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Tres Mujeres Pierden el Horizonte
Ya viene el Oscar: Nudismo y Muerte
Ornamental llenan la Pantalla
Oscar Benavides

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-Te lo
juro por esta que yo no escribí el guión. Benton Dirige a
Kidman en el set de "The Human Stain" basada en el libro de
Philip Roth. |
Octubre es el mes en el que
oficialmente comienza la carrera por el Oscar. Y no hay mejor prueba
de que los estudios siguen este estricto calendario, cuando vemos un
montón de actrices muertas o desnudas llegar a la pantalla con un
fondo de melodrama que puede pasar por un verdadero guión
cinematográfico.
En este renglón tenemos a tres películas recientemente exhibidas
y cuyo efímero paso por las pantallas nos dicen más que lo que sus
directores trataron por 6 horas. Silvia, Verónica
Guerin y The Human Stain tratan sin ningún éxito de
convencernos de la auto-importancia de sus existencias mientras se
olvidan de aunque sea entretener.
The Human Stain, cuyo título me imagino será traducido
como "La Mancha Humana", está protagonizada por Anthony Hopkins, Ed
Harris, Gary Sinise y Nicole Kidman. Kidman siempre me ha parecido
una actriz mediocre con los padrinos correctos, por lo que decir que
ella es lo mejor de la película, no es ningún cumplido.
Hecha como un proyecto de estudio, con severos cambios a lo largo
y ancho de su producción, The Human Stain era la carta de
Miramax a los oscares de este año. Pero tras ser estrenada en 600
cines en los Estados Unidos, pasó a sólo 125 en una semana, tras ser
completamente ignorada en el Festival de Toronto -donde
literalmente- fue objeto de burla.
Y no hay duda de por qué. El film es un completo desastre,
empezando con el reparto de Kidman como una bedel trascendental y
salvavidas, y Hopkins como un profesor negro de Nueva Jersey. (!) Si
tan sólo Hopkins hubiese sido capaz de ocultar su acento inglés, tal
vez hubiese podido expresar el drama que supone que vive en el
libro. Pero preocupándose por detalles como este, luce confundido y
desorientado. Su presencia y la desnudez de Kidman en el filme no
tienen otra intención que la de hacer brillar un guión mediocre,
donde no pintan nada, sino la posibilidad de llenar butacas con sus
fanáticos.
Podríamos hablar por horas sobre el miserable reparto, la
dirección fuera de foco o la auto-importancia del mediocre guión.
Pero es que para empezar el libro de Roth no merecía ser llevado a
la pantalla. O por lo menos no de esta forma. Su novela, que sigue
las desventuras de un profesor tras ser suspendido de la universidad
por hacer comentarios racistas, es pretenciosa y pretende hacer de
guía filosófica sobre la vida moderna y la llegada a la edad adulta.
Pretende producir un shock moral en el lector al revelar más allá de
la mitad del libro que el protagonista es negro.
En la película detalles como este son exagerados o ignorados con
plena libertad (si es imposible que Hopkins cambie el acento, mucho
menos cambiará el color de piel), convirtiéndose en un extenso y
tortuoso valle de lágrimas por el que la mayoría de los espectadores
preferirán echar una siesta o simplemente ir a ver otra película.
Lo cual debe hacerse con mucho cuidado, ya que en la pantalla más
cercana deben estarse presentando dos películas "basadas en hechos
de la vida real".
Silvia y Verónica Guerin, son una doble dosis
de melcocha protagonizadas por dos actrices/celebridades haciendo de
mujeres realmente importantes, que tuvieron vidas relevantes y que
sufrieron muertes horribles. Estas dos películas son las que me
hacen desear que se pudiese comprar licor en el cine.
La trama de Silvia es como sigue: Silvia Plath (Gwyneth
Paltrow) era una joven y talentosa poeta que se suicidó antes de que
el mundo aplaudiera su talento. Su mala estrella cayó en picada
cuando conoció a su futuro esposo, el poeta Ted Hughes (Daniel
Craig), quien no sólo había obtenido la fama y reconocimiento que
ella no tenía, sino que además la trataba como si fuera un mueble.
Hughes, la deja sola y abandonada todo el tiempo, mientras ella
cuida de sus niños en hogares oscuros, desolados y con un viento
constante silbando a través de todas las ranuras de la casa.
