Ya todos sabemos la historia. O por lo menos la historia principal.
Tras ser atacado por terroristas islámicos, los Estados Unidos, a
través de su presidente, se embarcó en una guerra sin enemigo que
terminó con la invasión de un país, el derrocamiento de uno de los
líderes más importantes del Medio Oriente y la interrupción temporal
de todo lo que pueda tildarse de ingenuo.
Y la que Michael Moore nos cuenta en "9/11" es otra de esas que
nunca hemos dejado de saber. Las cúpulas del poder sólo se interesan
por ellos y los suyos y para lograrlo van a hacer lo que sea sin
importar el costo, incluyendo, inventar pretextos para hacer la
guerra con fines comerciales. Cosa que aunque cierta, no es tan
sencilla ni tan directa como Moore nos quiere hacer creer.
Construir un film a base de clichés sociales es contraproducente
a la hora de estimar el mensaje de la película, que peca de inocente
al afirmar que George Bush está solo en su guerra militar y
diplomática por mantener a los Estados Unidos como cabeza de un
mundo monoliderizado.
Hablar mal del Gobierno de Bush Jr. es fácil. El asunto es
hacerlo con criterio, veracidad y visión, conceptos que Moore trata,
pero no logra, utilizar en la elaboración de “Fahrenheit 9/11”.
Con esto no quiero decir que el filme de Moore sea deficiente.
Todo lo contrario. Fahrenheit “9/11” es tan eficiente que es casi
fascista en sus intenciones. Desde hace bastante
que hacía falta alguien en el escenario estadounidense con los
cojones de Moore. Alguien que se detuviera un momento y dijera a
viva voce, esto es lo que pienso sin la intención de hacer un dólar
por ello. O que no se preocupara mucho de la confusa forma de
discurso basada en lo políticamente correcto. El problema con Moore
es que el tipo parece no tener la menor idea de cual es el mensaje
que quiere transmitir al público, en algunas ocasiones
contradiciéndose en sus argumentos, y en casi todas apelando al
sentimentalismo del público para explicar en imágenes lo que no pudo
explicar en palabras, recursos narrativos que a pesar de la creencia
generalizada, rara vez quieren o pueden transmitir exactamente lo
mismo. Y además, lo de no hacer un dólar parece haber quedado en el
pasado.
En "Farenheit 9/11" Michael Moore, trata de descubrir los
entretelones corporativos entre los que se mueve la elite financiera
norteamericana, y en particular como estos pudieron, o según Moore
hicieron, que se llevara a cabo la guerra en Irak, manipulando al
estado norteamericano a través de uno de sus miembros, George Bush,
43avo presidente de los Estados Unidos.
Desde esta premisa Moore critica la forma en que la actual
administración manipuló los ataques terroristas del 11 de septiembre
del 2001 y hasta hurga en los nexos entre la familia presidencial y
el cabecilla de los ataques, el saudita Osama Bin Laden. Temas que
no son ninguna novedad y rayan en lo obvio, por lo que la primera
pregunta que viene a la cabeza tras ver "Farenheit 9/11" es ¿Qué tan
válido es un discurso basado o elaborado con los mismo recursos que
se pretende criticar?
Es verdad que George Bush es un líder incapaz e ineficaz. Un
peligro para toda la raza humana en conjunto sin importar que digan
los numeritos sobre desempleo en los Estados Unidos. Que ha
utilizado la culpa y el patriotismo para servir sus intereses. ¿Pero
acaso no esto a lo que le hecha mano Moore en su película para
tratar de mover al público liberal? Lo que es igual no es trampa,
dicen por ahí con algo de razón, pero no con toda. Ya que esa
igualdad camina sobre una línea muy fina que divide lo que es la
denuncia y lo que es simple y llana propaganda.
Tras ver la película está claro que la misma va a tener un efecto
más devastador sobre las audiencias extranjeras que las
norteamericanas, ya que estas viven lejos de la realidad
estadounidense y desconocen una serie de motivos que requieren vivir
allí para poder entender. Motivos que pueden convertir la película
de Moore en una ola a favor de Bush en vez de en contra, porque en
"9/11" no hay respuestas a las preguntas en boca de Moore, sólo
imágenes efectistas que rayan en lo anárquico, y entre la anarquía y
el actual gobierno, por muy malo que sea, la respuesta es obvia.
