Para ilustrar, cito algunos de esos largometrajes realizados en los
últimos quince años: Isabelle Adjani y Gérard Depardieu
representaron pasionalmente Camille Claudel y Auguste Rodin (Camille
Claudel, FRA, 1988); Jacques Dutronc encarnó un Van Gogh ya al final
de la vida (Van Gogh, FRA, 1991); Miguel Bosé hizo un Theodore
Gericault en principio de carrera (Mazeppa, FRA, 1993); Anthony
Hopkins dió vida a Pablo Picasso y sus amores (Surviving Picasso,
ING, 1996); Jeffrey Wright fue Jean Michel Basquiat (Basquiat, EE.UU.,
1996); Valentina Cervi prestó su belleza a Artemisia Gentileschi
(Artemisia, FRA/ITA/ALE, 1997); Régis Royer representó a Henri de
Toulouse-Lautrec en Lautrec (FRA/ESP, 1998), y el público vio el
mismo personaje en la piel de John Leguizamo en Moulin Rouge (EE.UU.,
2001). Ed Harris rescató a Pollock para las masas (Pollock, EE.UU.,
2000); Francisco Rabal y José Coronado alternaron versiones de un
Goya viejo y joven brillantemente (Goya en Burdeos, ESP, 2000); y
Salma Hayek se desdobló en Frida Kahlo (Frida, EUA, 2002). Y ahora
parece que un pintor más surgirá; Amadeo Modigliani será
interpretado por Andy García, en la cinta actualmente en producción
y programada para estrenarse este año.
Algunas de esas personalidades a veces son representadas en otro
tipo de película que no es biográfica. Historias en las cuales los
artistas no tienen un papel predominante porque están insertados en
el contexto de la época o del hecho presentado. Por ejemplo, en la
película “Bride of The Wind” (ING/ALE/Áustria, 2001), que cuenta la
historia de Alma Mahler (Sarah Wynter) - joven desposada por el
compositor Gustav Mahler (Jonathan Pryce) -, están presentes las
figuras de los pintores Oskar Kokoschka (Vincent Perez), con quien
Alma tuvo un 'affair', y Walter Gropius (Simon Verhoeven), segundo
marido de Alma. Gustav Klimt (August Schmölzer) también aparece en
la historia porque era parte de aquel círculo de artistas.
En otro ejemplo; en “Ararat” (Canadá/FRA, 2002), película que
retrata la masacre armenia de 1915; cuando el ejército turco inició
el exterminio que culminó con la muerte de un millón de personas, el
pintor Arshile Gorky (interpretado por el actor Simon Abkarian) es
destacado en el drama por haber perdido su familia en el episodio,
lo cual influenció profundamente su obra años más tarde.
Como el cine, la literatura también encontró en las artes
plásticas una gran fuente de inspiración. Museos y galerías son
siempre citados en elegantes descripciones, y las obras más
conocidas por la humanidad ya han sido mencionadas en innumerables
páginas, sin contar las centenas de biografías de los artistas. No
obstante, en los últimos años, se nota un nuevo tipo de novela que
juega con las artes. Sus historias y personajes son construidos a
partir de una obra pictórica o de una pinacoteca, desmenuzando así
un mundo de genios pintores para los aficionados y para los laicos
que desean solamente leer una historia curiosa.
Herbert Lieberman se inspiró en las obras de Sandro Botticelli
para escribir “The Girl With Botticelli Eyes” (1996). En la novela,
Lieberman mezcla el montaje de una exposición en el Metropolitan
Museum, asesinatos misteriosos y romance entre los protagonistas:
Mark Manhsip, un curador estadounidense que va hasta Europa a buscar
tablas, y la joven Isobel Cattaneo, descendiente de la musa
inspiradora del pintor, la bella Simonetta, retratada en el muy
copiado, “El Nacimiento de la Venus”.
El noruego Jostein Gaarder, quien es más conocido por el best
seller “El Mundo de Sofía”, también ya se contaminó con el virus del
arte. Su novela “Maya” (2002), que empieza en el archipiélago Fiji,
utiliza muchos puntos de Madrid como escenarios, y uno de ellos,
lógicamente, es el Museo del Prado. En la historia, la famosa
bailaora de flamenco Ana María Maya, uno de los personajes
principales, es inspirado por el cuadro “La Maja Desnuda”, de Goya.
