al ejército de Platea, quienes aunque pequeños en número -apenas eran mil- habían mandado a combatir a todo hombre capaz de cargar una lanza.

Miltiades atacó a la salida del sol. El lugar era el valle de Vrana y la proporción era de un ateniense por cada tres persas.


Haz clic en mapa para ver la batalla


Los atenienses empezaron a correr hacia el enemigo, mientras los persas esperaban por ellos, creyendo que nadie que corriera primero podía pelear bien después. Pero Miltiades, al darse cuenta de que los bloques de tropa no cubrían el ancho de la línea enemiga, ordenó aligerar el centro de la línea de ataque, fortaleciendo los flancos. Los persas cargaron sobre los griegos golpeando fuertemente en el centro y empujando la infantería hacia dentro del valle. Los griegos retrocedieron a propósito, volviendo su línea de defensa más delgada mientras se fortalecían en las alas.

Entonces, en una jugada genial, las alas cayeron sobre los flancos persas, mientras el centro soportaba el ataque de una tropa confusa, que veía venir al enemigo desde donde no se esperaba: la retaguardia. En medio de la confusión, los persas rompieron filas y llamaron a la retirada. Los griegos los persiguieron hasta la playa y nadando hasta los botes, se apoderaron de siete de ellos.

Los atenienses habían ganado. Inmediatamente Miltiades envió un hombre que avisara a Atenas el resultado de la batalla, para que se prepararan a recibir a los persas, cuyos barcos se dirigían a atacar Atenas directamente. Pero cuando llegaron y vieron a los griegos, hombro con hombro esperando para dar la lucha, decidieron retroceder y dejar las cosas como estaban.

Filipides, quien corrió toda la distancia entre Maratón y Atenas, 42.192 Km., grito al llegar ¡ Alegraos Atenienses, hemos vencido !, falleciendo inmediatamente de agotamiento por el largo viaje.

La batalla de Maratón es la más famosa batalla de la historia, y de no haber habido terminado como lo hizo, Grecia habría sido conquistada por Persia y toda su cultura, como la conocemos hoy, se hubiese perdida irremediablemente. La estrategia de envolver al enemigo por los flancos se extendió por todo el mundo conocido y ha sido usada con diferentes cambios hasta hoy en día.

Darío murió en 486 A.C. sin ver a Grecia bajo el dominio Persa. Su hijo Jerjes volvería más tarde a intentar la invasión de Grecia, pero esta ya estaba en camino de convertirse en el imperio por el que pasó a la historia.

Miltiades, por otro lado, no tuvo mucha suerte después de la batalla. Un año después de maratón, Miltiades se embarcó con una flota de 70 barcos buscando recuperar las islas que los persas habían conquistado en el camino a Maratón. Pero la expedición fracasó, y a su regreso a Atenas, la indignación del pueblo por su derrota hizo olvidar su histórico triunfo.

Miltiades, atacado de gangrena en una herida que había sufrido en batalla, fue multado con 50 talentos, a pesar de que la pena de muerte había sido solicitada y se presume que murió en prisión.

Pero a pesar del destino trágico de su vida, el juicio de la historia sería más justo con Miltiades, y los ciudadanos de Atenas y toda Grecia en el futuro imperio, jamás olvidó que su existencia se la debían al héroe y su estrategia de envolvimiento.

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