De esta manera la película simplemente se reduce al concepto de
que Hughes volvió loca a Plath; o lo que es aún peor, los hombres
siempre vuelven locas a las mujeres. Dejando cualquier juicio sobre
esta materia a un lado; la película falla al no comentar sobre cómo
esto influyó en su obra. Esto no es culpa de los productores, el
proceso creativo de un escritor es tan complicado, que en el cine
rara vez alguien se ha acercado a explicarlo visualmente.
Esto sucede porque Christine Jeffs, la directora, comete el error
de contar la historia de la poeta sólo desde su época post-Hughes.
Toda la vida de Silvia Plath es fue traumática cadena de
experiencias que finamente terminaron en su suicidio, por lo que es
doloroso ver como un filme en su honor simplemente deja de lado
detalles como los problemas con su padre, quien en mucho es el
culpable de su suicidio. Sin este preámbulo, al espectador sólo se
le deja la posibilidad de culpar a Hughes por su muerte. Hughes
realmente tuvo un rol en la muerte de Silvia, el tipo era
un maldito, pero no podemos olvidar que antes de que ella lo
conociera, ya había estado en un manicomio en los años cincuenta,
donde había sido tratada con electroshock, y que estas experiencias
pueden haberla afectado al punto de que no importa con quién se
hubiese casado , hubiera terminado de la misma manera.
Paltrow, contra cualquier pronóstico, se siente cómoda en los
zapatos de Silvia, pero no es el reparto perfecto para la escritora.
Su presencia nos deja el sabor en la boca de que el filme va
dirigido a jóvenes fanáticos de Silvia Plath, que no entienden, o
conocen, de su vida, y que simplemente ven su tragedia como un
romance. Para ellos, Silvia, con todo lo anacrónica que es, será una
excelente pieza de museo.
Pero entre estas tres películas, la que definitivamente se lleva
todos los premios es Verónica Guerin. El filme no sólo es
una falta de respeto al espectador sino a la mujer que le da su
nombre. Cate Blanchett, es Verónica, una periodista irlandesa del
Sunday Independent de Dublín que fue asesinada por
traficantes de drogas en 1996. Blanchett, tras varios serios y
fallidos intentos, por fin llega a Hollywood de la mano del
director Joel Schumacher, dándonos una de sus actuaciones menos
personales.
La Guerin de la película, es una persona radical que ve las
drogas como la causa de todos los males de la sociedad moderna. Por
lo que ella se embarca en una cruzada en su contra, siguiendo las
instrucciones del manual del estereotipo de heroína hollywoodense.
Schumacher trata de canonizarla basado en esto (esta es toda la
intención del filme), pero pierde su tiempo ya que no logra inspirar
respeto gracias a lo artificial del personaje.
A diferencia de otras películas con el tema del tráfico de
drogas, Schumacher no romantiza a sus protagonistas como en Blow
o en Caracortada. Pero al no hacerlo, peca por exageración
al volverlos culpables de todos lo problemas de la sociedad y pierde
cualquier claridad que tuviese la película. Los traficantes son
pintados como demonios que intimidan a ciudadanos temerosos de la
ley, quienes son explotados por sus debilidades químicas y morales
antes que ser justos y dividir la culpa entre ambos.
Mientras tanto, Guerin es la heroína que utiliza palabras y no
balas para luchar contra ellos, llegando a extremos para hacer de
este problema un asunto de debate público. Que muriera por esta
causa era sólo cuestión de tiempo.
La película nos hace querer ver que en Irlanda el tráfico de
drogas se ha reducido enormemente gracias a sus acciones. Sin
embargo la realidad es otra. El tráfico está tan boyante como
siempre, y no sufrió en lo más mínimo con la obra de Guerin. Que
Schumacher nos quiera convencer de esto, convierte la película en un
historia de ficción (que hubiese sido más fácil de digerir y
criticar). Lo poco de entretenido que tiene la película, se pierde
por lo deshonesto de la propuesta.
Una propuesta mejor, por cierto, sería la película que Guerin
misma co-escribió llamada, When the Sky Falls. Aquí Guerin
se nos presenta más humanamente, sin rasgos heroicos, aparte de los
de una mujer que hace su trabajo aunque a veces ponga a riesgo su
vida. Hasta dándonos una dimensión mucho más terrenal, al
simplemente explicarnos que dentro de todo y con todas las
consecuencias que pudo haber acarreado, Guerin sólo era una
periodista más en busca de poner la comida en la mesa.
Lamentablemente, este tipo de historias no venden boletos.
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