La polémica de la mujer pintada por el español también ya estuvo en
el cine con “Volavérunt” (ESP, 1999). La película, que cuenta
intrigas palacianas de la corte española en la época de Goya, juega
con la versión de que Pepita Tudo (Penélope Cruz), amante de Manuel
Godoy (Jordi Mollà), habría sido la verdadera “maja” de la tabla, y
no la Duquesa de Alba (Aitana Sánchez-Gijón), amante de Godoy antes
de Pepita.
La estadounidense Tracy Chevalier apostó en Johannes Vermeer para
tejer su historia. El cuadro que cobró vida en libro fue “Girl With
a Pearl Earring” (2003), cuya película homónima está en cartelera
desde principios de este año. Pintado cerca del año 1660 y nombrado
por algunos teóricos como una especie de “Mona Lisa holandesa”, la
obra estuvo desaparecida por casi 220 años, hasta que fue
redescubierta en 1882. Desde entonces, investigadores intentan
descubrir, en medio de la oscura biografía del pintor, quien era la
joven pintada por Veermer. La escritora armó la teoría de que la
beldad era, en realidad, una joven humilde que trabajaba en casa de
los Veermer; y por quien el artista habría tenido una pasión secreta.
Ese sentimiento explota en luz y colores en la película, primor para
los ojos de los amantes del arte. El guapo Colin Firth, siempre muy
distinguido en papeles de época como ya había demostrado en
“Valmont” (1989) y en “Shakespeare in Love” (1998) como Lord Wessex,
una vez más entra el en túnel del tiempo e interpreta al pintor
holandés.
Se nota que las historias de esos libros surgen, en la mayor
parte, a partir de pinturas que enseñan mujeres enigmáticas de las
cuales se sabe poca cosa o prácticamente nada porque no hay
registros. Como no podría dejar de serlo, la “Mona Lisa” de Leonardo
da Vinci, era un buen objeto para ese tipo de devaneo. Así que, en
este año, acaba de surgir un nuevo candidato a best seller en la
misma categoría: “The Da Vinci Code” (2004), de Dan Brown.
Pero, al contrario de los otros, Brown va más lejos y busca
inspiración (descarada) para “crear” su historia no sólo alrededor
de un cuadro, sino también de muchos acontecimientos relatados en el
sensacional “Holy Blood, Holy Grail” (1982), libro
escrito por los investigadores Michael Baigent, Richard Leigh y
Henry Lincoln. Las similitudes empiezan por el nombre de uno de los
personajes de “The Da Vinci Code”, Jacques Saunière, que tiene el
mismo apellido del cura francés presentado luego en el inicio del
otro libro - Berenger Saunière - y cuya historia marca el puntapié
inicial en la mega investigación de Baigent, Leigh y Lincoln. Los
tres descubren intrincadas sociedades secretas a través de centenas
de documentos - algunos de procedencia dudosa - y así, tras 10 años
de investigaciones, llegan a conclusiones extravagantes respecto a
la vida de Jesucristo. Es decir, la idea de Brown no es propiamente
original.
La gran prensa está reportando que “The Da Vinci Code”, así como
“Girl With a Pearl Earring” será transformado en película, con la
dirección de Ron Howard. Actores de calibre ya están en la disputa
por el papel principal. Ironía del destino es que, en este mismo año,
mientras el libro hace un estruendoso éxito por todo el mundo, el
Louvre ha divulgado en las últimas semanas un comunicado donde
afirma que la situación de la “Mona Lisa” causa preocupación, pues
la obra está deteriorándose. Técnicos diagnosticaron que el soporte
de la tabla, hecho en madera, presenta una significativa deformación.
Muchos estudios técnicos ahora son hechos para descubrir las causas
de la deterioración del cuadro, que podrá o no pasar por nueva
restauración conforme los resultados.
(Para cerrar la pieza seria interesante si aquí añadieras algo
referente a cuantos, si alguno, dólares serán dedicados a la Mona
Lisa que sean producto de la explotación de su imagen en el cine o
literatura. Algo como:
Falta por ver cuanto de las ganancias del filme o del libro, que
sin ninguna duda hará millones terminan en el fondo para recuperar
la Mona Lisa. Cosa que demás esta decir, sería en si misma, una
verdadera obra de arte. ;)
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