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Desde
pequeño siempre me llamaron la atención las revelaciones
y profecías bíblicas, en las que el Anticristo venía al
mundo para acabar con la humanidad y el reino de Dios.
Lo veía como una especie de Terminator en tercera
dimensión.
Espíritus y demonios, que
daban señales e iban a los líderes y reyes de la tierra
y a fuerza de engaño, les hacen creer en su falsa
doctrina para reunirlos en una batalla que será el gran
día, donde el Hijo del Mal se sentará en un lugar santo
y pedirá adoración como si fuera el Dios mismo. El fin
de los tiempos, el día donde el mal triunfa sobre el
bien.
Siempre pensé que si
alguna vez pasara ese Apocalipsis sería bien lejos de mi
casa, pero debo confesar que últimamente he sufrido
horribles pesadillas en medio de delirios febriles
presagiando que el fin de la raza humana no estaba tan
distante de mi tranquila Maracay. Y con miedo he
concluido, que todo lo que está pasando en Venezuela no
puede sino estar relacionado con el fin del mundo y la
llegada del hijo de Satanás.
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