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En el tiempo que viví en Venezuela hubo algo que
me llamó muchísimo la atención. Antes de radicarme en Puerto la
Cruz, San Tomé y Maracaibo mientras mi padre le seguía la ruta al
negocio petrolero, yo no sabía que era una marca. Claro que tenía
preferencias en cuanto a lo que vestía, pero nunca había sentido, ni
visto en otros, la obsesión y el culto
que el venezolano rinde a los diseñadores de ropa.
No voy a profundizar en el tema para no herir
susceptibilidades, sobre todo en el equipo de redacción de este
periódico que parecen modelos de Vogue. Después de la
quemazón, claro. Pero lo que si voy
a decir es que yo mismo caí en el tren de la moda y como tal me
convertí en un experto en reconocer una Polo o unos
Florsheim originales en los tarantines del mercado guajiro en la
avenida La Limpia.
Y el detalle del cierre era fundamental para
no perder tus duramente ganados petrodólares en un Levi's cosido por
prepúberes en quien sabe que
cárcel indonesa.
El
YKK de los cierres significa
Yoshida Kogyo Kabushikikaisha, o lo que viene a ser los mismo
Industrias Yoshida S.R.L, una de las empresas más grandes y exitosas
de todo el planeta. Fundada en Japón
en 1934 por el magnate Tadao Yoshida,
YKK prácticamente le pone cierres a todos los pantalones del
mundo a través de sus 80 compañías y 206 plantas de producción en 52
países.
Y la compañía no es ningún
armatoste. Los cierres de
YKK se consideran premium en el mercado de la moda, y de
hecho hasta existen
falsificadores de cierres YKK.
Es increíble que una compañía de este calibre
sea tan poco conocida, ya que la misma no tiene nada que envidiarle
a Microsoft o Boeing en poder
económico, pero quizás la razón este en que aparte de cuando estamos
comprando pantalones el único momento en que nos fijamos en la marca
es cuando estamos concentrados en hacer
otra cosa. ¿La agarrás? Chau.
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