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Échale la Culpa a Río: Autobús 174
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Survivor
Brasil
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Tereso Rodríguez Rangel

Ônibus 174 (Autobús 174)
Brasil - 2003
Dirigida por Jose Padilha
2 hrs. 02 min.
http://www.bus174.com/
El documental brasileño Bus 174 puede catalogarse como la pieza
cinematográfica más brillante salida de ese país en mucho tiempo.
Aunque su producción halla sido el producto de la casualidad y de
las condiciones político-económicas de la golpeada nación
suramericana.
El 12 de junio del año 2000 (Día de los Enamorados en Brasil), un
huele pega de 21 años llamado Sandro do Nascimento trató de
robar un autobús en las calles de Río de Janeiro. Nada salió de acuerdo con lo planeado y lo que debía ser un susto
de cinco minutos se convirtió en una situación de rehenes que se
prolongó por horas frente a las cámaras de televisión.
Debido a la falta de preparación de la policía, la prensa
inmediatamente rodeó el bus y desató una situación tan embarazosa
como trágica, al darse cuenta que no podían llevar
a cabo la neutralización de Sandro de la manera como acostumbraban,
pasándose la Constitución y los Derechos Humanos por el trasero.
Autobús 174 fue filmada completamente en vivo, y
el espectáculo resultante fue el símbolo propagandístico más
efectivo que cualquiera que haya sido puesto en escena utilizando un
guión. Gritando y apuntando a todo el mundo con su pistola, Sandro
aterrorizó a los pasajeros y ordenó escribir mensajes con lápiz
labial en los vidrios del autobús, seguramente convencido de que lo
que estaba viviendo podía ser manipulado a su favor. Pero sus
intenciones ficticias eran innecesarias. Lo que pasaba frente a las
pantallas de televisión era simplemente un recordatorio de lo que
ocurre más allá de los hoteles y blancas arenas de Copacabana.
Lo que sucede en el autobús es una cruel muestra de lo que es
real y ficticio y de la fina línea que la televisión y el cine han
delineado por años. En una parte de la cinta Sandro nos lo recuerda
al gritarnos: -esto no es una película. Gracias a esto las
imágenes de Sandro, atrapado irremediablemente en el autobús, traen
a la memoria referencias válidas a filmes actualmente en cartelera
como Kill Bill
y Ciudad de Dios,
que a pesar de tener masacres tridimensionalmente más impactantes
(en Kill Bill solamente mueren alrededor de 100 personas), no nos
impresionan tanto como la realidad que se vive en el malogrado
autobús. Lo que por sí solo habla de la desaparición de nuestra
moral ante la desgracia ajena.
Sin embargo, toda la crudeza y espíritu independiente del filme
nos trae a la memoria otras películas del mismo estilo: Dog
Day Afternoon (Tarde de Perros) y The Taking of
Pelham One Two Three (La Toma del Pelham Uno Dos Tres).
Ambas películas son consideradas joyas del cine de los años setenta
y no hay duda de por qué. Al igual que Autobús 174
dejan al descubierto una faceta del mundo civilizado que a veces se
nos olvida. La que nos convierte en autómatas, en hombres de
televisión, esperando finales y felices y complemente separado de lo
que puede afectar a otro, siempre y cuando nuestra vida siga andando
por el camino que esperamos.
En Pelham encontramos el ejemplo más claro. En
la escena inicial, donde un joven Héctor Elizondo anuncia a los
pasajeros que el tren ha sido secuestrado, la gente apenas si le
hace caso. Elizondo, insiste y alguien suelta una sonrisa. Cuando
por fin el grupo saca las armas los pasajeros sólo se quedan cortos
de sacar las carteras para darle dinero cuando termine el show
callejero. El mensaje es claro: nadie tiene tiempo para los demás,
no importa que tan malo o importante sea. Los secuestradores
entonces piden un millón de dólares en una hora y aseguran que van a
matar a un pasajero por cada minuto que se tarden después de este
periodo de tiempo. Cuando al alcalde de Nueva York se le informa de
la situación (Pelham se refiere al nombre de una de las rutas de
tren en el Bronx), el mismo decide dejar el asunto para después.
DATO CURIOSO: Los
secuestradores en The Taking of Pelham One Two Three
van por los seudónimos Mr. Blue, Mr. Grey, Mr. Green, y Mr. Brown (Quentin
Tarantino se copió los nombres para Reservoir Dogs)
En Autobús 174 la apatía es la misma, y la gente
sólo ve la televisión esperando un desenlace sensacionalista sin
tener que pagar el precio del cine. Mientras esto sucede la vida de
Sandro se nos abre como un libro que hemos leído mil veces: su mamá
fue acuchillada frente a él cuando era niño, y la mayoría de los
niños que conoció fueron asesinados por los famosos escuadrones de
la muerte brasileños de las últimas dos décadas. Padilha hace un
excelente trabajo tomando la vida de Sandro y convirtiéndola en el
móvil de la historia hasta el inesperado y triste desenlace.
En Autobús 174 -que se ha llevado todos los
premios en su categoría en todos los festivales que se ha
presentado-, Jose Padilha nos presenta una versión muy distinta de
la venganza y justicia que Tarantino nos expone en Kill Bill,
y de la verdadera necesidad de su existencia y justicia.
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