Lo de las audiencias extranjeras ya pudo verse en Cannes, donde
un jurado repleto de compatriotas de Moore, le dieron el máximo
galardón. Sin embargo, esto no es prueba de nada. Bill Clinton le
respondió hace poco a William Baldwin, un actor que pretendió
criticarle su gobierno, que “qué iba a saber él si tan sólo es un
actor". El jurado en Cannes definitivamente se merece una respuesta
similar.
Claro que "9/11" tiene sus méritos. Como pieza documental en
concreto no puede estar mejor hecha, pero los problemas del filme no
son de forma, sino de fondo. Como dijo George Lucas una vez, es
fácil hacerle perder el aliento al público. Se filma a alguien
apretándole el cuello lentamente a un gatito y puedes hacer llorar
hasta el más duro. Ahora, entregar un mensaje con estas imágenes es
otra cosa.
Y esto quizás viene de la característica principal de la obra de
Moore, que es la mezcla del cine documental con el género del
entretenimiento. El cine documental no se supone que deba entretener,
por lo menos no el político, sino a mostrar la opinión de quien sea
que lo hizo. Por lo que intentar jugar con recursos que el cine de
ficción utiliza como gancho para captar audiencias es simplemente un
golpe bajo que no aporta nada al diálogo constructivo, cosa que no
considero que Moore haya logrado en lo absoluto.
Moore, obviamente demócrata, pierde un oportunidad grandísima de
exponer los peligros de la politiquería barata en manos de ineptos y
de los verdaderos riesgos de tomar decisiones equivocadas en las
urnas de votación al transarse totalmente en contra de los
republicanos como si la contraparte fuera alguna especie de orden
religiosa exenta de todo pecado, perdiendo cualquier objetividad que
alguna vez haya podido tener.
George Bush es el cabecilla indiscutible de todo lo que sucedió
tras los ataques del 11 de septiembre, pero Moore se olvida que cada
una de sus acciones fue aprobada en conjunto por el Congreso. Que
los demócratas, tanto como los republicanos, son culpables por
acción u omisión. Cosa que no hace sino ponerlo al mismo nivel del
enemigo al que critica. Y en vez de de adoctrinar, establece,
perdiendo su sentido orientador al pasar la raya entre opinión y
simple ordenanza, tratando al público como retrasados mentales de la
misma manera que Washington lo está haciendo desde que George Bush
tomó la presidencia.
No hay terreno en "9/11" para la discusión. Ver este film, a los
ojos del director y de acuerdo a lo que nos presenta en pantalla nos
supone estar de acuerdo con él o ser otro más de los cómplices de
George Bush y por consiguiente culpable de lo que sucede en Irak y
Afganistán. La propaganda no es positiva de donde quiera que venga,
y si alguien pretende tener ínfulas moralizadoras, lo primero que
debe hacer es mantenerse al margen de los recursos de su contrario.
¿Es mentira lo que expone Michael Moore en su película? No. Pero
su mensaje simplemente recuerda demasiado ejemplos como la manera en que la
oposición en Venezuela ha manejado su disgusto por Chávez como para
darle validez.
Chávez fue sacado del gobierno por la fuerza un par de años atrás,
sólo para volver sorpresivamente pocas horas después. Si Hugo Chávez
hubiese sido Michael Moore, este hubiese fusilado a los golpistas.
Pero esa no era la reacción correcta, porque hubiera implicado que
estos tenían razón. Que Hugo Chávez era un falso que sólo esperaba una
oportunidad para dar un golpe bajo al enemigo. En cambio, el presidente venezolano dejó el caso en manos de la
justicia evitando rebajarse a tratar con sus enemigos. Pero a Moore
no le importó rebajarse y de hecho se revuelca al nivel de George
Bush para pelearlo en su terreno, convirtiendo su película en
panfleto nunca mejor que cualquiera de los comerciales electorales
de Bush.
Y extrapolando el caso Chavez, al caso Bush, lo mejor que pueden
hacer los grupos opositores es simplemente esperar a que cualquiera
de los dos se caiga por su propio peso.
Este es un film dirigido específicamente a un público que Moore
sabe es gigantesco, especialmente fuera de los Estados Unidos, y
cualquier cosa que pretenda tener como mensaje específicamente lo
que alguien quiera escuchar no es más que una estrategia de mercadeo.
Si deseas conocer más de Michael Moore y su obra recomendamos sus
filmes anteriores, que aunque no son ni lejanamente perfectos, al
menos gozaban de una genuinidad que se perdió en alguna parte entre
Columbine y Ground Zero. De más esta decir que este film me hizo
revolcarme de la arrechera. Y no por que no estuviera de acuerdo con
él, sino porque como oposición simplemente podemos dar más. |